El masivo derrame cerebral de Ariel Sharon, con sus 77 años a cuestas, priva presumiblemente a Israel de un líder pragmático y popular, en un momento crucial de su política doméstica y pone en serio riesgo el proceso de paz en Medio Oriente. Porque en ese complicado tablero, el de la paz, Sharon era la pieza central.
Apodado, "la topadora", fue el actor central de la historia de Israel por cinco décadas. Como ex militar, participó en la guerra de 1948, que derivó en la creación del Estado de Israel.
También en la de 1967, que terminó con Israel controlando Gaza y Cisjordania. Fue el gran ingeniero de la invasión del Líbano, en 1982. Y, en los últimos tiempos, en función de su estrategia de paz, se animó a - unilateralmente- poner fin a la ocupación de Gaza.
Después de haber sido un "duro" durante casi toda su vida política, viró acertadamente hacia el compromiso, aceptando que la paz requiere de la existencia legal y ordenada del Estado Palestino. Y así dispuso la evacuación de parte de los "asentamientos" que él mismo contribuyera a edificar.
Sharon acababa de fundar un nuevo partido, de centro. El "Kadima", que hará su debut en las elecciones parlamentarias del próximo 28 de marzo. Hasta ahora, gracias a su imagen, el nuevo partido era el favorito. Además, había conseguido el milagro político de atraer a "Kadima" al propio Simon Peres, el veterano ex jefe laborista, convencido de la estrategia de paz definida por Sharon. Ahora la elección israelí es de resultados inciertos.
Como si eso fuera poco, también los palestinos están en vísperas de una elección legislativa decisiva. El 25 de enero se enfrentan, por una parte, las fuerzas seculares del Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas (el heredero de Arafat, con quien Sharon decidiera no negociar), hasta ahora el hombre que, con Sharon, hizo avanzar el proceso de paz y, por la otra, las de Hamas, grupo de orientación islámica, que rechaza la existencia del Estado de Israel. Las recientes elecciones municipales mostraron un fuerte crecimiento de Hamas, que -sumado al caos institucional palestino- intranquiliza a muchos. La ausencia de Sharon, es obvio, debilita a Abbas.
Por todo esto, el cuadro ideal de resultados electorales para el proceso de paz, que consistía en obtener triunfos paralelos de Sharon y de Abbas, está totalmente desdibujado.
El vacío que deja lo sucedido Sharon es difícil de llenar. Porque, entre otras cosas, el veterano líder, sin tener una relación personal excelente con George W. Bush, tenía su confianza. Se la había ganado desde el plano de la conducta. Además, porque sus potenciales reemplazantes no tienen su estatura, ni su carisma, ni comparten necesariamente sus ideas. En cualquier caso, tanto los palestinos como EE.UU. deberán esperar algún tiempo a conocer a quien resulte el nuevo líder. El temor es que la situación actual derive en un largo "impasse" que detenga las conversaciones de paz y genere un peligroso vacío, en el propio proceso de paz.
06 Enero 2006 Seguir en 







