Una tierna, conmovedora y terriblemente buena biografía coral de Leopoldo Brizuela. Escrita, sentida y pensada por Guido Herzovich con la mayor pasión y una súper excelencia literaria, en cuyas páginas el autor rescata la voz de las personas que conocieron y amaron a Brizuela, empezando por su viudo, Ariel Sánchez.
De algún modo estamos frente a un libro que tiene algo de La verdadera vida de Sebastian Knight, de Nabokov, cuyo protagonista, en busca de rescatar la vida de su hermano, muerto prematuramente, va al encuentro de quienes lo conocieron y de textos suyos inéditos.
Aquí también, Herzovich, movido por el deseo de hacer un retrato sobre “Leo” para la revista literaria “El Ansia” (tuvo ocasión de entrevistarlo un par de veces, aunque el dossier terminaría siendo un homenaje, a raíz de la muerte de Brizuela), deslumbrado por este “Rimbaud” latinoamericano, emprende la escritura de este libro.
Largas conversaciones con su pareja, en pleno duelo, rastrea personas, lugares y el prolífico archivo de su casa en Tolosa, reveladores de una figura enorme y en cierto modo desconocida.
Así, habla con Hebe de Bonafini acerca del vínculo materno filial que alguna vez tuvo con Leopoldo. También lo tuvo con Marta Lynch: era el mimado de su taller literario y entonces reproduce algunas de sus cartas enternecedoras destinadas al joven y privilegiado alumno.
Herzovich se encuentra con dos novias de adolescencia de Brizuela, en sus inicios sentimentales. Ellas –como todas las personas que se vincularon con él- destacan su inmensa bondad y su sensibilidad.
El libro está escrito, pensado y sentido con una delicadeza extraordinaria, donde también son protagonistas la excelencia de sus páginas y la emoción que las recorre.
“Tuve días peores”: Leopoldo bromeó una vez con que es debía ser su epitafio. Un espléndido y plural testimonio destinado a rescatar la vida y la obra de uno de nuestros grandes escritores.
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