Una muestra para el asombro

En el Museo Timoteo Navarro se exponen audaces y curiosas instalaciones. Un marplatense exhibe bloques de playa.

TOBOGAN Y ARENERO. Con miles de corchos (cosecha 2001), dos artistas realizaron esta instalación, en la que algunos niños jugaron.
TOBOGAN Y ARENERO. Con miles de corchos (cosecha 2001), dos artistas realizaron esta instalación, en la que algunos niños jugaron.
24 Agosto 2005

TERCERA CULTURAL CHANDON
En el arte contemporáneo, los artistas recurren frecuentemente a las instalaciones, fotografías, objetos y videos como herramientas para sus obras. La instalación es un género en el que se prioriza el emplazamiento espacial. La aspiración de belleza -tan invocada antaño- hoy es reemplazada por el ingenio, la ironía o la provocación. En la exposición del Museo Timoteo Navarro, no son pocos los trabajos que causan sorpresa y que dejan perplejos a los espectadores. Los materiales utilizados son variados: un artista de Mar del Plata, por ejemplo, instaló dos bloques de playa protegidos por una vitrina. El tucumano Javier Juárez instaló un dispositivo con pantallas líquidas, donde se transmiten mensajes de texto, con el ringtone de "Callejeros". Y la porteña Mónica von Asperen construyó un cubo con globos inflados por ella misma.

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Con ingenio, los artistas provocan desconcierto

Asombro, perplejidad y desconcierto. Los espectadores que concurren a observar la Tercera Cultural Chandon, que se expone en el Museo Timoteo Navarro, en algunos casos no pueden creer lo que están viendo, y menos relacionar eso con el concepto tradicional de arte. Es que los artistas contemporáneos trabajan con la ironía, y uno de sus propósitos es impactar, sorprender a los receptores, y lo logran en el local de 9 de Julio 44.
Mónica von Asperen, por ejemplo, construyó la instalación denominada "La medida de mi respiración". En un cubo de 2 x 2 metros, las paredes transparentes están construidas por decenas de pequeños globos horizontales de formas diversas, que la artista porteña envió inflados por ella misma.

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Un cuarto
En la sala central del museo, la tucumana Rosalba Mirabella montó un cuarto, en cuyo interior sus dibujos, sus grafittis y sus textos cubren todas las paredes. La "Sala gris" parece contraponer el espacio privado con el público.
A unos pocos metros, Esteban Alvarez y Tamara Stuby (Buenos Aires) plantearon una obra lúdica: han instalado un tobogán que desemboca en una especie de arenero, pero con la particularidad de que todo está hecho con miles de corchos, todos de bebidas de cosecha de 2001.

Pantallas líquidas
Utilizando la última tecnología de la telefonía celular, otro tucumano, Javier Juárez, puso sobre la pared tres pantallas líquidas de sendos teléfonos celulares, por donde van apareciendo mensajes de textos programados que al artista le llegaron en los últimos meses y que exponen su mundo privado; centímetros arriba, en los parlantes se escucha uno de los temas del grupo "Callejeros".

Arena
El marplatense Juan José Souto trajo desde su ciudad un "pedazo de playa". Dos bloques de medianas dimensiones están ubicados en una sala, protegidos por una vitrina. El artista recorta y extrae la arena con moldes rectangulares, pero, sutilmente, deja aparecer la línea de sal en cada uno de los bloques.

 

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