El Papa pide paz

Benedicto XVI condenó "el terrorismo organizado" alrededor de todo el mundo.

09 Enero 2006
CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Benedicto XVI condenó este lunes duramente "el terrorismo organizado que se extiende ya a escala mundial" y pidió a la comunidad diplomática que se comprometa a lograr una paz duradera basada en "la verdad y el perdón".

Durante el tradicional discurso por el inicio del año ante el cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano, el Papa reconoció que se "vislumbra el peligro de un choque de civilizaciones" a nivel mundial por el aumento del terrorismo organizado.

"Ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral", afirmó.

Ante los embajadores acreditados ante la Santa Sede, reunidos en la elegante Sala Regia del palacio apostólico, el Papa pidió la paz para el Medio Oriente, en particular para la Tierra Santa, así como para Líbano, Irak y Africa, sobre todo para las poblaciones indefensas del Darfur.

"El Estado de Israel tiene que poder subsistir pacíficamente de acuerdo con las normas del derecho internacional y por igual el pueblo palestino ha de poder desarrollar con serenidad las propias instituciones democráticas hacia un futuro libre y próspero", afirmó.El jefe de la iglesia católica condenó también la falta de libertad religiosa en muchos lugares del planeta, inclusive en países que "pueden alardear de tradiciones culturales pluriseculares" al referirse probablemente a China.

Benedicto XVI advirtió que la paz "no es sólo el silencio de las armas" por lo que pidió a los dirigentes de todas las naciones que se comprometan a trabajar para "favorecer la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales", dijo.

"Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra", comentó.

El Papa recordó también a los prófugos y refugiados en muchas partes del mundo y a los emigrantes y denunció "la plaga del tráfico de personas, una vergüenza para nuestro tiempo", aseguró.

En su discurso, el jefe de la iglesia católica pidió un mayor esfuerzo a la comunidad internacional para que disminuya la brecha entre países pobres y ricos.

"Que ninguno de los Estados prósperos evite las propias responsabilidades y el deber de ayuda y utilice con mayor generosidad los propios recursos", afirmó.

El Papa calculó que "menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de pobres".

A los responsables de la diplomacia mundial, el nuevo jefe de la iglesia católica, elegido en abril del 2005, los invita a trabajar para que las partes en conflicto reconozcan los propios errores, "de manera que se puedan abrir al perdón, pedido y concebido".

"La sangre derramada no grita venganza, pero sí invoca respeto por la vida y la paz. Ojalá pueda la Peacebuilding Commission, instituida recientemente por la ONU, responder eficazmente a esta exigencia fundamental de la humanidad, con la cooperación llena de buena voluntad por parte de todos", clamó.

"No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón", repitió Benedicto XVI recordando las palabras de su predecesor, Juan Pablo II, quien consideraba la petición de perdón indispensable para alcanzar la paz. (NA).

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