02 Octubre 2005 Seguir en 
En la UNT tenemos un programa en ejecución que se propone estudiar en profundidad el problema de la exclusión social y económica y su principal causa y efecto: la pobreza. Nuestra hipótesis principal es que la pobreza es un problema de "mala política económica", tanto nacional como provincial. Si mejora la política económica, el producto y el empleo crecen y, por lo tanto, la pobreza baja. Por suerte es lo que está ocurriendo en la mayor parte del país.
Según las investigaciones sobre los problemas regionales del desarrollo económico, desde hace varios años las provincias son extremadamente vulnerables a la suerte del país como conjunto. Es muy improbable que a alguna provincia le vaya bien cuando al país como conjunto le va mal.
Los méritos del gobierno nacional (o la suerte como algunos prefieren sostener) consisten en haber eliminado algunos de los errores del período menemista, tales como los bonos, el déficit fiscal, el peso sobrevaluado y el desempleo y sub-empleo extremo.
Luego de la crisis de 2001-2002, las provincias comenzaron a recibir más dinero por coparticipación. La crisis les hizo el favor de reducir sus gastos en términos reales mientras el default licuo su irresponsable deuda externa que desgraciadamente no se usó para financiar ni obras ni capital humano (educación y salud).
Si tuviéramos que hablar de "recetas", estaríamos tentados a sostener lo siguiente: baje usted la tasa de desempleo; elimine la inflación; no incurra en déficit ni suba la deuda externa (si tiene superávit cree un fondo anticíclico). No se le ocurra emitir moneda espúrea; gaste más dinero en obras y menos en empleo público, más fondos en educación y salud y menos en burocracia o dádivas. Así logrará reducir la pobreza.
Según las investigaciones sobre los problemas regionales del desarrollo económico, desde hace varios años las provincias son extremadamente vulnerables a la suerte del país como conjunto. Es muy improbable que a alguna provincia le vaya bien cuando al país como conjunto le va mal.
Los méritos del gobierno nacional (o la suerte como algunos prefieren sostener) consisten en haber eliminado algunos de los errores del período menemista, tales como los bonos, el déficit fiscal, el peso sobrevaluado y el desempleo y sub-empleo extremo.
Luego de la crisis de 2001-2002, las provincias comenzaron a recibir más dinero por coparticipación. La crisis les hizo el favor de reducir sus gastos en términos reales mientras el default licuo su irresponsable deuda externa que desgraciadamente no se usó para financiar ni obras ni capital humano (educación y salud).
Si tuviéramos que hablar de "recetas", estaríamos tentados a sostener lo siguiente: baje usted la tasa de desempleo; elimine la inflación; no incurra en déficit ni suba la deuda externa (si tiene superávit cree un fondo anticíclico). No se le ocurra emitir moneda espúrea; gaste más dinero en obras y menos en empleo público, más fondos en educación y salud y menos en burocracia o dádivas. Así logrará reducir la pobreza.







