09 Enero 2006 Seguir en 
Washington.- Los primeros sacudones del mayor escándalo de corrupción de los últimos 25 años en Estados Unidos llegaron al Congreso. Después de recibir la presión de su propio partido, Tom DeLay, uno de los más poderosos e influyentes políticos del Partido Republicano del presidente George W. Bush, tiró definitivamente la toalla. El legislador de 58 años renunció a su cargo como líder de la fracción republicana en la Cámara de Representantes.
El texano es, según los analistas de EEUU, la primera víctima del escándalo que envuelve al antiguo cabildero Jack Abramoff, de 46 años. Bush pierde no sólo a un efectivo domador de tropas en los escaños republicanos, sino también a un aliado muy dotado para la recolección de fondos.
DeLay no sólo es un ideólogo conservador y una apisonadora de vapor en el Congreso, sino que revolucionó la relación entre dinero y poder, afirmó el analista Hans Dohna. "Y ahí es donde comienza el problema", afirmó.
A DeLay se le acusa de haber redescubierto el cabildeo como una especie de puerta giratoria entre los representantes del Congreso y los intereses económicos e industriales. La frase clave es el llamado "Proyecto Calle K". En los edificios de oficinas de la moderna calle K de Washington residen muchas de las 250 más grandes agencias de cabildeo del país. En 1995, DeLay y el estratega republicano Grover Norquist tuvieron la idea de que sólo las agencias que se mostraran fieles a los republicanos y dieran empleo a miembros del partido, tendrían acceso a políticos influyentes que habrían pagado U$S 12 millones. (DPA)
El texano es, según los analistas de EEUU, la primera víctima del escándalo que envuelve al antiguo cabildero Jack Abramoff, de 46 años. Bush pierde no sólo a un efectivo domador de tropas en los escaños republicanos, sino también a un aliado muy dotado para la recolección de fondos.
DeLay no sólo es un ideólogo conservador y una apisonadora de vapor en el Congreso, sino que revolucionó la relación entre dinero y poder, afirmó el analista Hans Dohna. "Y ahí es donde comienza el problema", afirmó.
A DeLay se le acusa de haber redescubierto el cabildeo como una especie de puerta giratoria entre los representantes del Congreso y los intereses económicos e industriales. La frase clave es el llamado "Proyecto Calle K". En los edificios de oficinas de la moderna calle K de Washington residen muchas de las 250 más grandes agencias de cabildeo del país. En 1995, DeLay y el estratega republicano Grover Norquist tuvieron la idea de que sólo las agencias que se mostraran fieles a los republicanos y dieran empleo a miembros del partido, tendrían acceso a políticos influyentes que habrían pagado U$S 12 millones. (DPA)







