El demonio de las dos teorías

Los efectos posteriores a los comicios. Por Miguel Angel Rouco.

16 Octubre 2005
BUENOS AIRES.- Desde hace unos días, nadie duerme tranquilo en la City porteña. La proximidad del acto electoral y las continuas arremetidas de la Casa Rosada sobre el sector empresario, configuran un horizonte difuso para quienes proyectan negocios.
El clima de inversiones, en un país que aún no salió definitivamente del default y donde las empresas se ven acosadas por ataques políticos y sindicales, se torna imprevisible. Las protestas gremiales propenden a los empresarios a tomar precauciones. En este contexto, no resulta extraño que la suba del dólar, que ya roza los $ 3, tenga una íntima relación con esos temores del establishment local. Sin embargo, en el alza del billete verde subyacen dos teorías, una objetiva, ligada a la marcha de la economía, y la otra subjetiva, atada a la incertidumbre del día después y a la pesada agenda poselectoral.
La primera es sustentada por gran parte del empresariado del sector productivo. La reflexión de un encumbrado hombre de negocios es lo suficientemente gráfica al respecto. "En realidad lo que ha ocurrido aquí es que el Gobierno se ha comido la devaluación de 2002. Por alimentar el populismo con subas salariales más allá de la productividad despertó al monstruo inflacionario y ahora no sabe como controlarlo. Esto se volvió en contra de todos y está modificando fuertemente la estructura de todos los contratos. De esto no se salvan tampoco los exportadores ya que la ventaja que tenían después de la crisis se va diluyendo. El actual tipo de cambio ya no resulta competitivo para las exportaciones. De allí que en el ambiente empresario se da por descontado un dólar por encima de los $ 3", dice.
La segunda teoría está apoyada por gran parte del sector financiero y apunta a los interrogantes que se generan el día después de las elecciones, sin importar el resultado. En la city, coinciden también en que el Gobierno "se fumó" la devaluación, pero además agregan que se perdió un tiempo valioso en llegar a un acuerdo con los hold-out, con las empresas de servicios y con el FMI. Paralelamente, todo el clima político despierta dudas porque, como dijo un operador del mercado, "no sabemos con cual Kirchner nos vamos a encontrar en 2006": si continuará confrontando con el empresariado o si estará más abierto al mundo de los negocios. "De continuar con este esquema, la misma inflación complicaría la economía y empujaría hacia una nueva devaluación. Si soluciona la relación con los bonistas y con los servicios públicos, habrá un nuevo reacomodamiento de precios relativos, con pujas salariales, lo cual llevará a la necesidad de licuar costos", advierten los operadores. La base de la devaluación habrá que buscarla en la inflación. Pero la causa de esta nueva inflación argentina, modelo siglo XXI, sigue siendo la misma de otras ediciones del siglo pasado: el exceso del gasto del Estado que creciendo a una tasa superior que el producto, se traduce en suba de precios.
Con cualquiera de las dos teorías se llega a la conclusión que habrá una corrección a la paridad cambiaria. En realidad, las dos teorías confluyen. Se podría colegir que se trata de las consecuencias de un modelo que se ajusta sólo por devaluación. ¡Maldita devaluación! ¡Maldito demonio! (DYN)

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