El demonio de la escritura

Por Hernán Carbonel para LA GACETA.

Hace 5 Hs

Diego Muzzio ha publicado dos libros de cuentos (Mockba y Doscientos canguros), un volumen que contiene tres nouvelles (Las esferas invisibles), una decena de libros para el público infantil, varios títulos de poesía y una novela (El ojo de Goliat) que le valió el Premio Fundación Medifé-Filba.

Ahora acaba de publicar una de esas nouvelles de manera independiente, El intercesor, a través del sello Minotauro, ilustraciones incluidas de Julián De La Mota, casi en paralelo con Fiel a mi demonio, por la colección Íntima de Godot, donde los autores –antes de él, Heker y Bazterrica– narran y asumen los desafíos del oficio de la escritura.

Algo que se define como “Leer para vivir otras vidas. Escribir para no parecer. Un ensayo sobre la literatura como salvación, viaje, destino y forma de habitar la realidad”.

El volumen abre con esta maravillosa cita de Orwell: “Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender”.

Muzzio, entonces, narra su infancia en Bahía Blanca, sus primeras aproximaciones a la lectura, el fallecimiento de su padre y los desafíos que este le planteó al plantarle un libro en las manos, cuando fue “condenado a leer”. Porque leer es “un soplo de aire en la asfixiante oscuridad”.

Dice Diezo Muzzio para este artículo que “escribir el libro fue un ejercicio de memoria e introspección. Como explico ahí, no tengo todo el tiempo que quisiera para escribir y, por lo general, no siento una inclinación particular hacia la teoría ni a preguntarme por qué escribo o cómo. Llevar adelante una historia, terminar un libro, ya es en sí mismo un trabajo consecuente”.

Narra el detrás de escena, el riesgo frente a la creación, la composición de sus nouvelles y su novela, porque, dice, está “la humildad que consiste en saber que, en términos literarios, siempre somos principiantes”. Qué hay, qué vive, que late en ese proceso. Y, de algún modo, conecta con El intercesor, cuando habla de “el terror sobrenatural al retorno de los muertos”, como se ve en el capítulo “La puerta sombría del desierto”, donde se cruzan Ulrico Schmidl, Mujica Láinez, Borges, Piglia. Civilización y barbarie.

Cuenta también Muzzio de su gusto por la Historia: “Siempre he leído Historia y una de mis primeras obsesiones fueron las guerras civiles argentinas, Unitarios y Federales, la época de Rosas. Sarmiento, Mansilla, Echeverría, Mármol, están entre mis primeras lecturas”. Porque, al decir de Estanislao Zeballos, la pampa es “el país del diablo”, y es ahí, en esa intersección entre historia argentina y literatura, donde los géneros (fantástico, ciencia ficción, terror, gótico, weird) se difuminan y ambos libros se cruzan.

© LA GACETA

Hernán Carbonel – Periodista y escritor.

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