23 Septiembre 2005 Seguir en 
El intenso murmullo en el colmado teatro San Martín duró casi tres minutos, previos a su aparición. El público no veía las horas de escucharla tocar, pese a haberse deleitado con una obra de Georg Hændel y dos de Ludwig van Beethoven. Cuando entró al escenario, vestía una vistosa pollera larga, floreada, una blusa negra de algodón, un saco de seda del mismo color y zapatos oscuros de taco bajo. El pelo largo, suelto, muy natural, muy al estilo Martha Argerich.
Llovían los aplausos. Comenzaba la primera presentación en Tucumán de una de las mejores pianistas del mundo. La artista saludó al público con la habitual reverencia, y asintió dos veces diciendo: "gracias", ya desde el taburete, frente al Steinway.
El Concierto para piano y orquesta op. 54 en La menor, de Robert Schumann, fue escuchado con atención y en profundo silencio. Entre los asistentes se distinguía a muchos estudiantes de música y a pianistas, cuya cita era casi obligada.
"Creadora constante"
Uno de ellos era Oscar "Palo" Buriek, que destacó un valor agregado de Argerich, amén de su calidad para tocar. "Hay cosas que ni el mismo Schumann se hubiera imaginado que sonaran al interpretar sus obras. Y ella las encuentra; encuentra detalles que no halla ningún pianista, que no están en forma explícita en la partitura; y logra racionalizarlas. Al margen de que toca monstruosamente el piano, es una creadora constante. Su desempeño es lo máximo a lo que aspira cualquier pianista", definió, exultante, Buriek."Los sonidos que le saca al piano son increíbles", dijo por su parte, el coreuta Emilio Raya. La estudiante de música Dana Yalour resaltó la prolijidad y la fuerza de Argerich. "El repertorio estuvo muy bueno", agregó.
Al finalizar el programa, Argerich fue ovacionada y recibió un ramo de flores de manos del secretario de Cultura, Mauricio Guzman. Después interpretó tres bises: el primero, sola, una toccata de Domenico Scarlatti, y los dos posteriores, a cuatro manos: una obra de Claude Debussy junto al pianista italiano Gabriele Baldocci, y un rondó de Franz Schubert, junto a Darío Ntaca. Este dirigió la joven Sinfonietta Argerich para la interpretación de las obras del programa: en la primera parte, con Baldocci como solista, la Suite Música Acuática, de Hændel, y el Concierto para piano y orquesta Nº 4 en Sol mayor, de Beethoven; en la segunda parte, la Obertura Coriolano, de Beethoven, y el Concierto para piano de Schumann, a cargo de Argerich.
A muchos asistentes les gustó la "Danza ritual del fuego", de la obra "El amor brujo", de Manuel de Falla, que fue interpretada por el joven Baldocci, como bis, en la primera parte.
"El pianista es excelente. Me gustó su toque, el manejo de los matices. La ?Danza del Fuego? fue un regalo de lujo", dijo Gustavo Hernando, carpintero y estudiante de piano.
Llovían los aplausos. Comenzaba la primera presentación en Tucumán de una de las mejores pianistas del mundo. La artista saludó al público con la habitual reverencia, y asintió dos veces diciendo: "gracias", ya desde el taburete, frente al Steinway.
El Concierto para piano y orquesta op. 54 en La menor, de Robert Schumann, fue escuchado con atención y en profundo silencio. Entre los asistentes se distinguía a muchos estudiantes de música y a pianistas, cuya cita era casi obligada.
"Creadora constante"
Uno de ellos era Oscar "Palo" Buriek, que destacó un valor agregado de Argerich, amén de su calidad para tocar. "Hay cosas que ni el mismo Schumann se hubiera imaginado que sonaran al interpretar sus obras. Y ella las encuentra; encuentra detalles que no halla ningún pianista, que no están en forma explícita en la partitura; y logra racionalizarlas. Al margen de que toca monstruosamente el piano, es una creadora constante. Su desempeño es lo máximo a lo que aspira cualquier pianista", definió, exultante, Buriek."Los sonidos que le saca al piano son increíbles", dijo por su parte, el coreuta Emilio Raya. La estudiante de música Dana Yalour resaltó la prolijidad y la fuerza de Argerich. "El repertorio estuvo muy bueno", agregó.
Al finalizar el programa, Argerich fue ovacionada y recibió un ramo de flores de manos del secretario de Cultura, Mauricio Guzman. Después interpretó tres bises: el primero, sola, una toccata de Domenico Scarlatti, y los dos posteriores, a cuatro manos: una obra de Claude Debussy junto al pianista italiano Gabriele Baldocci, y un rondó de Franz Schubert, junto a Darío Ntaca. Este dirigió la joven Sinfonietta Argerich para la interpretación de las obras del programa: en la primera parte, con Baldocci como solista, la Suite Música Acuática, de Hændel, y el Concierto para piano y orquesta Nº 4 en Sol mayor, de Beethoven; en la segunda parte, la Obertura Coriolano, de Beethoven, y el Concierto para piano de Schumann, a cargo de Argerich.
A muchos asistentes les gustó la "Danza ritual del fuego", de la obra "El amor brujo", de Manuel de Falla, que fue interpretada por el joven Baldocci, como bis, en la primera parte.
"El pianista es excelente. Me gustó su toque, el manejo de los matices. La ?Danza del Fuego? fue un regalo de lujo", dijo Gustavo Hernando, carpintero y estudiante de piano.
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