09 Octubre 2005 Seguir en 
Sin dudas, la buena situación económica de la Argentina incrementó todas las facetas de una puja distributiva entre los distintos actores. Más aún cuando el país viene de padecer situaciones tan extremas como las que se evidenciaron con la crisis socioeconómica de fines de 2001 y de 2002, con el default y la salida de la convertibilidad.
Indudablemente, cuando mejora el escenario económico, todo el mundo trata de cubrirse o mejorar su nivel relativo dentro de la torta que representa el país. Esto, sin dudas, afecta a una Argentina en crecimiento que agotó bastante su capacidad instalada y de producción. Y lleva a que las presiones inflacionarias sean significativas.
Consecuentemente, cuando hay intereses cruzados entre el sector privado y los funcionarios que gobiernan la Argentina, surgen algunas declaraciones que no son buenas (acusaciones por la suba de precios o las de presuntas campañas para desestabilizar). Pero también hay que reconocer que estas situaciones son parte de las reglas de juego.
Más allá de todo eso, considero que la situación de la Argentina, de los últimos años, mejoró significativamente. Uno de los hechos fundamentales que pueden comprobar el cambio de escenario es que la insolvencia fiscal dejó de ser aquel histórico Talón de Aquiles del país.
Actualmente, la situación del fisco es bastante buena, lo que hace que las perspectivas económicas para los próximos años, en general, sean alentadoras para la Argentina, aún cuando cambien las condiciones de los mercados internacionales, con eventuales bajas en las tasas de interés, por ejemplo.
Si nos ponemos a analizar la situación de la economía que se viene en la Argentina, luego de las elecciones del domingo 23, cualquiera sea el resultado electoral (aparentemente, al oficialismo le va a ir bien, según las encuestas), no habrá mayores cambios.
Creo que, después de las enseñanzas que nos dejó vivir en una Argentina en plena crisis, como la de fines de 2001, no veo una oposición política con tintes destructivos. Por aquello que decía de las enseñanzas de los malos momentos, creo que los distintos sectores que conviven en el país se ha instalado una sensación de madurez y, aquellos que no lo entendían, se dieron cuenta que con no darle estabilidad al país, perdemos todos.
Si queremos comparar, podríamos decir que hasta hace poco tiempo, los mercados de capitales tuvieron un buen comportamiento en Brasil, pese a las situaciones políticas y las denuncias que existen contra la gestión del presidente Inácio Lula Da Silva. Frente a esa comparación, creo que en la Argentina no existen amenazas muy significativas para la economía nacional.
No obstante, no cabe dudas de que la inflación existente en el país es seria y que es fundamental que el Estado aplique acciones que tiendan a sostener los precios por un tiempo.
Creo que el sector privado, radicado en el país o que están en el exterior, requiere una mejor sensación en cuanto a que el ambiente de negocios en la Argentina sea óptimo. De esa manera, podemos aspirar a que se generen nuevas inversiones y que lleguen más capitales desde el exterior.
Paralelamente, el Gobierno tiene que sobreactuar para que el país continúe en la senda del superávit fiscal. Y dar garantías a la población y a los mercados que este punto flaco de siempre no volverá a aparecer en los próximos ejercicios. A su vez, el Estado tendrá que poner mayor énfasis en dar señales de que el negocio empresario será respetado. Este no es un tema menor si tomamos en cuenta que la inseguridad jurídica ha sido otro punto flojo, durante varios años, en la Argentina.
Más allá de los ruidos de la política, insisto que la sociedad argentina ha madurado lo suficiente, como para diferenciar esas cuestiones de las que hacen a la evolución de la economía.
Indudablemente, cuando mejora el escenario económico, todo el mundo trata de cubrirse o mejorar su nivel relativo dentro de la torta que representa el país. Esto, sin dudas, afecta a una Argentina en crecimiento que agotó bastante su capacidad instalada y de producción. Y lleva a que las presiones inflacionarias sean significativas.
Consecuentemente, cuando hay intereses cruzados entre el sector privado y los funcionarios que gobiernan la Argentina, surgen algunas declaraciones que no son buenas (acusaciones por la suba de precios o las de presuntas campañas para desestabilizar). Pero también hay que reconocer que estas situaciones son parte de las reglas de juego.
Más allá de todo eso, considero que la situación de la Argentina, de los últimos años, mejoró significativamente. Uno de los hechos fundamentales que pueden comprobar el cambio de escenario es que la insolvencia fiscal dejó de ser aquel histórico Talón de Aquiles del país.
Actualmente, la situación del fisco es bastante buena, lo que hace que las perspectivas económicas para los próximos años, en general, sean alentadoras para la Argentina, aún cuando cambien las condiciones de los mercados internacionales, con eventuales bajas en las tasas de interés, por ejemplo.
Si nos ponemos a analizar la situación de la economía que se viene en la Argentina, luego de las elecciones del domingo 23, cualquiera sea el resultado electoral (aparentemente, al oficialismo le va a ir bien, según las encuestas), no habrá mayores cambios.
Creo que, después de las enseñanzas que nos dejó vivir en una Argentina en plena crisis, como la de fines de 2001, no veo una oposición política con tintes destructivos. Por aquello que decía de las enseñanzas de los malos momentos, creo que los distintos sectores que conviven en el país se ha instalado una sensación de madurez y, aquellos que no lo entendían, se dieron cuenta que con no darle estabilidad al país, perdemos todos.
Si queremos comparar, podríamos decir que hasta hace poco tiempo, los mercados de capitales tuvieron un buen comportamiento en Brasil, pese a las situaciones políticas y las denuncias que existen contra la gestión del presidente Inácio Lula Da Silva. Frente a esa comparación, creo que en la Argentina no existen amenazas muy significativas para la economía nacional.
No obstante, no cabe dudas de que la inflación existente en el país es seria y que es fundamental que el Estado aplique acciones que tiendan a sostener los precios por un tiempo.
Creo que el sector privado, radicado en el país o que están en el exterior, requiere una mejor sensación en cuanto a que el ambiente de negocios en la Argentina sea óptimo. De esa manera, podemos aspirar a que se generen nuevas inversiones y que lleguen más capitales desde el exterior.
Paralelamente, el Gobierno tiene que sobreactuar para que el país continúe en la senda del superávit fiscal. Y dar garantías a la población y a los mercados que este punto flaco de siempre no volverá a aparecer en los próximos ejercicios. A su vez, el Estado tendrá que poner mayor énfasis en dar señales de que el negocio empresario será respetado. Este no es un tema menor si tomamos en cuenta que la inseguridad jurídica ha sido otro punto flojo, durante varios años, en la Argentina.
Más allá de los ruidos de la política, insisto que la sociedad argentina ha madurado lo suficiente, como para diferenciar esas cuestiones de las que hacen a la evolución de la economía.







