Márama hizo viajar en el tiempo a los tucumanos: canciones, nostalgia y un desafío en el escenario

El grupo uruguayo de cumbia se presentó en la Semana del Colegio Sagrado. Entre adolescentes, jóvenes y adultos, el público cantó y bailó éxitos como “Nena” y “Bronceado”.

Márama se presentó en el colegio Sagrado Corazón- Fotos: Naza Ortiz
Márama se presentó en el colegio Sagrado Corazón- Fotos: Naza Ortiz

Resumen para apurados

  • El grupo uruguayo Márama brindó un recital en la Semana del Colegio Sagrado de Tucumán para celebrar con clásicos como 'Nena' ante un público multigeneracional.
  • Durante 40 minutos revivieron hits del auge de la cumbia cheta e interactuaron con la audiencia, sumando a niños y jóvenes al escenario en un clima festivo.
  • El evento demostró la vigencia de la banda tras una década de popularidad, logrando trascender el tiempo al conectar a varias generaciones con su música.
Resumen generado con IA

Tucumanos de distintas edades emprendieron un viaje de nostalgia al ritmo de Márama. El grupo uruguayo de cumbia se presentó durante 40 minutos en el marco de la Semana del Colegio Sagrado y convirtió el encuentro en una fiesta que cruzó generaciones. “Nena”, “Bronceado” y otros de sus éxitos hicieron cantar y bailar a un público que no tuvo una edad definida.

La escena tenía algo particular: mientras los estudiantes secundarios seguían las canciones desde las primeras filas, entre la gente también estaban aquellas que conocieron a Márama hace más de una década, cuando la llamada "cumbia cheta" atravesaba su momento de mayor popularidad. Para ellos, volver a escuchar esas canciones significó reencontrarse con una parte de su adolescencia.

Paula, de 38 años, fue una de las que no quiso perderse la oportunidad. “Me encanta, los re escucho desde que salieron, quería estar sí o sí”, contó. En la misma sintonía estuvieron Matías, de 36, y Luciana Frasca, de 35, quienes recordaron que bailaban las canciones del grupo cuando tenían alrededor de 16 años. “Siempre nos gustó y hoy no quisimos dejar de ser adolescentes”, dijeron, y celebraron que el grupo haya llegado a Tucumán para que también los más chicos pudieran escuchar sus canciones.

Adolescentes y adultos tucumanos bailando al ritmo de las canciones de cumbia cheta Adolescentes y adultos tucumanos bailando al ritmo de las canciones de cumbia cheta

La misma música, distintas generaciones

El paso del tiempo también quedó reflejado en quienes hoy tienen entre 13 y 18 años. Paula y Josefina, de 13 y 14, contaron que conocen a Márama desde 2018, a través de la hermana de una de ellas. “Vinimos porque son divertidos y nos gustan mucho. La pasamos re lindo”, explicaron.

Baltazar, de 18, encontró en el recital una continuidad entre aquel niño que escuchaba al grupo y el joven que hoy volvió a bailar sus canciones. Los conoce desde 2015 y recuerda que a los 10 años ya seguía sus temas. “A esa edad ya bailaba Márama y con 18, sigo bailando de la misma manera”, resumió.

Para Sofía Nieva, de 22, la relación con el grupo también comenzó en la adolescencia. Los conoció cuando tenía 15 años y los vio seis veces. Esta vez, dijo, tampoco sintió que estuviera fuera de lugar: volvió a disfrutar del show como cuando era más chica y eligió “Tal vez” como su canción favorita.

Así, entre quienes llegaron por primera vez y quienes acumulan años siguiendo al grupo, Márama volvió a poner en escena canciones que atravesaron distintas etapas de sus seguidores. Los más chicos las heredaron de hermanos mayores; otros las llevan asociadas a sus propios recuerdos de adolescencia.

LA GACETA / FOTO DE NAZA ORTIZ LA GACETA / FOTO DE NAZA ORTIZ

Piedra, papel o tijera para pedir una canción más

Uno de los momentos más particulares ocurrió cuando el show estaba llegando a su final. Agustín Casanova, cantante del grupo, invitó al escenario a Constantino, de 9 años, y a su hermano. La consigna fue sencilla: jugar una partida de piedra, papel o tijera.

El desafío tenía una recompensa: si ganaba Constantino, el grupo tocaba una canción más. Si ganaba Agustín, el show terminaba.

“Yo le decía ‘por favor, subime’ y me hizo subir. Perdí, pero él hizo trampa: hizo tijera y después cambió a papel”, contó el niño entre risas. El pequeño intercambio terminó convirtiéndose en una escena más de la noche y permitió extender, aunque fuera por unos minutos, una fiesta que el público no parecía querer terminar.

También Miguel, de 12 años, llegó al recital con una historia similar. Conoce las canciones por su hermano mayor y asegura que en su casa “las re escuchamos”. Incluso había practicado para cantar “Nena” durante el show, aunque finalmente no pudo hacerlo: “Se me cayó el celu y lo estaba buscando”.

Entre la nostalgia de los adultos, los recuerdos de quienes fueron adolescentes durante el auge de su estilo musical y el entusiasmo de los chicos que hoy descubren esas mismas canciones, Márama logró algo más que un recital: reunir a distintas generaciones alrededor de una banda sonora compartida.

Comentarios