Imaginemos Yerba Buena en la década de 1930. Se accedía a ella por avenida Aconquija desde el Camino del Perú hasta el pie del cerro. Luego de transitar tres km, más o menos, entre fincas, baldíos y una que otra casa, se pasaba por la Nueva Villa de Marcos Paz, con muy pocas residencias todavía, aunque muy importantes y de estilo. Donde esta villa finalizaba, se pasaban las vías del FF.CC (tren grande) a la altura entre las hoy calles Belgrano y Lobo de la Vega y ya, sí, nos encontrábamos en Yerba Buena propiamente dicha. Cuando se llegaba a la intersección de avenidas Aconquija y Solano Vera y se desviaba hacia el Sur (antiguo Camino a San Pablo), después de varias cuadras, se arribaba al verdadero Casco Viejo de la localidad que era la Plaza Vieja con su Iglesia del Carmen (la más antigua, iniciada en 1893 e inaugurada en 1903) y donde a su alrededor funcionaron los primeros organismos oficiales, como la Comisión de Higiene y Fomento, antecesora de la comuna rural y hoy municipio, el juzgado de Paz y la comisaría. Y más al Sur, como envolviendo a esta zona de fundación, La Rinconada, con sus fértiles tierras y sus manantiales. Volviendo a una de las esquinas referentes de Yerba Buena, Aconquija y Solano Vera, cabe destacar que, después que algunos inmigrantes como mi padre, Melitón Fuentes, y mi abuelo materno Ricardo de Pedro, españoles; como Emilio Fiad y hermanos, libaneses, y Mahumet -no sé si árabe o turco-, ahí se establecieron entre 1927 y 29 con sus negocios y viviendas nuevas en este antiguo y simple cruce de caminos, el lugar no volvió a ser el mismo. En adelante, con el correr de los años, esa esquina fue desplazando el eje comercial ,social y hasta cultural del Casco Viejo de la primitiva Yerba Buena. En 1934 habían proliferado notablemente las casas-negocio tanto al Este como hacia el Oeste. Gran variedad de actividad comercial de alimentos, ramos generales y también de servicios y recrea- ción, hasta de ladrilleras y fábrica de mosaicos. Era una comunidad básicamente agrícola- ganadera, con sus cañaverales, sus quintas de citrus, sus huertas y corrales, mayormente en La Rinconada. Sin embargo, esta población tenía otras aspiraciones. Como la creación del “Centro Social, Mutual, Cultural y recreativo Yerba Buena”, ocurrida el 5 de mayo de 1938. Esta institución, conformada por sus socios fundadores y dirigentes, mayoritariamente por extranjeros que ya se sentían argentinos por adopción, aquerenciados en este hermoso lugar que amaban y querían verlo progresar. La primera comisión directiva que erigió el Mástil se constituía asi: Presidente: Julio Miranda Arce; Vice: Emilio Fiad; Secretario General: Ricardo de Pedro y Tesorero: Pedro Maderuelo. Lo sorprendente es que, a sólo dos meses de iniciar sus actividades, este grupo de ciudadanos, sin ayuda oficial, erige el Mástil como homenaje a la bandera, un sábado 9 de julio de 1938. Aquellos hombres no sospecharon que levantaron lo que iba a constituirse en el ícono yerbabuenense por antonomasia y primer monumento del lugar, anterior al Cristo del Perú y a la Virgencita María Auxiliadora, posteriores. Referente de ubicación, símbolo de identidad tradicional y actual mojón, punto de referencia ineludible de este municipio y caja de resonancia por décadas de casi todo lo importante o notable que acontecía en todo acto cívico, patrio o simplemente social o político. Y ahí está, con sus 88 años, ondeando nuestro bello pabellón con el fondo verde-azulado de nuestro querido cerro San Javier. Con la sanción de la reciente Ordenanza del 2 de julio de este año se hizo realidad un viejo anhelo comunitario y se agradece efusivamente al Honorable Concejo Deliberante por esta decisión unánime. Los vecinos preocupados por el digno mantenimiento y conservación de nuestro “Obelisco comarcano”, como lo bautizó quien escribe estas líneas, vemos con agrado que se lo haya declarado “patrimonio histórico y cultural del municipio de Yerba Buena”. De ahora en más, a los ciudadanos que desde siempre nos sentimos orgullosos de nuestro Mástil, nos resta confiar que el Ejecutivo municipal sabrá estar a la altura de hacer cumplir la citada ordenanza de la mejor manera posible, para beneplácito de todos los que amamos ese lugar único y bendecido que es Yerba Buena.
Alberto Melitón Fuentes
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