Chicos sin inocencia

El drama de los menores delincuentes.

27 Julio 2002
Por Roberto Delgado

Hace pocos días un chico de 14 años apodado "Chucky" espantó al país por la televisión, al tomar rehenes en un supermercado. El muchacho fue eje de debates sobre los menores delincuentes y hasta su padre fue sometido a interrogatorios televisivos. Fue patético ver cómo el hombre intentaba explicar que él trabajaba todo el día y que pensaba que su hijo estaba en la escuela.

Sin contención
Algo similar, pero en una circunstancias mucho más dramáticas, dijo hace un año en las márgenes del río Salí la madre de "Huevo", el adolescente que asesinó a la motociclista Teresa Villar de Zumaeta en el parque 9 de Julio. La madre del chico pidió ayuda. "No tenemos forma de contenerlo. Se droga. No hay forma de pararlo cuando está loco", dijo . Nadie la ayudó. Hoy "Huevo" es célebre como delincuente precoz y compite en ferocidad con otros que tienen apodos con diminutivos pero que, al igual que él, han perdido todo rasgo que los vincule a la inocencia de la infancia. "Brasita", "Huguito" (matador del taxista Miguel Mamaní) y "Plumita" (que acaba de confesar el crimen del sereno Carlos Manuel Soria), así como "Teta", son mirados con inquietud por la misma Policía como los enemigos públicos de la sociedad en pocos años más.
Además, otros como ellos están surgiendo, mientras las precarias instituciones tutelares y la legislación son impotentes para evitar que se vuelvan cada vez más violentos y profundicen su entrada a los infiernos. "Plumita" fue socio de "Huevo" en el crimen del parque 9 de Julio. Y se escapó con "Huguito" del instituto Roca poco tiempo después del homicidio. "Son irrecuperables", reconoció una defensora de Menores.
La sociedad, asustada, pide sangre. Percibe que las normas, tal como están o tal como se aplican, parecen hechas para beneficiar a los delincuentes y quiere que se busquen normas más duras. Que se baje la imputabilidad de los menores; que no se los deje salir cuando son detenidos y, si fuera posible, que se los saque de circulación para siempre. Que se haga algo.
La respuesta de la Justicia, en general, es garantista: se opone a bajar la imputabilidad y afirma que hay que poner énfasis en el trabajo social, para evitar que siga funcionando la fábrica de marginalidad. También las instituciones del Estado responden en forma igualmente desalentadora. No hay elementos, el personal no está capacitado, los institutos de contención como el Roca nunca están en condiciones edilicias adecuadas y los cambios de normas no se hacen porque siempre las autoridades siguen la urgencia y no tienen tiempo de organizar. Y si algunos advierten que el cambio sólo surgirá de una discusión amplia y englobada en políticas de seguridad y sociales, sus planteos son como una gota en el desierto.Es curioso: desde hace años la sociedad argentina vive asustada por la inseguridad, pero la respuesta de los políticos es siempre la misma: medidas parciales, leyes de apuro, impotencia, ningún debate en serio.

Cosas rutinarias
El mayor drama es que lo que debería ser excepción se está convirtiendo en rutina. La falta de sentido común oficial que se exhibe frente a esto parece darle la razón al escritor Mempo Giardinelli, quien, al mismo tiempo que defiende la potestad de la política como la vía de solución de los problemas de la sociedad, describe a nuestros dirigentes como una clase profundamente inculta e ignorante. Razón por la cual la telaraña de la violencia y de la crisis nos envuelve cada día más.

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