Resumen para apurados
- Tras retirarse, Facundo Imboden, campeón de la Libertadores 2001 con Boca, lidera en Buenos Aires la empresa familiar de demoliciones luego de un problema de salud de su padre.
- Surgido de Boca, jugó en Olimpo y brilló en la Universidad Católica de Chile hasta su retiro en 2012, cuando pasó de marcar rivales a derribar estructuras edilicias.
- Su caso visibiliza la reinvención laboral tras el retiro deportivo; hoy combina la gestión empresarial con la dirección de una escuela de fútbol infantil en Ituzaingó.
Facundo Imboden pasó de marcar delanteros a tirar paredes abajo. El ex defensor surgido de Boca, que integró el plantel campeón de la Copa Libertadores 2001, encontró después del retiro una ocupación muy distinta a la que lo acompañó durante buena parte de su vida: se hizo cargo de una empresa familiar dedicada a la demolición de estructuras. El contraste es llamativo, sobre todo porque antes de cambiar los botines por las obras había recorrido buena parte del fútbol sudamericano y compartido vestuario con figuras históricas.
Imboden llegó a las divisiones inferiores de Boca cuando tenía apenas nueve años, procedente de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó. 10 años después consiguió debutar en Primera como lateral izquierdo en un triunfo 3-2 frente a Colón de Santa Fe, partido en el que disputó el primer tiempo. En total jugó 10 encuentros con la camiseta azul y oro y formó parte del plantel que conquistó la Libertadores de 2001, en una etapa en la que coincidió con referentes como Juan Román Riquelme y Martín Palermo.
Ese mismo año comenzó a buscar continuidad lejos de la Bombonera. Salió a préstamo y pasó por Belgrano de Córdoba y Millonarios de Colombia, antes de regresar a Boca para disputar un último encuentro frente a Olimpo de Bahía Blanca. Curiosamente, apenas un mes después terminó incorporándose al conjunto bahiense, desde donde iniciaría otra etapa de su trayectoria.
Su mejor versión apareció en Chile
Después de un año en Olimpo, Imboden emigró a Universidad Católica y encontró allí la mayor estabilidad de su carrera. Permaneció durante cinco temporadas en el club chileno y, en ese período, completó su transformación de lateral izquierdo a defensor central. Su rendimiento lo llevó a consolidarse como uno de los zagueros más destacados del campeonato y llegó incluso a ser observado por Marcelo Bielsa, que entonces estaba al frente de la selección de Chile.
El entrenador argentino evaluó la posibilidad de que Imboden obtuviera la nacionalidad chilena para poder convocarlo a “La Roja”, aunque la alternativa nunca terminó de concretarse. Tras su paso por Universidad Católica, el defensor continuó su carrera en Gimnasia y Esgrima La Plata, Ferro Carril Oeste y Deportivo Cuenca de Ecuador, hasta que en 2012 decidió ponerle punto final a su etapa como profesional.
De las canchas a las demoliciones
El retiro estuvo atravesado por una situación familiar. Su padre sufrió un infarto y ese episodio aceleró la decisión de regresar y asumir mayores responsabilidades dentro de la empresa de demoliciones que pertenecía a su familia. Así comenzó una vida laboral completamente diferente, aunque él mismo encontró una manera particular de unir sus dos etapas.
“Pasé de tirar jugadores a patadas a tirar casas abajo”, bromeó tiempo atrás en una entrevista con Infobae. La frase resume el cambio con bastante precisión: de los entrenamientos, concentraciones y estadios pasó a convivir con máquinas, escombros y edificios que deben ser desmontados.
Sin embargo, nunca se alejó por completo del fútbol. Durante siete años integró el equipo Senior de Boca, con el que volvió a consagrarse campeón y tuvo la posibilidad de dar una vuelta olímpica en La Bombonera. Además, conduce una escuela de fútbol infantil en Gimnasia de Ituzaingó, precisamente el club de barrio donde empezó a jugar antes de llegar a las inferiores del “Xeneize”.
Más de dos décadas después de haber integrado un Boca campeón de América, Imboden mantiene así un vínculo con el deporte, aunque su actividad cotidiana transcurre muy lejos de los grandes estadios. Su historia terminó tomando un rumbo difícil de imaginar cuando daba sus primeros pasos en Primera: de levantar una Copa Libertadores a dedicarse profesionalmente a derribar edificios.







