Los bienes de los jesuitas

(Del prólogo de "Los bienes de los jesuitas", por Ernesto J. A. Maeder, Instituto de Investigaciones Geohistóricas, Resistencia).

23 Julio 2002
"La expulsión de la Compañía de Jesús de España y América en 1767 ha recibido una atención constante de los historiadores, recogida en una caudalosa bibliografía que hasta hoy mantiene abierto el interés por el tema. Además de los numerosos ensayos e interpretaciones que este hecho produjo, los estudios históricos han abordado una amplia gama de temas referidos tanto a la trayectoria de la Compañía de Jesús como a la política que la monarquía española siguió en aquella oportunidad respecto de la actividad de la Orden en sus dominios. Entre esos aspectos, tanto generales como monográficos, ha sido escaso el interés que se ha prestado a las consecuencias que produjo la expulsión en América, pese a la magnitud de sus efectos. Baste señalar, entre otros, el abandono en que quedaron las misiones o la enseñanza pública y el difícil reemplazo de los jesuitas, para advertir sus consecuencias en uno y otro campo.
Se atribuía a la Compañía la posesión de un rico conjunto de bienes, que fueran inventariados inmediatamente después de la expulsión de los jesuitas. Sin embargo, no se ha analizado integralmente el valor efectivo de ese patrimonio ni la cuantificación de los bienes temporales incautados a la Compañía en esa oportunidad: iglesias y capillas, colegios y fincas rurales, muebles y libros, ornamentos y vasos sagrados, esclavos, ganados y cultivos. Menos conocido aún es el uso y destino que se les dio, según las disposiciones que sobre ellos tomó la monarquía, y cómo fue administrado por las autoridades americanas. Precisamente esas temporalidades, como se las llama en el lenguaje corriente de la época, constituyen el tema de este libro, ceñido en su estudio al Río de la Plata desde 1767 hasta 1813.
En ese ámbito, la ausencia de estudios precisos sobre el tema es notoria, aunque desde los tiempos del deán Funes y su Ensayo de historia civil 1816), prevalece entre los historiadores un juicio negativo sobre la administración de las temporalidades, sin que se haya profundizado en el tema. En todo caso el único intento por esclarecer la cuestión fue el estudio que Luis María Torres publicó en 1917. La ausencia de trabajos posteriores fue advertida por Magnus Mörner, quien en 1968 planteó la necesidad de investigar el destino que corrieron las temporalidades, sugiriendo que la venta de las tierras pudo significar cambios en la estructura agraria y tener repercusiones sociales y políticas.
Pero si bien la ausencia de estudios de conjunto era palpable, no faltaron monografías que abordaron aspectos particulares de esa administración. Entre esos estudios, los historiadores de la Compañía de Jesús ocupan un lugar especial, como Pablo Hernández al referirse a la expulsión del Río de la Plata, o Pedro Grenón y Joaquín Gracia al ocuparse de lo ocurrido en Córdoba, o Guillermo Furlog al estudiar la trayectoria de los colegios de Buenos Aires y de Santa Fe. A su vez, las creaciones educativas formalizadas en base a las temporalidades también atrajeron tempranamente a historiadores como Juan María Gutiérrez, y a Juan Probst, entre otros".

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