¿El chat de mamis ayuda o suma presión? Una psicóloga analiza el efecto mental de las conversaciones en WhatsApp

Verónica Figueroa analiza el apoyo que ofrecen los grupos virtuales y las exigencias que pueden sumar. Compartir experiencias, señala, no reemplaza la ayuda concreta en la vida cotidiana.

Chats de mamis: por qué sentirse acompañada en una pantalla no siempre alcanza.
Chats de mamis: por qué sentirse acompañada en una pantalla no siempre alcanza.
Ale Casas Cau
Por Ale Casas Cau Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • En Tucumán, la psicóloga Verónica Figueroa advirtió que los grupos de WhatsApp de madres pueden sumar exigencia y soledad, ya que el apoyo virtual no suple la ayuda presencial diaria.
  • En los chats proliferan mandatos de perfección, comparaciones y consultas a inteligencias artificiales, lo que profundiza el aislamiento y la sobrecarga cotidiana en la crianza.
  • La especialista instó a reemplazar la ilusión de contención digital por redes reales que asuman tareas concretas del cuidado para aliviar de forma efectiva a las madres.
Resumen generado con IA

El grupo está activo. Circulan preguntas sobre alimentación, sueño y crianza. Alguien cuenta que le pasa lo mismo; otra persona ofrece un consejo. Pero el teléfono queda a un lado y esa madre sigue sola en su casa, cansada, con un bebé que necesita atención y sin tiempo para bañarse.

“Hay mamás que dicen: ‘No puedo ni ir al baño’”, cuenta la psicóloga Verónica Figueroa (MP 1747). Para la profesional, esa experiencia muestra la distancia que puede existir entre sentirse acompañada en una conversación y disponer de ayuda cotidiana. 

“La virtualidad no reemplaza la presencialidad”, sostiene la coordinadora de la Unidad de Prevención y Atención de las Violencias del Servicio de Salud Mental del Hospital Centro de Salud.

Los grupos pueden ofrecer información, intercambio y reconocimiento. Saber que otras mujeres atraviesan dificultades similares puede aliviar. Sin embargo, Figueroa señala que ese contacto tiene límites cuando las tareas siguen recayendo sobre una sola persona. “El saber que a otras mujeres les pasa sí alivia, sí ayuda, pero no reemplaza el acompañamiento, la ayuda y el sostén presencial”.

Cuando la comparación suma presión 

La profesional reconoce que hay grupos que contienen y sostienen. Pero también observa que en los espacios virtuales pueden aparecer mensajes sobre lo que una madre debería hacer y sobre cómo debería sentirse.

“Hay muchos gurúes, muchas personas que hablan de lo que debe ser”, plantea. Consejos que vuelven a marcar el deber, el perfeccionismo o la obligación de poder con todo.

A veces, agrega, esas intervenciones minimizan el sufrimiento. En otras ocasiones, las experiencias que se comparten producen una nueva comparación: si las demás dicen que resuelven todo, ¿por qué a mí me cuesta?

“Si muchas me dicen que lo hacen y hacen todo y pueden, entonces yo puedo seguir sintiéndome en desventaja”, explica.

Así, un espacio al que se llegó buscando apoyo puede sumar otra exigencia. La madre que está cansada o angustiada encuentra más modelos con los que medir lo que hace y lo que no consigue hacer.

Figueroa vincula ese malestar con una expectativa más amplia: las mujeres tienen incorporado que deben poder. Cuando esa obligación también aparece en las conversaciones virtuales, puede resultar más difícil reconocer un límite.

Buscar respuestas en una pantalla 

La psicóloga menciona que algunas personas llevan al consultorio respuestas obtenidas mediante inteligencia artificial. “Pero yo lo he consultado con la IA”, recuerda que le dicen, o señalan que una herramienta les indicó determinada cosa.

Su observación apunta al lugar que esas respuestas pueden ocupar cuando una persona está buscando orientación. Para Figueroa, recurrir a estos sistemas no reemplaza la ayuda profesional.

También invita a pensar qué ocurre con los vínculos cotidianos cuando buena parte de las conversaciones se desplaza hacia las pantallas.

“En la época de la hiperconectividad” también encuentra “desconexión personal entre las personas”, expresa. Habla de soledad y de la dificultad de conseguir apoyo cuando hace falta alguien que esté allí.

La tecnología puede ayudar y acompañar, reconoce. La pregunta es qué sucede fuera de esa conversación, cuando llegan las tareas, el cansancio o la necesidad de descansar.

Una red que pueda actuar 

Figueroa propone construir redes capaces de ofrecer acciones concretas. Escuchar es parte del acompañamiento. También lo es asumir una tarea para que la otra persona pueda detenerse.

Da ejemplos sencillos: visitar a una madre y decirle “andá a descansar un rato, que yo me quedo ahora”, preparar la comida o ayudar con el cuidado del bebé.

Ese apoyo puede permitir un baño, una pausa o un momento de ocio. Situaciones pequeñas que resultan difíciles de conseguir cuando toda la responsabilidad queda en manos de una sola persona.

El intercambio virtual puede seguir siendo parte de la red. Para la profesional, hace falta que también haya alguien que pueda llegar a la casa y hacerse cargo durante un rato.

Comentarios