Cartas de lectores

Por Redacción LA GACETA 23 Agosto 2026

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

La locura de los pañuelos verdes

Me ha resultado inexacta y delirante la expresión del presidente Milei en el encuentro anual del Consejo de las Américas, al referirse a la baja de la natalidad, señalando como causa inexorable el aborto legal y las consecuencias sobre el crecimiento económico del país. El debate en torno a esta ley ya lo dio la sociedad y no es mi intención retomarlo. Lo que ha obviado el Presidente es la macro situación (ya que se ufana siempre de lo macro) que lleva a las parejas  -y a las mujeres en especial- a posponer la maternidad o renunciar a ella. Una crisis alarmante y una falta de empleos que convierte al sueño de tener una familia en una pesadilla amenazante. Se han perdido más puestos de trabajo que en la pandemia, los jóvenes no tienen expectativas laborales, salvo trabajar de uber o de Rapi; la ubermoto, como síntoma  de pobreza, ha convertido a las calles en  pasarelas del terror; los emprendedores _que abundan_ no tienen a quién venderle porque el poder adquisitivo depende del ingreso mensual, legitimado por un trabajo estable; acceder a una vivienda o a un alquiler se ha vuelto un anhelo inviable que ha obligado a muchos a regresar a la casa paterna. Los problemas de salud mental y la ausencia del Estado para contenerlos, han incrementado escabrosamente el índice de suicidios al punto de que se ha convertido en una de las principales causas de muerte. Las obras sociales están en crisis, las prepagas son impagables. En esta distopía social llena de incertidumbre y de desconcierto, la maravilla de la maternidad se eclipsa y se sustituye por la imagen de una parición adentro de una trinchera y  en medio de un bombardeo. Podemos agregar el cansancio  y la desprotección de muchas mujeres, el retiro de la ayuda social y de los programas contra la violencia de género. Lejos de la imagen querida de San José cuidando del Niño y de la Madre, y procurando un Pesebre para el bendito Nacimiento, los femicidios inundan los portales de noticias mientras las políticas de Estado en defensa de las mujeres han retrocedido. Un tendal de niños han visto morir a sus madres en manos de agresores que ya habían sido denunciados. Podrá el Presidente, por una vez, entender que en este país que él gobierna (o que cree gobernar) las personas tienen debilitadas las esperanzas. Ojalá se pueda retomar el sendero y soñar sueños individuales y colectivos, donde un niño que nace es un milagro al que los poderes políticos acuden a adorar, desde la protección y el amor, como hicieron los Reyes del Oriente.

Graciela Jatib

gracielajatib@gmail.com

Por qué elegimos a quienes nos gobiernan

El historiador y pensador Yuval Noah Harari advierte sobre una paradoja de nuestro tiempo: hemos alcanzado un enorme poder tecnológico sin desarrollar, necesariamente, una prudencia equivalente. Según Harari, nuestra biología puede ayudar a explicar por qué personas impulsivas, narcisistas o poco reflexivas llegan a posiciones de poder. La evolución no nos preparó para buscar la verdad, sino para sobrevivir: quien habla con certeza puede resultar más convincente que quien conoce la complejidad de un problema y admite sus dudas. Las sociedades necesitan relatos compartidos -naciones, religiones, dinero, fronteras o determinadas ideas políticas- para organizar la cooperación. Pero quien percibe sus contradicciones y matices puede tener más dificultades para transmitirlos que quien cree firmemente en ellos. En las redes sociales, los algoritmos privilegian aquello que provoca reacciones: miedo, indignación, odio o burla. Una explicación rigurosa puede perder frente a una afirmación falsa, simple y emocional. Este entorno no solo refleja nuestros impulsos, sino que también los amplifica. Para Harari, los líderes son, en cierta medida, un síntoma de nosotros mismos. Ante la incertidumbre buscamos seguridad y respuestas sencillas; incluso podemos preferir a quien sentimos como parte de “los nuestros” antes que al más capaz. El desafío no consiste solo en cambiar a los líderes, sino también las condiciones que los favorecen. Recuperar la soberanía sobre nuestra atención, cultivar el silencio y la lectura profunda, y fortalecer la ciencia, el periodismo y las instituciones independientes pueden ayudarnos a pensar antes de reaccionar. El futuro dependerá no solo de la tecnología que seamos capaces de crear, sino de la conciencia con que aprendamos a utilizarla.

Jorge Ballario

jballario@coyspu.com.ar

Comentarios