Del escritor principiante

(De "Atreverse a corregir. Trucos y secretos del texto bien escrito", por Marcelo Di Marco y Nomi Pendzik, Sudamericana, Buenos Aires)

29 Julio 2002
"El mal de la repetición no afecta sólo a los borradores de los principiantes: no sufre incluso el autor más experto, y en cualquier etapa del trabajo. Precisamente, el mejor escritor es el que más se preocupa por evitar esta infestación, como también cualquier otro tipo de plaga. Por eso, el problema de las reiteraciones innecesarias, como así también algunos problemas más, apenas se notan en algunas zonas del libro publicado. Porque el escritor, llegado el momento de publicar su obra, no está solo en este proceso. Si quieren saber por qué, no se pierdan las siguientes palabras del escritor Luis Chitarroni, editor de uno de los sellos más prestigiosos de la Argentina.
-Vos, que conocés desde adentro el problema del estilo, estarás de acuerdo en que, a la hora de corregir un texto, es necesario poner todo el empeño en detectar sus múltiples problemas.-Debo confesar que yo mismo, recientemente, tuve un desliz con el tema de las repeticiones: releyendo una breve contratapa que había preparado, descubrí dos veces el verbo hacer.
Estas cosas pasan. Y, valga la paradoja, a menudo pasan debido a un exceso de corrección. Y también por trabajar de manera parcializada: generalmente el último pensamiento de la noche no coincide con el primero de la mañana siguiente. En un texto largo esto se advierte aún más: de un día para otro, uno corre el riesgo de volver a escribir algo que ya estaba en páginas precedentes.-Siendo consciente del problema, ¿qué se puede hacer para evitarlo?
-Releer, sobre todo. Empezar a trabajar releyendo lo que se ha escrito el día anterior, antes de escribir lo nuevo. Esta práctica saludable sirve, además, para cuidar el tono: hoy uno puede arrancar con un ímpetu estilístico diferente del que venía empleando. Y eso sólo lo notará si relee lo que escribió ayer.
-Es un método muy aconsejable, sin duda. Pero a veces sucede que, después de muchas relecturas, el escritor tiende a autohipnotizarse con la música de las palabras que escribió.
- Borges tiene una buena respuesta para ese problema del encantamiento con los textos propios. El, que era un devoto de la corrección, decía: ?Sí, corríjalo; pero no lo manosee?. Ahí está la clave. Por ejemplo, seducido por la melodía de la frase, uno agrega un adjetivo para embellecerla más todavía. Y posiblemente, sin darse cuenta, acaba de caer en una repetición.
- Eso nos recuerda un cartel muy aleccionador que vimos hace un tiempo; un escultor aplica su cincel a la base de una estatua... sin advertir que se le está viniendo encima. Abajo del dibujo se leía esta frase inolvidable: ?El exceso de perfección puede tirar abajo un trabajo perfecto?.
- Es así. Hay momentos en que la cosa está hecha, por así decirlo.Y el escritor debe darse cuenta de cuándo ha llegado ese momento. Si sigue embelleciendo, terminará afeando. Por más cierto que sea aquello del exceso de perfección, el autor jamás debe dejar de releer lo suyo.
- ¿Qué puesto ocupa el editor en ese proceso de creación?
- El editor es un lector especializado que conoce los gajes -y las gaffes- del oficio. Siempre está a favor del texto, y desde ese lugar puede aconsejar al escritor".

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