Los viejos aparatos políticos

Se quiere adecuar el calendario electoral a los propios intereses.

27 Julio 2002
Apenas ha comenzado a transcurrir el tiempo preelectoral, no pocas circunstancias están evidenciando que el camino a las urnas no será de trámite sencillo ni asegura una marcha con destino cierto a la nueva realidad política que demanda la ciudadanía de todo el país. No se trata, por cierto, de un relevo global y desordenado de las instituciones donde, tras el clamor irreflexivo de "que se vayan todos", subyace alguna propuesta oportunista, sino de adecuar el calendario electoral con notorios intereses partidocráticos o de sectores inseparablemente asociados a reprobadas prácticas del pasado. Son numerosos los testimonios demostrativos de esa circunstancia, después de que el Congreso ha resuelto, de hecho, abandonar nuevamente la reforma política profunda que se debe al país desde la restauración democrática.
Durante las recientes semanas ese renacimiento de estrategias y prácticas para tratar de colocar en ventaja a los viejas estructuras dominantes de la política nacional, ha comenzado a manifestarse en la mayoría de las provincias, donde veteranos caudillos locales, desde gobernadores a senadores y diputados, han comenzado a movilizarse para la reelección.
En algunos de esos casos será menester promover reformas constitucionales durante el menor tiempo posible bajo la influencia de aparatos políticos locales y capaces para asegurar reelecciones vedadas hasta el momento. Otras evidencias adelantan que en más de una competencia estarán presentes responsables de notorios fracasos administrativos y escándalos en los que el nepotismo desprejuiciado tampoco estuvo ausente.
Juntamente con esa notoria concurrencia a los comicios, siete provincias y la Ciudad de Buenos Aires han anunciado su propósito de adelantar las comicios locales, y se aguarda igual decisión de otras seis.
El caso más singular es el de la Capital Federal, que se anticipará a marzo próximo, a pesar de que el mandato del intendente Aníbal Ibarra finaliza un año después. El resto de los distritos no adelanta novedades hasta el momento, lo cual permite afirmar que durante alrededor de 14 meses el país estará atravesando un inédito tiempo electoral. En ese "terreno ocupado" deberán dirimir por su suerte estructuras políticas nuevas, cuyas organizaciones precarias deberán competir en los cuartos oscuros con los grandes aparatos partidarios.
Esa confrontación desigual contradice también una vieja inquietud sobre el alto costo presupuestario de la política y que, desde hace algunos comicios periódicos, se logró ordenar y reducir, procurando unificar los calendarios nacionales y distritales. Ninguna de las provincias se ha visto afectada institucionalmente por la crisis que provocó el colapso en el orden nacional, por lo que son del todo injustificadas -salvo en alguna rara excepción- esas precipitaciones arbitrarias de calendarios locales con fechas diferentes en cada caso, para repetir comicios al poco tiempo por causa de la elección nacional.
Frente a esa realidad desconcertante en que nuevamente cierta clase política trata sin orden de méritos de volver a empezar, no puede haber otra alternativa que la conciencia cívica de los electores, responsables insustituibles en el cuarto oscuro.

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