Habrá unos comicios cerrados

Punto de vista por Claudio Elortegui Gómez, doctor en Ciencias de la Comunicación de Chile. Exclusivo para LA GACETA.

08 Enero 2006

El último debate presidencial exhibido por los canales chilenos de TV, desarrollado el miércoles en el horario prime time, reflejó la intensidad de un extenso proceso que ha dado interesantes giros y que, por la misma razón, transmite en el ambiente político la existencia de una cierta duda razonable en torno de la figura que sucederá a Ricardo Lagos.
Pese a ello, es muy claro que Michelle Bachelet es la candidata que tiene el escenario más a su favor, pues está a sólo cuatro puntos de lograr alcanzar la barrera del 50% de los votos.
Aspecto que se vislumbra como lógico si se traspasa parte de la votación que obtuvo en primera vuelta el abanderado del Juntos Podemos Más (Partido Comunista y Partido Humanista-Verde), Tomás Hirsch (5%), y parte del voto del derechista Joaquín Lavín.
Bachelet, un fenómeno de las encuestas y la representación del voto emocional, durante los últimos días ha querido reencontrarse con su identidad más original ante los electores, es decir, ha retornado con nuevos bríos a la idea de invitar a la opinión pública a ser parte de un momento histórico, como es la llegada de una mujer a la presidencia de Chile. El tema género, al igual que en los inicios de la campaña preelectoral, será clave y esencial. Si a esto Bachelet suma con mayor fuerza -como lo está haciendo actualmente- la herencia de los logros de la Concertación y los respaldos a Lagos, que acumula un apoyo ciudadano de cerca del 70%; es decir, tiene prácticamente ganada la presidencia.
Sin embargo, Sebastián Piñera (25% en primera vuelta) ha continuado instalando en los electores varios ejes que le darán la posibilidad de seguir creciendo: la sensación de que Bachelet no está preparada para el cargo; que la nueva Alianza (el pacto de la derecha chilena) es democrática, abierta, plural y popular; y, lo más importante, que su imagen individual es la más adecuada para ser presidente de Chile (empresario exitoso, doctor y profesor de Harvard).
Piñera tiene el voto de rechazo más bajo que ha podido soñar un candidato de la derecha, por lo que sus estrategias se orientan a la búsqueda de los indecisos y de aquellos que no votaron en primera vuelta. Su estrategia podría tener éxito en el supuesto de que la votación de Lavín (23%) se traspasara sin variaciones a su candidatura, algo que es muy complejo. De todas formas, proyectó una elección cerrada con una impresión personal: a Piñera le faltará tiempo para ser presidente. Esto le jugará en contra, pues el 15 de enero está a un paso.