La inflación vino para quedarse

Por Miguel Angel Rouco.

09 Octubre 2005
BUENOS AIRES.- "Imagínese que usted está sólo yendo en safari por el Africa, a bordo de su camioneta y tiene poco combustible en el tanque. El sol cae lentamente y va entrando la noche. Espera reponer en el próximo pueblo, pero no sabe cuanto falta y si el combustible le va a alcanzar. Está sólo y a su alrededor sólo se ven, en la penumbra, los ojos de los leones que están al acecho y esperan que usted se quede fatalmente sin combustible. Así está hoy la economía argentina, con escaso combustible y con los leones al acecho", concluyó un reconocido economista mientras caminaba por la City porteña y le contaba a su interlocutor su visión sobre el difícil momento económico. En realidad, si se repasan los dichos de estas columnas y otros tantos, se puede colegir que esta minicrisis se veía venir y que sólo la miopía oficial no pudo prever o en todo caso, constituye el resultado de la propia ineptitud.
Con la inflación desbordando los cálculos oficiales -ya se habla de 12% ó 13% para todo 2005-, y con las puertas del crédito cerradas, el país va encaminándose hacia un escenario de tensiones por la puja distributiva por el ingreso y que al cabo de dos años y medio, el Gobierno no supo resolver.La falta de resultados económicos en la gestión Kirchner obliga a replantear toda la estrategia si es que se quiere superar la crisis. La inflación vino para quedarse, adquirió ribetes estructurales y no se la combate con medidas de tipo coyuntural. Lejos de poder acertar con las medidas que impliquen neutralizar los efectos de la suba de precios, la economía tiene un pasivo oculto -las tarifas-, que obligará a la población a convivir durante algún tiempo con una inflación de dos dígitos anuales. A diferencia de lo que ocurría en el pasado donde el aumento de precios venía de la mano del déficit fiscal y la emisión monetaria, este ciclo inflacionario está cimentado sobre la base de estrechez de oferta y la falta de inversiones. Esta falta de inversiones significa que los argentinos nos estamos comiendo el capital que acumulamos durante la denostada década del '90. La caída en el capital instalado del país está pegando sobre toda la infraestructura energética de manera brutal.
Por caso, mientras en la década pasada, las reservas de petróleo alcanzaban los 12 años y las de gas, los 20 años, en la actualidad, son de nueve años para el crudo y de 10 para el gas. Pero lo que es peor aún, si no se realizan nuevos descubrimientos en tres años, el país será un importador neto de hidrocarburos. La situación es aún más apremiante para el parque generador eléctrico y consecuentemente para el transporte de energía ya que entre 1998 y 2005 no se han realizado inversiones, lo que supone que habrá serios cuellos de botella.
Así lo señaló Silvio Resnich, gerente general de Transener quien consideró que "en lo que se refiere a la inversión bruta interna, se debería aumentar en 3 a 4 puntos para poder mantener una tasa de crecimiento de 5 puntos del PBI anual, por un período de diez años, lo cual incorporaría una gran cantidad de mano de obra desocupada al trabajo formal". Pero aclaró que para que la economía crezca a un ritmo del 5% anual, hace falta desarrollar un ciclo combinado de 1000 MW por año.
La inflación vino para quedarse. ¿Puede la Argentina soportar semejante tasa sin caer en traumáticos episodios como los vividos en los '70 y '80? ¿Hasta cuando puede mantenerse la ficción cambiaria que importa un enorme esfuerzo por parte de la sociedad ? Un dólar alto implica precios altos, inflación, caída del salario real y más tarde pérdida de rentabilidad para cualquier emprendimiento.
Hoy, $ 1,40 más CER, es igual a casi $ 2,35. Hoy, $ 2,90 menos las retenciones, es igual a $ 2,35. Mantener el dólar a $ 2,90 es un castigo para la población y un premio para el gobierno que quiere quedarse con las retenciones para tapar sus enormes baches fiscales. Sin las retenciones, hay déficit fiscal y queda al descubierto la ficción superavitaria de las cuentas públicas, fruto del dispendio y el despilfarro, a expensas del empobrecimiento de la sociedad. ¿No será mucho ? (DYN)

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