El último debate presidencial exhibido por los canales chilenos de TV, desarrollado el miércoles en el horario prime time, reflejó la intensidad de un extenso proceso que ha dado interesantes giros y que, por la misma razón, transmite en el ambiente político la existencia de una cierta duda razonable en torno de la figura que sucederá a Ricardo Lagos.
Pese a ello, es muy claro que Michelle Bachelet es la candidata que tiene el escenario más a su favor, pues está a sólo cuatro puntos de lograr alcanzar la barrera del 50% de los votos.
Aspecto que se vislumbra como lógico si se traspasa parte de la votación que obtuvo en primera vuelta el abanderado del Juntos Podemos Más (Partido Comunista y Partido Humanista-Verde), Tomás Hirsch (5%), y parte del voto del derechista Joaquín Lavín.
Bachelet, un fenómeno de las encuestas y la representación del voto emocional, durante los últimos días ha querido reencontrarse con su identidad más original ante los electores, es decir, ha retornado con nuevos bríos a la idea de invitar a la opinión pública a ser parte de un momento histórico, como es la llegada de una mujer a la presidencia de Chile. El tema género, al igual que en los inicios de la campaña preelectoral, será clave y esencial. Si a esto Bachelet suma con mayor fuerza -como lo está haciendo actualmente- la herencia de los logros de la Concertación y los respaldos a Lagos, que acumula un apoyo ciudadano de cerca del 70%; es decir, tiene prácticamente ganada la presidencia.
Sin embargo, Sebastián Piñera (25% en primera vuelta) ha continuado instalando en los electores varios ejes que le darán la posibilidad de seguir creciendo: la sensación de que Bachelet no está preparada para el cargo; que la nueva Alianza (el pacto de la derecha chilena) es democrática, abierta, plural y popular; y, lo más importante, que su imagen individual es la más adecuada para ser presidente de Chile (empresario exitoso, doctor y profesor de Harvard).
Piñera tiene el voto de rechazo más bajo que ha podido soñar un candidato de la derecha, por lo que sus estrategias se orientan a la búsqueda de los indecisos y de aquellos que no votaron en primera vuelta. Su estrategia podría tener éxito en el supuesto de que la votación de Lavín (23%) se traspasara sin variaciones a su candidatura, algo que es muy complejo. De todas formas, proyectó una elección cerrada con una impresión personal: a Piñera le faltará tiempo para ser presidente. Esto le jugará en contra, pues el 15 de enero está a un paso.
08 Enero 2006 Seguir en 








