Circular por San Miguel de Tucumán, Yerba Buena o Tafí Viejo se ha vuelto un calvario. Una absurda epidemia de crueles lomos de burro está enfermando las ciudades, generando destrozos de vehículos y numerosos accidentes. Resulta insólito, llamativo y sospechoso por corrupción, gastar tantos recursos de nuestros impuestos, en lomos de burros en lugar de educar, reparar pérdidas de agua, pavimentar nuevas arterias, tapar eternos baches o quitar obstáculos para facilitar la circulación y habilitar lugares para estacionar. La falta de idoneidad impide tomar las decisiones correctas. El tráfico vial funciona como los fluidos y los obstáculos solo frenan y complican más la circulación, obligando a los conductores a elegir las pocas arterias donde aún no llegó la “epidemia de lomos”. Para sumar problemas tenemos semáforos mal calibrados o instalados en zonas sin tránsito, calles que fueron reducidas en su ancho, sentidos de circulación que cambian dos y tres veces en la misma arteria (Mendoza, Crisóstomo Álvarez, San Lorenzo, etc.), inútiles carriles “exclusivos” que solo sirven para reducir el flujo de calles y avenidas, dificultando el ascenso y descenso de pasajeros particulares, poniendo en grave riesgo a ciclistas y motociclistas que deben ir por el medio de las arterias, complicando los giros, y poniendo en peligro la vida de las personas. Obviamente tampoco pensaron en las ambulancias, policías o bomberos que circulan por calles angostas con tránsito bloqueado, paradójicamente donde están los principales sanatorios, universidades, escuelas, colegios u oficinas públicas en cuyos horarios pico, pasar es imposible. Yerba Buena también parece campo minado de lomos, y pintó de amarillo los cordones de media ciudad, por lo que no hay dónde estacionar, en una ciudad sin guarderías, pero sí con instantáneos colocadores de cepos que solo buscan recaudar y complicar la vida de todos, sin importar urgencias ni discapacitados. Inviertan en educación y no en trabar la circulación. Las normas de tránsito y convivencia se deben aprender en la escuela y no a los golpes con lomos de burro o mediante absurdas disposiciones dilapidando recursos que deberían usarse para el bien común, y no en decisiones irracionales.
Pablo Cotella
pablocotella@hotmail.com







