El 16 de septiembre ha sido el Día del Almacenero, que debe soportar sobre sus espaldas y su bolsillo las peores crisis económicas, como la que estamos padeciendo en estos días, en las que familias enteras salen a pedir no sólo comida. Es tanta la necesidad que te piden pan duro con recortes de fiambres y allí aparece el corazón solidario del almacenero que corta una feta de mortadela, parte un pan y se la da a ese hermano que tiene hambre. Hace más de 30 años que tengo un almacén de barrio; mi mostrador es un confesionario; la experiencia me indica cuándo te están “verseando” o cuándo existe una necesidad real. Muchas veces haciéndoles un trámite, indicándoles qué hacer o trasladarlos en caso de urgencias médicas, práctica que la hace gratuitamente el amigo almacenero; tan solo por recibir un simple ¡Gracias! Para mí, mi esposa que dirige mi almacén y a todos esos almaceneros que tienen más de 10 años en el rubro, les deseo un mundo de bendiciones, un feliz día; no les pido que brinden, porque temprano ya tienen que atender al panadero, sino que Dios nos siga protegiendo.
Francisco Amable Díaz
Franciscoamablediaz@gmail.com







