02 Octubre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- En apenas seis meses, el peligro de un rebrote inflacionario impactó por segunda vez en las filas del Gobierno. En marzo, el 1,5% del Indice de Precios al Consumidor puso en alerta a varios despachos oficiales que actuaron de inmediato: el Banco Central moderó transitoriamente sus adquisiciones de dólares, las tasas de interés subieron más que en los últimos dos años y el Palacio de Hacienda intentó reflotar acuerdos sectoriales de precios. El 0,5% de abril aportó una engañosa tranquilidad. Movidos por la buena noticia de que "la inflación bajó", en el Gobierno consideraron que el problema había sido resuelto y que la pauta inflacionaria de 10,5% para 2005 se cumpliría sin inconvenientes. Al poco tiempo, la tranquilidad fue y vino en consonancia con las oscilaciones de los precios de cada mes, hasta que agosto mostró como nunca la dicotomía entre las dos inflaciones: la común del 0,4% y la de pobres e indigentes, reflejada en el aumento del 1,5% de la canasta básica alimentaria.Setiembre estuvo lejos de ser un punto de inflexión. Por el contrario, asociaciones de consumidores alertaron sobre la remarcación de precios de productos de primera necesidad. Los adelantos extraoficiales del Indec dan cuenta de que los precios de los alimentos duplicarían al índice general. Otra vez los pobres llevarán la peor parte. Para colmo, la cercanía de las elecciones generales del 23 de octubre despiertan la sospecha de quienes tienen algo de memoria, ya que por lo general los fracasos de los intentos de estabilización de precios se hicieron notar después de los comicios.
Si a eso se le agrega que para el secretario de Agricultura, Miguel Campos, "no sería dramático" que para las fiestas de fin de año haya aumentos, las razones para preocuparse son obvias.
Con esas especulaciones sobre el comportamiento futuro de los precios, el presidente Néstor Kirchner volvió a colocar el tema sobre el tapete, al instar a los empresarios a actuar con madurez y no impulsar una nueva suba. Asimismo, criticó a aquellos que buscan una salvación individual a través de "algunas picardías", a las que en caso de darse prometió combatir con "todas las medidas que tengo que tomar". Cabe preguntarse si el Presidente cree que la inflación (un aumento generalizado de precios) es producto de picardías individuales o si su advertencia obedece a gestos de campaña electoral.
Pero en base a los reclamos de los propios comerciantes, también podrían ponerse en consideración otras picardías mucho más perniciosas que algunas actitudes individuales. Por ejemplo, la postergación en la baja de impuestos, un pedido histórico de los comerciantes al que los avatares electorales le sumó un nuevo e inesperado aliado: los diputados duhaldistas, quienes advirtieron que aprobarían el proyecto de presupuesto sólo si se reduce al 10,5% la alícuota del IVA a los productos de primera necesidad. Desde el Gobierno, esa propuesta se considera de difícil cumplimiento, ya que implicaría reformular el cálculo de recursos y la pauta de superávit. Pero desde el sector privado se hacen otras cuentas. "Si los impuestos no bajan con tres años consecutivos de crecimiento y la perspectiva de que 2006 también venga con números positivos, no quiero pensar qué puede pasar en épocas de vacas flacas", reflexionaba un dirigente mercantil. El desencanto se basa, además, en un proyecto de presupuesto en el que la baja de impuestos es la gran ausente. Las picardías no vienen de un solo lado. (DYN)
Si a eso se le agrega que para el secretario de Agricultura, Miguel Campos, "no sería dramático" que para las fiestas de fin de año haya aumentos, las razones para preocuparse son obvias.
Con esas especulaciones sobre el comportamiento futuro de los precios, el presidente Néstor Kirchner volvió a colocar el tema sobre el tapete, al instar a los empresarios a actuar con madurez y no impulsar una nueva suba. Asimismo, criticó a aquellos que buscan una salvación individual a través de "algunas picardías", a las que en caso de darse prometió combatir con "todas las medidas que tengo que tomar". Cabe preguntarse si el Presidente cree que la inflación (un aumento generalizado de precios) es producto de picardías individuales o si su advertencia obedece a gestos de campaña electoral.
Pero en base a los reclamos de los propios comerciantes, también podrían ponerse en consideración otras picardías mucho más perniciosas que algunas actitudes individuales. Por ejemplo, la postergación en la baja de impuestos, un pedido histórico de los comerciantes al que los avatares electorales le sumó un nuevo e inesperado aliado: los diputados duhaldistas, quienes advirtieron que aprobarían el proyecto de presupuesto sólo si se reduce al 10,5% la alícuota del IVA a los productos de primera necesidad. Desde el Gobierno, esa propuesta se considera de difícil cumplimiento, ya que implicaría reformular el cálculo de recursos y la pauta de superávit. Pero desde el sector privado se hacen otras cuentas. "Si los impuestos no bajan con tres años consecutivos de crecimiento y la perspectiva de que 2006 también venga con números positivos, no quiero pensar qué puede pasar en épocas de vacas flacas", reflexionaba un dirigente mercantil. El desencanto se basa, además, en un proyecto de presupuesto en el que la baja de impuestos es la gran ausente. Las picardías no vienen de un solo lado. (DYN)







