Lo atamos con alambre

El optimismo de Lavagna se contradice con algunos datos de la realidad económica del país.

12 Agosto 2002
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- El ministro Roberto Lavagna no tiene esos rasgos depresivos de otros ministros de Economía, antecesores suyos, de admitir que todo va mal y no poner nada más que cara de póquer. El caso más notable fue el de José Luis Machinea. Por contraste, Lavagna irradia optimismo aunque imite al cantante Ignacio Copani, quien hace trece años proponía para las cosas sin solución: "Lo atamo? con alambre".
Especialmente en su actuación frente al secretario del Tesoro de EE.UU., Paul O?Neill, Lavagna denotó una confianza en que las cosas poco a poco se van a ir encaminando, no solamente en cuanto a arreglar con el FMI sino a recibir dinero fresco de parte de organismos internacionales. Y en lo que hace a la economía real, ir saliendo de abajo, y para fin de año estar en números positivos del PBI por primera vez en cinco temporadas de aguda recesión.
Pero los hechos no avalan esas certezas, dado que el escenario sigue siendo precario. Y una muestra de esta precariedad la dio el Gobierno por sorpresa al publicar en el Boletín Oficial, sin anuncio previo, el aumento del impuesto a los combustibles, que encarece el precio de las naftas y del GNC, con el argumento de que "el Estado no puede resignar ingresos frente a los aumentos que ya han introducido las petroleras". Es decir que los ingresos impositivos no pueden quedar congelados mientras los ingresos empresarios han ido creciendo.
El mismo argumento se puede usar quizás para los salarios, donde más allá de la limitada y transitoria concesión de 100 pesos no remunerativos al sector privado, en el resto del espectro laboral sigue reinando la rigidez absoluta y la negativa a toda concesión. Inclusive en ese 13% perdido por los estatales y por los jubilados.
Eso es lo mismo que reconocer que en la economía hay un gran pozo de inflación reprimida que, a medida que pase el tiempo -y no hay demasiado disponible-, se tendrá que ir sincerando.
El Estado ha recuperado algunos ingresos fiscales por el buen funcionamiento de las retenciones y del impuesto al cheque, y quiere hacerlo ahora con los combustibles. Al mismo tiempo, el fisco quiere mantener el gasto público bajo control y sabe que el 80% está constituido por salarios y jubilaciones sobre las cuales tiene que seguir poniendo el pie.
Hay un elemento que es potencialmente explosivo porque su no modificación es lo que ha posibilitado que una inflación elevada no se haya transformado en una hiperinflación: es el aspecto tarifario. Especialmente en lo que hace a las tarifas de servicios públicos esenciales, la luz, el gas, el teléfono, el agua y el transporte público de pasajeros, la recomposición es tan inevitable como que si no se hace nada se asistirá a un posible colapso y/o al abandono de las concesiones por parte de las privatizadas.
También en el tema bancario, los miedos a los amparos y a la salida atropellada del corralito han favorecido, paradójicamente, que no se haga nada. Y así como no hay créditos, tampoco hay pagos, lo que hace que muchos deudores vean su situación transitoriamente aliviada. Si no se avanza sobre las distorsiones que dejó la pesificación asimétrica no hay ninguna posibilidad de viabilizar un sistema financiero coherente y que tenga capacidad de dar crédito.

Producción y desempleo
Pero todas estas son decisiones críticas de tomar porque, mientras se mantengan en este status quo atado con débil alambre, los condicionantes permiten un "veranito de San Juan" de la economía, con índices de producción tenuemente crecientes y una masa de desempleo y subempleo que ya abarca a la mitad de la población.Todos estos equilibrios están, a su vez, atados con el fino alambre de la estabilidad del tipo de cambio que va a cumplir dos meses y medio, despertando el asombro de todos pero también el enojo de quienes compraron el dólar en mayo a 4 pesos y se enfrentan ahora a pérdidas cuantiosas. Muchos de ellos son poderosos representativos de intereses que van a hacer lo que sea, incluso sembrando inquietud socioeconómica y política, para enturbiar el panorama y agitar el dólar haciendo que recupere posiciones. Esta divisa partió de un peso, llegando a 3,60, mientras que los índices de precios mayoristas no superaron el 100% y los minoristas, un promedio del 50%. Si hay acuerdo con el Fondo y todo más o menos se encarrila, es probable que la divisa de EE.UU. se aquiete en los niveles actuales o se adelgace un poco, pero si sucede todo lo contrario el potencial de crecimiento del valor dólar no tendrá límite. (DyN)

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