Las máscaras de Lilian Mirkin en “Melodramas”

Dos relatos cortos se presentan en una puesta en escena que juega con la ductilidad corporal.

TÉCNICA ESPECIAL. Las máscaras permiten desplegar la gestualidad.
TÉCNICA ESPECIAL. Las máscaras permiten desplegar la gestualidad.
Hace 4 Hs

Las máscaras no ocultan los rostros, sino que liberan la capacidad expresiva de los cuerpos en “Melodramas”, la propuesta teatral que Lilian Mirkin presentará esta noche, desde las 20, en la sala principal de El Círculo de la Prensa (Mendoza 240). La obra se repondrá los próximos dos sábados de este mes.

La directora es, además, una de las intérpretes de la puesta junto a Antonella Mazziotti, Juan Pablo Quiroga y Pablo Mellace. “La estructura del espectáculo contiene ‘El oso’ de Anton Chéjov y el corrido mexicano ‘La entalladita’. Son dos comedias cortas ricas en sus historias y que tienen variaciones en lo que pasa en escena que habilita su abordaje desde los matices. Tienen personajes muy caracterizados y hasta te diría estereotipados, condimentos básicos para trabajar en el estilo que elegimos”, describe para LA GACETA.

Desde esa idea base, las máscaras utilizadas permiten encarnar una síntesis social de los planteos. “Esa es la característica que le da valor y potencia a los personajes que se interpretan: la viuda encerrada, el cobrador enajenado, el mayordomo sumiso, un malevo celoso, un policía apurado, una jovenzuela aguerrida y un pícaro lustrabotas”, plantea. La selección de los textos encierra también una posición social por parte de Mirkin: “en los dos relatos se puede ver como la mujer va posicionándose en un lugar cada vez más emancipador e independiente en relación al control patriarcal”.

“Cuando hablamos de máscara teatral pensamos en un poder lúdico que involucra la destreza del actor, quien pone toda su expresividad física al servicio del personaje. No oculta sino que devela un personaje escondido o dormido que el actor le dará vida con un pulso, una forma de moverse o posturas. La máscara vive a través del actor y juntos hacen presente al personaje. Hay que entrenar esa comunión con técnicas físicas que propicien esa revelación. Podemos unir la palabra ‘máscara’ con ‘personaje’ para entender su rol en el teatro. La máscara ya es el 50% del personaje; la otra mitad la compone el actor con sus gestos corporales y sus acciones”, aclara.

A partir de ese precepto, el grupo asumió el desafío interpretativo de contar lo que pasa sin palabras. “El trabajo es una investigación de las acciones y la gestualidad física en el espacio donde cada actor se apoya también en la música de Sergei Rachmaninoff, Sergei Prokófiev, Camille Saint-Saëns y Ólafur Arnalds para completar la composición de sus graciosos personajes”, concluye.

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