“Emprendan, juéguensela”: Lo expulsaron de cinco colegios y hoy dirige una empresa que busca restaurar bosques
Damián Rivadeneira, fundador de ReForest Latam, compartió su historia ante cientos de estudiantes en el cierre de Elevate Tucumán 2026. Habló de los fracasos, de aprender mientras se emprende y de una tecnología que nació con una máquina de hacer panchuques.
Resumen para apurados
- Damián Rivadeneira instó a estudiantes en Tucumán a emprender y no temer al fracaso, durante el cierre del evento Elevate, relatando cómo creó su firma ReForest Latam.
- Tras ser expulsado de cinco colegios y sufrir quiebras, diseñó cápsulas de semillas con una panchuquera usada, combinando luego drones e inteligencia artificial.
- Tras captar más de un millón de dólares en inversión, la compañía expande su modelo de restauración ecológica a gran escala en Argentina y varios países de la región.
“Cuando era estudiante me expulsaron de cinco colegios”. Damián Rivadeneira eligió esa confesión para contarles a cientos de jóvenes que se reunieron en el Teatro Mercedes Sosa por qué nunca hay que dar por definido el futuro. El fundador de ReForest Latam reconoció que le costaba aprender, que sus notas no eran buenas y que, durante mucho tiempo, se sintió entre los últimos de la fila. Hoy dirige una empresa que combina biotecnología, drones e inteligencia artificial para desarrollar proyectos de restauración de ecosistemas.
Su historia fue una de las exposiciones del cierre de la edición 2026 de Elevate Tucumán. Frente a los estudiantes, el emprendedor repasó los tropiezos que marcaron su recorrido y explicó cómo una idea que comenzó con recursos improvisados terminó convertida en una compañía con proyectos en distintos países.
“Si hace unos años me hubiesen dicho que yo iba a estar dirigiendo esta compañía, no lo creía”, admitió. Recordó que le costaba entender las cosas y que se sentía menos capaz que sus compañeros. Estudió Comercialización en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), pero solo pudo completar la tecnicatura porque debía costearse los estudios y no le alcanzaba para continuar con la licenciatura.
El camino emprendedor, sin embargo, le permitió encontrar otra manera de aprender. “No necesitás tener todo resuelto para poder empezar”, fue una de las ideas que atravesó su exposición. Para explicarla, recurrió a la historia de su padre, que nació en La Bombilla, en Tucumán, y construyó su trayectoria a fuerza de trabajo, incluso después de atravesar varias quiebras.
“Siempre renacía como el ave Fénix y siempre se metía en rubros distintos, aprendiendo y haciendo cosas distintas”, contó. De él aprendió a emprender sin esperar a conocer todas las respuestas. “Hoy decimos que vamos armando el paracaídas mientras saltamos”, resumió.
Los fracasos también forman parte del camino
Antes de fundar ReForest Latam, Rivadeneira impulsó distintos emprendimientos. Algunos prosperaron y otros terminaron en pérdidas. Entre ellos, recordó una empresa de materiales para la construcción que creó junto con amigos y que llegó a expandirse en Bolivia. También contó la experiencia de una constructora que aceptó remodelar un hotel en Brasil sin tener demasiada experiencia en ese tipo de trabajos.
El proyecto terminó mal y perdieron dinero. Pero el empresario volvió sobre una idea que se repitió durante toda la charla: cada experiencia le dejó un aprendizaje.
Otro de sus emprendimientos fue Cabin, dedicado a fabricar viviendas modulares. El negocio había comenzado a vender sus unidades cuando llegó la pandemia y se desplomó la actividad turística, uno de sus principales mercados. Los clientes empezaron a pedir la devolución del dinero porque ya no podían viajar y la empresa terminó quebrando.
Lejos de presentar esos episodios como una sucesión de éxitos, Rivadeneira los incorporó a su relato como parte de un recorrido en el que probar, equivocarse y volver a empezar resultó tan importante como las oportunidades que sí funcionaron.
Una conversación con su hija y el origen de ReForest
La idea que daría origen a ReForest Latam surgió de una preocupación ambiental. Rivadeneira contó que un día fue a buscar a su hija Isabel, que entonces tenía nueve años, y que ella le dijo: “Papá, ¿sabés que las empresas y las personas estamos matando el planeta?”.
La frase lo llevó a investigar el impacto del consumo sobre los recursos naturales y a preguntarse cómo podía intervenir desde su experiencia como emprendedor. En ese momento ya tenía una empresa vinculada con la madera de bosques cultivados y había comenzado a desarrollar iniciativas de impacto ambiental.
Una de ellas consistía en organizar jornadas de limpieza en el cerro San Javier, junto con estudiantes y voluntarios. Otra buscaba generar conciencia ambiental en escuelas. La tercera apuntaba a restaurar bosques, para lo que se vinculó con especialistas que pudieran asesorar los proyectos.
Pero una experiencia lo enfrentó con la dimensión del desafío. Mientras el equipo celebraba haber restaurado tres hectáreas en Tucumán, conoció la noticia de que se habían quemado 42.000 hectáreas en Salta. La diferencia lo llevó a preguntarse cómo conseguir un impacto mayor.
“Volvimos a sentir que lo que estábamos haciendo generaba muy poquito impacto y que realmente la veníamos corriendo de atrás”, recordó.
Así nació ReForest Latam, una empresa que combina biotecnología, drones y análisis ecosistémico para desarrollar soluciones de restauración a gran escala. Su propuesta busca superar algunas de las limitaciones de los métodos tradicionales, especialmente en terrenos de difícil acceso.
La compañía desarrolla cápsulas con semillas de especies nativas y bioestimulantes, que luego pueden dispersarse mediante drones. También utiliza una plataforma de análisis ecosistémico basada en inteligencia artificial para estudiar las características de un terreno y determinar qué especies tendrían mayores posibilidades de regenerarse en cada sector.
Una panchuquera como primera máquina
En el relato de Rivadeneira, una de las imágenes más claras del comienzo de la empresa no fue un laboratorio ni un equipo de última generación. Fue una máquina para hacer panchuques.
“Esa fue nuestra primera máquina para hacer desarrollos biotecnológicos”, contó al mostrar una fotografía de los primeros tiempos de la compañía. El equipo había conseguido una panchuquera usada, la había reacondicionado y la utilizó para fabricar las primeras cápsulas de semillas.
Como tampoco tenían dinero para comprar maquinaria especializada, recurrieron a elementos prestados para avanzar con las pruebas. Fabricaban las cápsulas una por una, ensayaban en el campo y buscaban sumar científicos que los ayudaran a desarrollar y validar la tecnología.
“Empezamos de a poquito, sin saber, y fuimos aprendiendo en el camino”, explicó.
Ese proceso permitió que la empresa ampliara sus desarrollos y avanzara hacia el uso de drones específicos para las tareas de restauración. Rivadeneira destacó que el proyecto se construyó con un equipo integrado principalmente por científicos, biólogos e ingenieros, y que el objetivo es desarrollar tecnología desde Tucumán para aplicarla en distintos ecosistemas.
Durante la exposición también mencionó los proyectos de la compañía en Argentina, Bolivia y Brasil, además de su expansión hacia Paraguay y República Dominicana. Entre los trabajos que destacó se encuentra la restauración de bosques de araucarias en el Parque Nacional Lanín.
Emprender sin tener todas las respuestas
Rivadeneira también contó que la compañía se financió con recursos propios durante sus primeros 28 meses, hasta que consiguió validar su propuesta y levantar una ronda de inversión superior al millón de dólares. Actualmente, según relató, el equipo está integrado por 14 personas.
Antes de cerrar, dedicó unas palabras a su socia y cofundadora, Paula Gianserra, quien había pasado dos meses desempleada cuando comenzaron a darle forma a la empresa. Recordó que ninguno de los dos podía imaginar entonces hasta dónde llegaría el proyecto.
Su mensaje final volvió al punto de partida: no hace falta tener un plan perfecto para dar el primer paso. La experiencia, dijo, también se construye mientras se avanza, se buscan mentores y se aprende de otras personas.
“Chicos, de verdad, emprendan. Pueden generar impacto en el mundo, pueden cambiarlo”, dijo. Y cerró con una invitación que sintetizó el sentido de su historia: “Acuérdense siempre de que no tienen que tener todo resuelto, que pueden empezar con lo que tengan. Juéguensela, porque este país y esta provincia necesitan muchos más emprendedores que puedan cambiar la realidad”.







