Dos chicos talentosos dieron origen al fenómeno Beatle
En julio de 1957 John Lennon conoció a un muchacho de 17 años, amante del rock and roll y excelente instrumentista. El chico, que se llamaba Paul McCartney, impresionó a John con su talento musical, y pronto le recomendó a un joven guitarrista, llamado George Harrison. En esos encuentros está la génesis del grupo que revolucionó la música popular sobre la segunda mitad del siglo pasado. La carrera de John como solista y luego, en distintos grupos musicales, se ligó definitivamente al fenómeno de Los Beatles. Es historia conocida que en la primera formación el baterista era Pete Best y el bajo estaba a cargo de Stuart Sutcliffe. Y que cambiaron varias veces de nombre: "The Silver Beetles", "Silver Beatles" antes de adoptar la denominación con la que se hicieron más que famosos.
Con esa formación hicieron una gira a Hamburgo, en la que tocaban en condiciones extremas, más de ocho horas por día. Allí Stuart se enamoró de Astrid Kirchherr, una fotógrafa que les modificó los peinados y les propuso los archifamosos flequillos. Ya eran "Los Beatles", pero eso no impidió que las autoridades alemanas los deportaran al descubrir que George, menor de edad, no tenía el permiso correspondiente para permanecer en el país. De vuelta en Liverpool, actuaron en al ahora mítico "The Cavern", donde Brian Epstein los conoció para ofrecerse como representante y entrar en la etapa más brillante del conjunto.
Sutcliffe ya no pertenecía al cuarteto, y posteriormente un derrame cerebral lo fulminó antes de que cumpliera los 25 años. Epstein, en su búsqueda de una compañía grabadora para el cuarteto, presentó material de Los Beatles ante el productor George Martin. Este se interesó en el grupo, pero exigió una modificación más: el reemplazo de Pete Best por Ringo Starr en la batería. La historia de los Beatles comenzaría oficialmente con el contrato para grabar un disco simple: "Love me do".
El fulminante éxito del grupo permitió la evolución musical de un verdadero fenómeno cultural, dentro del cual se destaca la pareja de compositores integrada por Lennon y McCartney.
Las giras exitosas, las declaraciones insólitas, las interesantes experiencias cinematográficas que protagonizaron de la mano de Richard Lester, y la innovación permanente que mostraron en cada uno de los trabajos discográficos que fueron produciendo distinguieron al grupo y lo proyectaron al plano internacional. Sin embargo, los "Fabulosos cuatro", como ya se los llamaba, decidieron prescindir de las presentaciones en vivo para trabajar en estudios y elaborar con más recursos su aparentemente inacabable material musical.
Cada uno de los integrantes del cuarteto siguió su propia evolución personal. John, influenciado por su nueva pareja, Yoko Ono, abandonó el liderazgo que naturalmente había ejercido dentro del grupo desde su constitución y -aún antes de la separación oficial- se dedicó a trabajar en una formación integrada por el guitarrista Eric Clapton, el bajista Klaus Voorman, el baterista Alan White, y la propia Yoko. "Los Beatles" ya no existían. Había nacido la "Plastic Ono Band".
Un modelo a seguir
Punto de vista por Pablo Pacífico, músico y compositor
Conocí a John Lennon en 1976, husmeando entre los discos de mi tío Julio. Encontré varios discos de los Beatles y, de inmediato, me llamaron la atención.
Veía a ese "beatle" de barba y pelo largo cruzando la esquina de Abbey Road con unos oxford gastados, sin saber a mis seis años, que de alguna manera ese señor descalzo abriría dentro mio, las pequeñas puertas que comunican la razón y la pasión. Despertando las ganas de cantarle al mundo mis historias, tal como él lo estaba haciendo en aquellos años tan lejanos y cercanos al mismo tiempo.
¿Quién no soñó con ser un beatle....? Es que John Lennon fue el arquetipo de aquellos muchachitos rebeldes que nos fuimos de casa a edad temprana, nos enamoramos de la mujer incorrecta, lloramos por amor y rompimos de una pedrada el vidrio de la casa del jefe que nos dejó imprevistamente en la calle y sin un centavo en el bolsillo.
Por eso, en mi último disco, incluí una canción que compuse especialmente en su homenaje. Ahora, cada vez que me pregunto qué hubiera sido de mí si me convertía en la persona que mi familia soñó, él me guiña un ojo detrás de sus anteojos redondos y el pelo largo, desde la fotografía que tengo pegada en el estuche de la guitarra que me acompaña desde que lo conocí a los seis años.
Entonces, saco mi viola y, casi sin querer pero con toda espontaneidad, como tantos otros fieles, tarareo una plegaria al Cristo de los que llevamos la música en el alma. Bendito seas, maestro John.







