Capital de la pobreza

No hay un antecedente histórico que supere los actuales índices de desocupación, desde que se llevan estadísticas.

27 Julio 2002
BUENOS AIRES.- El índice de pobreza en la región metropolitana supera el 50%, según reconoce el responsable del INDEC, Juan Carlos del Bello, sobrepasando el anunciado oficialmente sin incluir la referencia posterior a su relevamiento. No hay un antecedente histórico que lo supere desde que se llevan estadísticas, ni indicadores aproximados que hagan pensar en esa posibilidad. El que más se le acercó fue el de la hiperinflación de 1989 -ahora segundo-. Entre ambos se produce la coincidencia de dos gobiernos constitucionales que debieron abandonar y uno de transición que -según todas las evidencias prueban- equivocó gravemente la puerta de salida para la crisis. Esos datos de pobreza no son compartidos por la representante regional del Banco Mundial que acaba de finalizar su misión aquí, Myrna Alexander, quien observa que el método oficial de medición los sobreestima cuando computa ingresos de familiares acomodados que no trabajan en lugar de sus consumos.
Algo semejante advirtió hace más tiempo el Banco Interamericano de Desarrollo, pero más allá de cualquier sobrevaloración de la desgracia a la que los porteños son tan propensos, lo cierto es que jamás la capital de la república y la mayor parte de su conurbano presentaron una imagen tan desoladora, en la que se advierte la dolorida presencia de clase media tratando de lograr ayudas entre los miles de cartoneros que tratan de subsistir.

Lo inexplicable
Un testimonio agobiante en este panorama porteño es que el jefe del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires está enfrascado desde hace un mes con su rimbombante investidura en el dilema de si prohíbe o no las incursiones de cartoneros que invaden la City al anochecer y obstaculizan el tránsito para acumular, inclusive con tracción a sangre, los despojos recuperables. Si el alcalde Aníbal Ibarra los prohíbe no sólo puede provocar un grave conflicto de los empobrecidos recolectores sino que, por otra parte, se quedará con una ciudad sucia que esos grupos familiares procuran también asear para contribuir a lo que la comuna no hace. Todo ello, también, con un marco inédito de destrucción edilicia que el jefe comunal parece ignorar cuando anuncia que adelantará la elección en el distrito para competir nuevamente, en este caso por el ARI y, por añadidura, con la exigencia de "que se vayan todos".

Otro mundo
El gran derroche periodístico -de todo signo- a propósito del cincuentenario de la muerte de Eva Perón no se ha correspondido en absoluto con el silencio formal del mundo oficial, desde el Poder Ejecutivo al Congreso, circunstancia sugestiva que se extrema con la ausencia casi total de las tradicionales convocatorias políticas y sindicales a través de los medios, algunos de cuyos suplementos especiales no han sido secundados. Ni siquiera la imagen universalizada de Evita ha conseguido en el medio siglo de su ausencia movilizar a la conflictuada estructura partidaria y gremial, mientras muy rara vez como en esta ocasión lo publicado sobre su figura y su tiempo pudo ser tan múltiple y variado, sin excluir perfiles críticos vetados en otros tiempos. Evita, más que popular, es ya un personaje histórico. (De nuestra Sucursal)

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