23 Julio 2002 Seguir en 
Ni el ministro de Economía Joaquín Ferre ni el vicegobernador Sisto Benjamín Terán Nougués cumplieron con la misión encomendada. Ambos volvieron sin un peso a la provincia. La Nación prometió primero 53 millones de pesos; después dijo que enviaría 40 millones de pesos; luego, que entregaría 8 millones de pesos. Pero nunca llegó ni un peso y la situación se pone cada vez más oscura, con maestros en pie de guerra y con la salud enferma. Por eso hoy juega la última carta el propio gobernador Julio Miranda. El estirará la mano en Buenos Aires para pedir los fondos prometidos. Si no los consigue se verá a un gobernador devaluado y repercutirá aún más en los bonos de la provincia.
No es el único problema que enfrenta Miranda, quien también debe enderezar el rumbo político de su partido y aún tiene demasiadas dudas. El domingo cuando se reunió en el Grand Hotel descubrió que tenía más amigos de los 600 invitados ya que unos 800 dijeron presente.
La sorpresa fue ver en público a los camaristas federales Ricardo Sanjuán y Carlos Jiménez Montilla y al abogado Nicanor Rodríguez del Busto, quien es concesionario del estacionamiento privado de la capital. La presencia del neomenemista Raúl Topa también fue la comidilla. Más aún cuando fue uno de los últimos en retirarse y compartió una pequeña reunión con Miranda donde se habló con desilusión de la entrada a boxes que hizo Carlos Reutemann en la carrera presidencialista.
La ausencia de los legisladores menemistas sumó comentarios tan malos como los que se hicieron del vino y del frugal pollo, aunque no de las empanadas ni del merengue que se sirvió a los postres. También faltó el ex ministro José Alperovich. Pero algunos no extrañaron al "Pibe", cuando vieron a Alejandro Sangenis dar tantos abrazos como lo hubiera hecho el senador que anda del brazo con Mario Blejer, en Nueva York. Cuando llegó la hora de hablar, el gobernador -tal cual estaba previsto- aclaró que su gran preocupación es lo que pasa en la provincia y que hay tiempo para ver qué se hará con el alineamiento nacional de las internas justicialistas. Fueron obviedades e indefiniciones.
En realidad, lo que dijo Miranda es: "no sé qué hacer... por ahora". El primer mandatario tiene el amargo gusto que, en 1999, le dejó Carlos Menem cuando apoyó a los Bussi, antes que a él. Tampoco estaría muy seguro sobre José Manuel de la Sota porque el "Gallego-cordobés" no anda bien en su provincia. En síntesis, Miranda intuye que es hora de hacer la plancha política.
No es el único problema que enfrenta Miranda, quien también debe enderezar el rumbo político de su partido y aún tiene demasiadas dudas. El domingo cuando se reunió en el Grand Hotel descubrió que tenía más amigos de los 600 invitados ya que unos 800 dijeron presente.
La sorpresa fue ver en público a los camaristas federales Ricardo Sanjuán y Carlos Jiménez Montilla y al abogado Nicanor Rodríguez del Busto, quien es concesionario del estacionamiento privado de la capital. La presencia del neomenemista Raúl Topa también fue la comidilla. Más aún cuando fue uno de los últimos en retirarse y compartió una pequeña reunión con Miranda donde se habló con desilusión de la entrada a boxes que hizo Carlos Reutemann en la carrera presidencialista.
La ausencia de los legisladores menemistas sumó comentarios tan malos como los que se hicieron del vino y del frugal pollo, aunque no de las empanadas ni del merengue que se sirvió a los postres. También faltó el ex ministro José Alperovich. Pero algunos no extrañaron al "Pibe", cuando vieron a Alejandro Sangenis dar tantos abrazos como lo hubiera hecho el senador que anda del brazo con Mario Blejer, en Nueva York. Cuando llegó la hora de hablar, el gobernador -tal cual estaba previsto- aclaró que su gran preocupación es lo que pasa en la provincia y que hay tiempo para ver qué se hará con el alineamiento nacional de las internas justicialistas. Fueron obviedades e indefiniciones.
En realidad, lo que dijo Miranda es: "no sé qué hacer... por ahora". El primer mandatario tiene el amargo gusto que, en 1999, le dejó Carlos Menem cuando apoyó a los Bussi, antes que a él. Tampoco estaría muy seguro sobre José Manuel de la Sota porque el "Gallego-cordobés" no anda bien en su provincia. En síntesis, Miranda intuye que es hora de hacer la plancha política.







