Sin duda se ha incrementado la participación de la mujer en política. Y no se trata de un fenómeno aislado. A lo largo del siglo XX, la mujer fue ocupando cada vez más espacios en esferas públicas. El proceso se inició por necesidad, ante el vacío de hombres que representaron las grandes guerras, y también por una modificación en la concepción de los roles de hombres y mujeres. Como contrapartida, las mujeres que salieron de la vida privada reclamaron mayor acceso a espacios públicos. Y a partir de que ocuparon estos espacios, principalmente desde la educación, las mujeres continuaron avanzando en otras esferas.
Para caracterizar su avance específico en la política es necesario aclarar el concepto de "participación". Participación en política es, en primer lugar, votar. Las mujeres lograron avances significativos en el último siglo: obtuvieron el derecho al sufragio y, en los casos en los que el sufragio no es obligatorio, se movilizaron para hacer efectivo ese derecho (consiguieron que concurrieran a votar en porcentajes similares a los de los hombres). Hoy, en las democracias avanzadas, la variable "género" tiene una incidencia muy leve en la determinación del voto.
El otro punto a analizar es el de la participación de las mujeres en la toma de decisiones; esto es: si se convierten en líderes con poder de decisión. Este hecho va de la mano de las posibilidades que se le abren en espacios tradicionalmente masculinos. Que la titular de Hewlett-Packard en los últimos años haya sido una mujer no es un fenómeno distinto del hecho de que Margaret Thatcher haya sido primera ministra de Gran Bretaña. Que algunas mujeres accedan a lugares clave es el resultado del proceso citado y reside en las chances que tienen de educarse, informarse y tener los elementos para competir a la par del hombre.
Pero, si nos preguntamos si acaso las mujeres están en igualdad de condiciones, la respuesta es no. No, porque -más allá de los preconceptos existentes- dentro del ámbito privado hombres y mujeres tienen roles sociales y biológicos distintos. Por eso, la mujer que desea tener una vida pública debe renunciar a importantes aspectos de su vida privada.
Podríamos decir que existe una autoselección: las mujeres que eligen este camino y asumen su costo (público y privado) suelen ser muy preparadas, competitivas, obsesivas y constantes, todas características asociadas al liderazgo. Es así como, cuando no existen casos de discriminación positiva, si vemos mujeres en posiciones de poder real vemos verdaderos líderes.
23 Octubre 2005 Seguir en 
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