Si se pregunta de qué color es el cielo, la respuesta rápida es: negro de noche y celeste o azul de día. Pero estos no son los únicos colores que se ven en el cielo.
Lo que se ve es la luz del Sol que llega a la Tierra. El Sol emite radiación visible y no visible. Gran parte de esa radiación es absorbida por la atmósfera, lo que hace posible la vida. Lo que llega a la Tierra es absorbida y dispersada por la atmósfera y alguna pasa sin ser afectada. El vapor de agua, el nitrógeno y el oxígeno de la atmósfera dispersan la luz. Cada color es dispersado de diferente manera y el más afectado es el azul. Al dispersarse se mueve para todos lados, por eso vemos el cielo azul, aunque no se mire en dirección al Sol. Esto se llama dispersión de Rayleigh, porque fue el físico inglés Lord Rayleigh el que logró explicar ese fenómeno.
Cuando el Sol está cerca del horizonte, al amanecer y al atardecer, la luz atraviesa una capa más gruesa de la atmósfera. El azul sigue dispersándose en todas las direcciones, pero el naranja y los rosados que se dispersan menos, se los puede ver en la dirección en que sale el Sol. Este es un proceso lento, lo que permite ver cómo van variando los colores que tanto maravillan al amanecer y al atardecer.
Cuando el Sol está entre 4 y 6 grados debajo del horizonte el cielo se ve azul, lo que se conoce popularmente como la Hora Azul. En ese momento la luz solar no llega directamente a la Tierra, lo que se ve es lo que se dispersa hacia arriba. Cuando está entre 4 grados debajo del horizonte y algunos grados por encima de él se llama la Hora Dorada, porque el color que más se ve es el amarillo.
Hay que destacar que estos fenómenos ocurren si el cielo está despejado, no hay nubes y en un lugar sin contaminación. El amanecer y el atardecer no son iguales porque a la mañana, como hay menor actividad y menos vehículos circulando, la atmósfera está más limpia que al atardecer y también su temperatura es mayor que al amanecer.
Los que viven en ciudades con industrias que contaminan la atmósfera no pueden ver todos estos procesos porque las partículas en suspensión también dispersan y absorben la luz solar. Si hay vapor de agua, que puede ser en forma de nubes visibles o en una capa que no se percibe, tampoco se pueden ver porque actúan como una pantalla opaca.
Por la noche, al no llegar la luz solar el cielo se debería ver negro. Esto solo ocurre en lugares sin contaminación, cuando no hay Luna en la noche. También afecta las partículas que hay en la atmósfera, el vapor de agua y la contaminación lumínica. En las ciudades que están muy contaminadas lumínicamente el cielo nunca se ve negro, tampoco se ven muchas estrellas y si hay mucha humedad se lo ve rojizo. En lugares en lo que no hay iluminación artificial a veces se ve el reflejo de la luz de ciudades cercanas.
Pero no siempre fue así. Cuando la Tierra se acababa de formar la atmósfera era diferente. Además con el desarrollo de las industrias y la tecnología la atmósfera se fue contaminando y su composición se fue modificando. Si la contaminación no se controla el cielo se verá gris y cada vez se verán menos estrellas en la noche.
En otros planetas del Sistema Solar o de otros sistemas planetarios, que tengan atmósfera, los colores que se vean pueden ser diferentes.
Hay que cuidar el cielo para que las generaciones futuras puedan ver esto procesos maravillosos y puedan ver las estrellas.







