Un final, un comienzo

Columnista invitado. Esteban Crevari - Licenciado en Ciencias Politicas (UBA) - Director del portal Pais Global.

28 Octubre 2005
BUENOS AIRES.- Los resultados eleccionarios del pasado 23 de octubre parecen operar como un bálsamo vivificante para la gestión del presidente Kirchner en materia política, en relación con sus pretensiones futuras. Sin embargo, en política nunca hay nada sencillo. Para el kirchnerismo, el nuevo panorama político ha disipado el estigma original que, en materia de consenso y legitimidad, parecía constituir la última barrera para un despliegue político de mayor alcance.
Inclusive, de acuerdo con el prisma opositor, el panorama que se abre también es considerado por no pocos miembros del frente electoral triunfante como una virtual carta franca en favor del tan criticado estilo de liderazgo kirchnerista.
El 7 de setiembre de 1987, cuando Antonio Cafiero aún no había superado la embriaguez de la gloria, luego de imponerse al radicalismo gobernante, las paredes porteñas y del conurbano bonaerense amanecieron tapizadas de afiches en los que se proclamaba de forma expresa la candidatura presidencial de Carlos Menem. En esta ocasión, el optimismo y el desenfado de los triunfadores no parece ser tan estentóreo, más allá de algunas declaraciones en las que ya se deja entrever el inicio de un nuevo proceso de reelección, con la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner como variante (o camuflaje) del mismo proceso de construcción política.
¿Es que Kirchner ya cuenta con un sendero político tan despejado rumbo al 2007? Más allá de la lógica euforia oficial, el camino dista de ser una autopista rápida y segura. Y ello obedece a que los resultados electorales también pueden ser interpretados como una suerte de elección primaria destinada a medir fuerzas para la articulación de otras alianzas políticas alternativas.

Rasgos de alianzas
Es muy prematuro como para poder mensurar en forma precisa límites o relevancia electoral de los futuros adversarios. No obstante, sí es posible distinguir los primeros rasgos de alianzas y coaliciones desde las cuales se conformaría el teatro de operaciones futuro.
Desde el peronismo ortodoxo, la posibilidad de una coalición entre Rodríguez Saá, -su viejo enemigo- Eduardo Duhalde, y estertores menemistas, no parece resultar un exceso de especulación. Tampoco lo es una reconfiguración de la coalición del centro derecha con la incorporación efectiva de Jorge Sobisch junto a otros aliados provinciales. ¿Se cumple así el vaticinio tan reiterado por el propio jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en relación con la superación de la tradicional contienda bipartidista, para dar paso a un nuevo bipartidismo, expresado en la conformación de un polo de centroizquierda versus un polo de centroderecha?

Binner, Carrió y la UCR
Todo indica que tal demostración de clarividencia no resulta exacta. Es que a las conformaciones referidas es preciso sumar, al menos, una tercera expresión. Y es la que virtualmente se podría configurar, también desde el centro-izquierda, entre Hermes Binner, Elisa Carrió y una gran porción de la Unión Cívica Radical. Lo único cierto es que, una vez más, el recorrido rumbo al 2007 no será lineal. En su poder de persuasión, adquisición y cooptación se encuentra sólo una parte del futuro político del kirchnerismo, ya que ello tan sólo constituye una condición necesaria. A la eficacia alcanzada en materia de fortalecimiento como frente, será preciso sumar una acción de gobierno capaz de mejorar el esquema de distribución del ingreso y achicamiento de la brecha entre ricos y pobres, junto a la resolución de otros problemas de alto impacto político, social y económico.
En política, la gloria es tan intensa como efímera. Solamente mediante una conjunción de entramado político y buena acción de gobierno se dará la materialización del sueño de continuidad patagónico. (DyN)


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