Rasgar, abrir, separar: el camino de María Aráoz hacia “Sedimento”

La exposición propone un recorrido por las capas materiales y simbólicas que conforman la producción de la artista. Papeles, telas, fibras y objetos recuperados dialogan en una búsqueda netamente personal. “Todas son cosas que forman parte de mi vida”, destaca.

DISTINTAS PROPUESTAS DE LA MUESTRA. Todas ellas coinciden en que “escaparon” del formato tradicional del cuadro.
DISTINTAS PROPUESTAS DE LA MUESTRA. Todas ellas coinciden en que “escaparon” del formato tradicional del cuadro.

Cuando los fragmentos de una historia se encastran pueden conformar un todo armónico. Por ejemplo, un “Sedimento” como el desplegado por María Aráoz en el Centro Cultural Rougés. “El concepto tiene una carga metafórica fuerte porque te habla de tiempo, de decantación, de recuerdos, de cosas que siguen existiendo -explica-. En este caso, todas son cosas que forman parte de mi vida”. Las obras parecen haber encontrado en la casona una escala inesperada para desplegarse: textiles de grandes dimensiones, superficies atravesadas por transparencias, veladuras, pequeñas cerámicas... Una arqueología personal y artística desplegada frentre a la plaza Independencia.

La exposición nació de un proceso de búsqueda, selección y reencuentro con materiales que Aráoz viene empleando desde hace largos años. Ese fue el punto de partida para un camino curatorial y de gestión junto a Cecilia Quinteros Macció, conversaciones que encontraron a la artista con una extensa trayectoria ya recorrida y, al mismo tiempo, en un momento de cambios personales que terminarían por abrir una nueva etapa en su obra.

No obstante, el arte no había sido su primera elección, ya que antes estuvo la Abogacía. Cerca de los 33 años se produjo el cambio de rumbo. “El arte se convirtió en mi pasión y me captó totalmente, me tomó”, subraya. Su paso por la Facultad definiría buena parte de su lenguaje, sobre todo cuando ingresó al taller C, dedicado al arte contemporáneo, y comenzó a apartarse de los procedimientos tradicionales para experimentar con otros medios.

El papel apareció entonces como un material especialmente cercano a su sensibilidad, al que aprendió a intervenir de muchas maneras: lo barnizaba, lo pintaba, le hacía frottage y lo presentaba dándole volumen. Más tarde comenzó a utilizarlo como sustituto de la pintura, construyendo collages figurativos.

“Fui zigzagueando en distintas búsquedas”, sostiene Aráoz. Después llegaron las fibras textiles, las telas, las lanas, la costura y el tejido. En 2015 realizó una de sus primeras muestras individuales importantes en Borde Galería, donde presentó un papel que ya adquiría una presencia decididamente escultórica, con volumen y sombras. Aquella experiencia marcaría un largo período posterior, nutrido de formas que comenzaron a comprimirse y a ingresar en el marco del cuadro, coincidiendo con su acceso al circuito de galerías y al mercado del arte.

Durante años, el calado de papel en capas superpuestas se convirtió en un rasgo reconocible de su producción. Es más; durante la pandemia, mientras algunos artistas atravesaban bloqueos creativos, Aráoz se ubicó en el otro extremo. Lo suyo fue pura producción. En ese recorrido reconoce la importancia de Blanca Machuca, a quien considera una figura fundamental en su formación. “Crecí como artista al lado de ella”, sintetiza.

Alternativas

El punto de inflexión que conduciría a “Sedimento” coincidió con otro cambio. Aráoz se mudaba de la casa en la que había vivido durante años a un espacio más pequeño, correspondiente, como ella misma lo define, a “otro momento vital”, con sus hijos ya grandes. La mudanza imponía una selección. Y en ese proceso comenzaron a reaparecer materiales y objetos que habían permanecido guardados.

“Me tenía que reducir; y en la selección empiezan a aparecer pedazos del pasado, incluso de los años de Facultad”, apunta Araóz. Allí emerge el núcleo conceptual de la muestra. Como las capas que se depositan unas sobre otras, las obras contienen rastros de diferentes tiempos. En cada una de estas superficies, en esos “micropaisajes”, como los denominó junto a Quinteros Macció, el sedimento “late al mismo tiempo que el presente y el pasado”.

Aráoz tomó obras que no habían llegado a resolverse, restos de papeles cuyo destino nunca había encontrado, fragmentos textiles y materiales de diferentes momentos para ensamblarlos en piezas nuevas. Además, añadió nuevas elementos. Por ejemplo, papeles de apariencia oriental y mallas de alambre cobrizo. También reaparece el color, después de un período dominado por los tonos neutros.

“No es un expresionismo furioso”, aclara Aráoz, pero reconoce que el fluorescente constituye una novedad dentro de esta etapa. “Siempre matizado; tamizado por alguna veladura, porque esas son las características de mi obra. Hay transparencia, hay superposición de capas, hay una atrás y una adelante”, analiza.

En el texto curatorial surgido de las charlas con Quinteros Macció esas operaciones son definidas mediante verbos precisos: “rasgar, abrir, separar”. Para Aráoz, ese movimiento hacia las capas más profundas tiene también una dimensión personal. “Un poco como si uno siempre estuviera en un proceso de buscar más atrás y también de buscarse a uno mismo -sostiene- Creo que es lo que todos hacemos de alguna manera”.

En detalle

“Sedimento” propone una forma diferente de ocupar el espacio. Algunas piezas abandonan deliberadamente la lógica del cuadro o de la caja. Los grandes textiles se despliegan con libertad, las formas emergen de los planos y el volumen adquiere una importancia decisiva. Aráoz afirma que para esta exposición la ganó la audacia. Y está la cuestión de las sombras, claro, a las que les asigna un espesor plástico y simbólico.

“La sombra es una parte que nos constituye a todos, así que me gusta que las obras tengan su sombra también. Me parece un elemento interesante como parte de una obra”, advierte. Por eso, incluso las piezas encerradas en cajas se separan del fondo para proyectar su propia presencia.

La decisión de mostrar algunas piezas fuera de los límites habituales fue también una consecuencia del encuentro con el edificio del Rougés. La arquitectura del lugar, con sus dimensiones y alturas, terminó convirtiéndose en un interlocutor fundamental.

Otra de las singularidades de “Sedimento” es que cada material parece traer consigo una biografía. Algunas cerámicas fueron fruto de un taller al que Aráoz asistió dos años atrás. Otras formas habían quedado guardadas, esperando una posibilidad. Un fragmento textil pertenecía al vestido que la artista utilizó como madrina en el casamiento de su hija. Algunos papeles datan de los tiempos del taller C de la Facultad.

Hay también obras que, en su momento, la artista prefirió postergar. Una con lentejuelas y brillos había quedado guardada porque nunca terminaba de convencerla. Ahora encontró un lugar como fondo de otras formas que se superponen y la velan. Otras piezas tienen su propio recorrido, ya que fueron exhibidas en el Centro de Arte Textil, en Buenos Aires.

Cuestión de tiempos

El público comenzó a recorrer “Sedimento” desde la inauguración con una actitud que la artista observa con especial interés. Entre los saludos y el movimiento de la apertura, Aráoz no pudo detenerse demasiado a contemplar las reacciones. Pero luego, a través de videos y registros, descubrió cómo la gente se acercaba a las obras, las miraba de cerca, intentando encontrar algo detrás de cada capa. Una conexión que no necesita necesariamente de una explicación.

Lo que aparece con claridad es la presencia de la artista. Aráoz lo vincula con el momento que atraviesa, tanto en su vida como en su producción. “Creo que tiene que ver con una madurez tanto vital y personal como de la obra -resalta-. Hay mucho puesto ahí”.

“Sedimento” puede leerse entonces como el resultado de un largo proceso, pero no como una retrospectiva. Es una obra nueva construida con materiales que cargan años, experiencias, decisiones, abandonos y recuperaciones. Fragmentos de lo que fue y de lo que sigue siendo. Papeles, telas, fibras, cerámicas, ramas, sombras y colores que se encuentran en el presente sin borrar sus procedencias. Como ocurre con el sedimento, ninguna capa está completamente sola. Debajo o detrás siempre permanece algo.

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