Entre las promesas electorales y la recuperación económica

Por Severo Cáceres Cano (h), economista-Master en Dirección de Empresas.

25 Septiembre 2005
La economía argentina muestra, en los últimos tiempos, indicadores que hablan de un nivel de recuperación más que importante. Si bien son un respiro frente a la caótica situación del país desde 2001, dejan algunas dudas hacia el futuro.
Hay una clara recuperación del PBI; el nivel de desempleo bajó; hubo reajustes salariales; se renegoció la deuda externa; mejoraron las exportaciones y existe una inflación aceptable. Sin embargo, estos indicadores pueden ser usados para ganar una elección, pero dan la sensación que no son sustentables en el mediano y largo plazo. Esto se debe a que:
Gran parte de la recuperación se basa en un ajuste fiscal, vía devaluación, que se encuentra fortalecido por un superávit fundado en impuestos distorsivos. El sector agrícola-ganadero pide a gritos que se eliminen y, en algún momento, alguien tendrá que ponerle el cascabel al gato. Además, hay que tener en cuenta la expansión que experimentó el gasto nacional de los últimos trimestres. Esto enciende una luz amarilla para los próximos ejercicios.
El nivel de desempleo bajó, pero aún se encuentran vigentes algunos planes sociales que suavizan los números que se presentan. Los costos y las regulaciones para la contratación de personal siguen siendo elevados y restrictivos para la toma genuina de empleo por parte de las empresas.
Si bien está controlada, la inflación responde a un sinnúmero de restricciones a empresas de servicios, precios máximos y acuerdos con sectores, que no representa los valores reales de la economía y que pueden ser violados en cualquier momento.
Respecto del nivel salarial, no hay que olvidar a los sectores que fueron golpeados directamente con el ajuste (estatales, jubilados, asalariados en negro, etc). Los reclamos de mejoras repercutirán directamente en las cuentas públicas y en las de las empresas.
La actividad industrial se encuentra, en varios sectores, con su capacidad máxima de producción acotada, ya que no se realizaron las inversiones necesarias y su capacidad instalada está colmada; esto presupone una atenuación en las tasas de crecimiento para los próximos años.
La necesidad de lograr más inversiones no han mostrado una mejora, sobre todo teniendo en cuenta el manejo que se hace con las empresas privatizadas, las que contínuamente son atacadas por oradores en campañas electorales; no hay una clara respuesta a la renegociación de contratos. Esto genera dudas a los inversores.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, es más que razonable pensar que la recuperación argentina sirve para ganar una elección, pero no para lograr un desarrollo sustentable. Mejorar las instituciones, reglas claras de juego, apertura del país al mundo, defensa de los consumidores, reglas de empleo estables, eliminación de distorsiones impositivas y un mercado de capitales sólido, son algunos de los temas pendientes. Hasta el 23 de octubre se escucharán grandes promesas electorales. Lástima que esas promesas no son exigibles judicialmente.

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