Radiografía de la sociedad que recibe al Papa

La visita del papa León XIV nos lleva a mirarnos como sociedad y a preguntarnos qué país encontrará cuando llegue. Tras casi cuatro décadas sin una visita papal su presencia vuelve a poner en el centro asuntos que conocemos, que sufrimos y que, sin embargo, demasiadas veces postergamos. La pobreza, la violencia, la falta de oportunidades para los jóvenes, la pérdida de expectativas de movilidad social, la fragmentación y la dificultad para encontrar acuerdos sobre problemas que requieren respuestas urgentes.

La encuesta del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina de la UBA, ofrece un dato llamativo. El 43,2% de los argentinos espera que León XIV priorice la pobreza y el 20,6%, la paz internacional. Es decir, casi dos tercios de las demandas hacia el Papa se concentran en cuestiones sociales y humanitarias, muy por encima de las cuestiones doctrinales o internas de la Iglesia. Además, el informe nos muestra que la sociedad está prácticamente dividida respecto de la importancia de la visita. El 49,3% la considera algo o muy importante, mientras que el 50,7% le asigna poca o ninguna relevancia.

Entre los jóvenes de 16 a 29 años, la expectativa religiosa es todavía menor. Sin embargo, son precisamente ellos quienes más reclaman una intervención del Papa frente a la pobreza. Entonces, aunque disminuye la cercanía con la institución religiosa, no desaparece la expectativa de que una figura como León XIV ponga el acento en los problemas que afectan la vida cotidiana argentina. Hace algunos días, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, en una entrevista con LA GACETA Play, cuestionó al Senado por mantener paralizado desde hace un año y medio el proyecto de ley contra la ludopatía infantojuvenil. El religioso apuntó contra la demora legislativa y preguntó qué pasa con los chicos que quedan atrapados en el juego. Su crítica incluyó referencias a la desidia, el desinterés y hasta a posibles intereses que estarían operando detrás de la demora.

Lo mismo ocurre con la violencia. La propia Conferencia Episcopal insistió en numerosas oportunidades con el fin de la violencia y en la necesidad de promover la fraternidad y el diálogo. La visita de León XIV nos plantea cuánto estamos dispuestos, como sociedad, a escuchar ese mensaje cuando la violencia ya no está solamente en los conflictos armados o en las grandes tragedias internacionales, sino también en nuestra manera cotidiana de discutir, de hacer política y de relacionarnos.

Nuestro país recibe al Papa profundamente fragmentado y no hablamos solo de política, también en sus creencias, sus expectativas, sus vínculos sociales y su confianza en las instituciones. Marcos Carbonelli, del Observatorio de las Creencias en Argentina, definió recientemente la desunión como una de las palabras que mejor describe a los argentinos. Y la Iglesia viene reclamando precisamente lo contrario: diálogo, puentes y amistad social. Tal vez ese sea uno de los principales desafíos que plantea la llegada de León XIV: no esperar de él una solución, sino aceptar que su presencia nos obligará a formular mejor las preguntas.


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