BUENOS AIRES.- El desempleo llegó a un lamentable récord histórico en una Argentina que se debate por encontrar una salida que la saque de las tinieblas. El 21,5 % no es sólo un dato más dentro de una desquiciada economía. Se trata de más de tres millones de habitantes que están sin trabajo, aunque esa cifra puede considerarse un poco mentirosa ya que estaríamos por encima de los índices del Indec. Con los subocupados suman 5.660.000 quienes tienen problemas de empleo, a los que hay que agregar los que reciben sumas similares a la magra jubilación mínima. Se trata de personas de carne y hueso que están desesperanzadas como otros millones de argentinos, mientras los políticos se preparan para la campaña electoral y los hombres de la economía, las finanzas y las empresas se debaten en discusiones donde cada uno quiere que prevalezca el interés personal.
Las distintas responsabilidades por esta situación hay que buscarlas, en los últimos años, entre menemistas, aliancistas, cavallistas, duhaldistas y... siguen las firmas. Hoy, el país muestra esta realidad y la posibilidad de encarar un proceso electoral que lleve un poco de coherencia y confianza a quienes tienen el poder de generar fuentes de trabajo.
Es cierto que el menú de candidatos a presidente no es el mejor que puede tener una Argentina ahogada en sus propios males. Pero es la realidad. Y, en ese sentido, la interna peronista juega un rol fundamental sobre el futuro del país.
Quien resulte ganador tendrá la importante posibilidad de acceder a la presidencia de la Nación luego de una disputa electoral que, hoy por hoy, encuentra a la diputada del ARI, Elisa Carrió, como la principal figura de la oposición tras la estrepitosa caída de la Alianza UCR-Frepaso.
Con el cordobés José Manuel de la Sota metido en la lucha por la candidatura del PJ y el puntano Adolfo Rodríguez Saá dispuesto a pelear por afuera del peronismo, el ex presidente Carlos Menem tiene en claro quién será su verdadero rival.
De la Sota comenzó una verdadera carrera contra el tiempo. Lograr consenso entre los sectores del justicialismo que rechazan la idea de que Menem sea el candidato y, además, revertir la imagen que hoy no lo muestra con éxito en las encuestas.
Para eso, el cordobés tendrá que caminar, y mucho, por todo el país, y deberá sellar acuerdos con el bonaerense Felipe Solá y el santafesino Carlos Reutemann, como punto de partida para preparar un ataque sobre las defensas menemistas.
En principio, un compañero de fórmula bonaerense -que cuente con el aval duhaldista- le permitiría enfrentar con mayor optimismo la interna en un distrito que es vital. Menem es conocedor del peso bonaerense y por eso encomendó a Alberto Pierri, un ex hombre de Duhalde, que se mueva en la provincia "como él sabe hacerlo" para garantizar una disputa "de igual a igual" con quienes apoyen a De la Sota.
Esto ya generó una fuerte disputa entre Pierri y Alberto Kohan por el control de la campaña menemista. En la otra vereda está Eduardo Bauzá quien, al igual que el ex ministro Carlos Corach, reclama una renovación de la dirigencia menemista y el paso a un costado del "entorno" que genera un fuerte rechazo en la sociedad.
Menem promete esa renovación, pero luego de su llegada al gobierno. Por ahora no le presta atención a la mala imagen y quiere contar con todos aquellos que le sumen alguna cuota de poder. Como en el 89, a todos les dice lo que cada uno quiere escuchar. Pero Menem tiene sus propios y graves problemas. No sólo por lo que dejó en sus últimos años de gobierno, sino por las causas judiciales que lo involucran, desde la venta ilegal de armas hasta las cuentas en Suiza y las denuncias que lo afectan en la investigación del atentado contra la AMIA, como lo reflotó "The New York Times".
En medio de toda esa polémica, Menem terminó admitiendo lo que había negado con firmeza: que tiene una cuenta en Suiza de más de 600.000 dólares que ahora está bajo la lupa de la Justicia argentina, entre otras cosas, por supuesta evasión impositiva.
"El que puede ganar"
"Menem no es el mejor presidente para la Argentina, pero es el único que puede ganar", admitió un alto dirigente menemista horas atrás.
Ese mismo político coincidió con otro dirigente (con quien compartió el gabinete) en la necesidad de que Menem logre consensos dentro y fuera del PJ, ya que considera que una eventual llegada a la Casa Rosada iría acompañada por muestras de descontento social que lo llevarían a usar la fuerza para reprimir protestas. De la Sota trabajará para diferenciarse de la imagen del ex presidente, aunque la interna tiene sus propias reglas.
Mientras tanto, hay otras cuestiones que demandan la inmediata atención del gobierno nacional. Entre ellas, una salida para la disputa entre el ministro de Economía Roberto Lavagna y el titular del Banco Central Aldo Pignanelli por el corralito bancario. Duhalde frenó por decreto el pago (por 120 días) de los amparos del corralito con el fin de cerrar la salida de plata de los bancos. En realidad, se trata de una forma de ganar tiempo ya que el decreto no gozaría del necesario respaldo judicial.
Paralelamente, Lavagna espera para los próximos días un pronunciamiento de la comisión de notables que visitó Buenos Aires para recomendar luego al FMI qué hacer en las negociaciones con la Argentina.
No fue para nada positivo el nuevo diagnóstico que realizó la mujer fuerte del FMI, Anne Krueger, quien dijo que la Argentina no ha logrado todavía un plan económico que merezca el apoyo del Fondo. En algunos días más, si la realidad económica de su país no le da nuevos dolores de cabeza, llegará al país el jefe del Tesoro de EE.UU., Paul O?Neill, pero es seguro que no traerá buenas noticias.
Así, entre saltos, transitará los próximos meses el gobierno de Duhalde, mientras los políticos se meten cada día más en la campaña electoral. Duhalde trata de mantener las variables de la economía dentro de parámetros que aseguren un relativo control de los reclamos sociales. Pero nada es seguro en la Argentina de hoy. (DyN)







