El 33 es un número singular. Casi una cifra que merece respeto. Hasta las "interpretaciones de los sueños" de los quinieleros tucumanos le reservan un lugar solemne: representa a Cristo. Justamente, la tradición católica sostiene que Jesús murió y resucitó a esta edad.
En los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, el 33 es un número revelador. Esa es la cantidad de nombres que se dan de Dios. Por ello, los exégetas concuerdan en que Moisés fue su autor, pero advierten, por detalles como este, que no habrían sido redactados enteramente por él.
Para los judíos, el día 33 en la fiesta de "Lag Baómer" es una jornada de alegría, que conmemora una victoria militar de su pueblo contra el yugo romano, pese a las ventajas de la Legión.
En Tucumán, el 33 representa hoy la exacta cantidad de meses que se cumplen de la asunción de Julio Miranda como gobernador de la provincia. El 29 de octubre de 1999, el mandatario se calzó la banda celeste y blanca e hizo una declaración casi profética. "Para el peronismo, las crisis no son excusas: son verdaderos desafíos", sentenció, rescatando una definición que Carlos Menem había proferido en 1989.
Pero los dos platos de la balanza donde se pesan las gestiones de gobierno muestran, a la vez, una realidad social desoladora y una situación económica y financiera pavorosa. Ambas cargas desequilibran la vida de los tucumanos, que en lo que va de este gobierno nunca vivieron las ventajas de alguna de las dos facetas, pero que tuvieron que pagar el desmedro de ambas.La realidad que quedó descubierta justo en la semana que acaba de terminar, demuestra que aquí, hoy, el 33 es el número que señala el momento en el que mandatario tucumano perdió el reto que él mismo se impuso ante un pueblo esperanzado.
Los errores que no son
La situación tucumana arroja una paradoja semántica. Es difícil determinar si lo correcto es afirmar que la pobreza tiene tal magnitud que termina provocando una magnificación del subdesarrollo. O si, viceversa, debe decirse que son los niveles del subdesarrollo local los que terminan magnificando la pobreza.
Porque, en verdad, cuando las cifras son volcadas sobre el papel, la primera impresión, tal vez por el instinto de conservación de la especie, es que los números están equivocados.
Parece un error que la estadística determine que el 46% de los tucumanos es pobre. Más aún, que se indique que casi el 14% de la población no tiene ingresos ni siquiera para comer.
Es decir, que alrededor de 180.000 comprovincianos son indigentes. Todos los ciudadanos de este último grupo no cuentan siquiera con $1 por día. O con $30 por mes. Ese es el dinero con el que, según la Organización Mundial de la Salud, se pueden adquirir alimentos con las proteínas suficientes para cubrir las necesidades calóricas de un ser humano.
Este cálculo, decididamente, sí debe ser un yerro.Las otras cifras, por desgracia, no. Si no, ya las hubieran corregido. Porque lo peor del caso es que, si bien son los últimos datos conocidos, corresponden a octubre pasado. Cuando la debacle no había terminado de ocurrir.
Por entonces, cuando la actual administración celebraba su segundo aniversario, la desocupación era casi del 18%. Ahora trepó al 23%, al tiempo que la tasa de actividad cayó un 20%. El peso se devaluó. La canasta de alimentos se encareció. No aparecieron los 50.000 puestos de trabajo prometidos. Sí surgieron 30.000 nuevos desocupados. Con lo cual, son más de 126.000 los tucumanos sin trabajo. Y más de 107.000 los subocupados.
Parece un error que el argumento con el que se intenta paliar este cuadro sea el de que las cifras podrían haber sido peores.
Hace hoy 33 meses, Miranda se comprometió en llevar la recaudación de los $715 millones con los que la recibía a, por lo menos, $20 millones. Pero la última percepción tributaria alcanzó sólo los primitivos $15 millones.
Parece un error, entonces, que haya $100 millones más en bonos. Y que el presupuesto anual de la provincia supere los $1.000 millones. Y que la deuda pública, en el mejor de los casos, alcance los $1.700 millones. Y que los empleados públicos cobren con tickets, con bonos y con cheques diferidos, sufriendo una segunda devaluación a la hora de buscar moneda nacional.
Auscultar las promesas
"Ordenaré la realización de auditorías permanentes que controlen la calidad de la gestión". No hay síntomas favorables, 33 meses después.
"Se proyectará una nueva ley provincial de educación, que permita la descentralización y regionalización de la gestión". No hay indicios de recuperación, 33 meses después.
Miranda también se propuso "refundar Tucumán" y, con ese objetivo, convocar a las "verdaderas excelencias de la comunidad". No hay signos alentadores, 33 meses después.
Auscultar la realidad de esta maltrecha provincia conlleva ineludiblemente a recordar que los médicos, por alguna secreta razón o por algún antojo del oído, adoptaron el 33 para indagar sobre la salud bronquial del paciente. Sólo queda respirar hondo.







