Resumen para apurados
- Tras los sismos de 2026 en Sudamérica, la ONU y la OMS alertaron en Estambul sobre el alto riesgo de un gran terremoto en Turquía para reforzar la prevención sanitaria.
- La advertencia surge tras sismos en Venezuela, Colombia y Perú, junto a estudios que estiman hasta un 60% de probabilidad de un sismo de magnitud 7 en el Mar de Mármara.
- Los países acordaron blindar la infraestructura hospitalaria y capacitar equipos médicos para reducir el impacto sanitario y económico ante futuros eventos inevitables.
Al 24 de junio en Venezuela le siguió el 10 de agosto en Colombia y ahora el 21 de este mes también, en Perú. Los terremotos que sucedieron próximos en Sudamérica con apenas tiempo de diferencia en 2026 pusieron en vilo al mundo y obligaron a las naciones, con excepción de la última, a declarar las emergencias sociales, humanitarias, económicas y ecológicas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió a este fenómeno natural como el tipo más mortífero y convocó a las autoridades a prepararse para el próximo desastre del que ya se conoce una posible ubicación.
En la primera semana de julio, a pocos días del devastador terremoto en Venezuela y tiempo antes del de Colombia, ministros de salud, jefes de delegaciones nacionales y altos funcionarios se reunieron en Estambul para acordar la próxima estrategia de protección de los sistemas de salud y de la población ante un inminente gran sismo. En aquella cumbre se identificó que el país de residencia, Turquía, podría ser el siguiente epicentro del desastre.
Alerta en el Mar de Mármara y las zonas críticas de Europa
Alrededor de 200 participantes de zonas de África, Europa, el Mediterráneo Oriental y el Pacífico Occidental asistieron a la conferencia convocada por el Gobierno de Turquía y la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud. El llamado se produjo tras un reciente estudio que puso el foco en la región de Estambul donde la falla bajo el Mar de Mármara podría causar un terremoto de magnitud 7, similar a los de la región sudamericana en las próximas décadas.
Estimaciones revisadas por pares advirtieron la probabilidad de que un terremoto de magnitud 7 o superior afecte a Estambul en las próximas décadas en torno al 40-60%, según el comunicado de la OMS del 1 de julio. Pero el riesgo no se limita a Turquía, señalaron. Los 53 Estados miembros de la Región Europea de la OMS abarcan dos de las principales zonas sísmicas del mundo. En el oeste y el sur, cuatro países —Grecia, Italia, Rumania y Turquía— concentran casi el 80 % de la pérdida económica anual promedio estimada por terremotos en Europa, que asciende a 7 mil millones de euros. En el este, casi la totalidad de Kirguistán y Tayikistán, así como partes de Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán, junto con el Cáucaso Meridional, se encuentran en zonas de muy alto riesgo sísmico.
La baja percepción del riesgo ante una amenaza latente
Al mismo tiempo advirtieron que un desastre podría atravesar las naciones, un único terremoto de gran magnitud que podría originarse en el valle de Fergana, donde viven 11 millones de personas y que es compartido por Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.
A pesar del escenario de vulnerabilidad, la concienciación pública se encuentra notablemente por detrás de la amenaza real. En la Unión Europea, por ejemplo, más de un tercio de la población vive en zonas con riesgo sísmico moderado o alto, pero solo una de cada ocho personas percibe el peligro latente. Hans Henri P. Kluge, Director Regional de la OMS para Europa, enfatizó que la tragedia vivida en Venezuela tras el último sismo es un recordatorio urgente de que los desastres no dan aviso y que un hospital destruido en los primeros minutos no puede salvar vidas en las horas posteriores.
Blindar los hospitales: la lección de las tragedias pasadas
Las sombrías lecciones del pasado reciente respaldan esta urgencia. Los devastadores terremotos de febrero de 2023 en el sur de Turquía y el noroeste de Siria dejaron más de 53.000 muertos y destruyeron o dañaron severamente 15 hospitales turcos. Este colapso redujo la capacidad de atención en el momento de mayor demanda, generando un peligroso cuello de botella asistencial e impactando gravemente en la salud mental tanto de los sobrevivientes como de los propios equipos de rescate.
Para mitigar futuros escenarios catastróficos, los países participantes de la cumbre acordaron una serie de pautas destinadas a blindar la infraestructura sanitaria. La estrategia contempla construir nuevos centros de salud bajo strictly normas antisísmicas, adecuar los edificios existentes y prever sistemas de respaldo de energía y agua. Sorprendentemente, incorporar la protección contra desastres en el diseño de un nuevo hospital incrementa su costo total en menos del 4%, mientras que modernizar los componentes críticos de uno ya edificado cuesta apenas el 1%, protegiendo hasta el 90% de su valor según estimaciones de la ONU.
Un compromiso urgente para prevenir en tiempos de calma
Asimismo, las naciones se comprometieron a mantener equipos médicos de emergencia capacitados para desplegarse en cuestión de horas, coordinar acciones transfronterizas con sectores clave como el urbanismo y la protección civil, y realizar simulacros periódicos. La consigna compartida por las autoridades sanitarias al cierre de la cumbre fue contundente: ante la certeza científica de que el próximo gran terremoto llegará, el momento de actuar y prevenir es durante los años de calma y no entre los escombros.













