Resumen para apurados
- Abril Romero, jugadora de Cardenales de Tucumán, fue convocada nuevamente al seleccionado argentino femenino de rugby seven, Las Yaguaretés, para buscar su debut oficial.
- Tras iniciar en el rugby por curiosidad y consolidarse en su club, la deportista atravesó varias concentraciones nacionales bajo la conducción del entrenador Nahuel García.
- La convocatoria busca ampliar la base de jugadoras para consolidar el desarrollo internacional del equipo y acercar a Romero a su objetivo de vestir la camiseta argentina.
Abril Romero estuvo varias veces cerca. Lo suficiente como para conocer desde adentro la exigencia de Las Yaguaretés; compartir entrenamientos con algunas de las mejores jugadoras del país y acostumbrarse, en cierta medida, a recibir una convocatoria nacional. Pero no tanto como para cumplir todavía el sueño que persigue desde hace años: ponerse oficialmente la camiseta argentina.
Por eso esta convocatoria tiene un significado especial. La jugadora de Cardenales volvió a ser incluida dentro del proceso de Las Yaguaretés, el seleccionado argentino femenino de rugby seven. No se trata de un llamado aislado. Romero ya había participado de distintas concentraciones nacionales y en agosto de 2025 fue una de las 21 jugadoras elegidas para comenzar la preparación de la temporada 2026. Ahora tendrá otra oportunidad para acercarse definitivamente al plantel argentino.
El contexto también eleva la exigencia. Las Yaguaretés atraviesan una etapa de crecimiento internacional y el staff encabezado por Nahuel García busca ampliar la base de jugadoras para sostener ese desarrollo. Cada concentración funciona, entonces, como entrenamiento, pero también como evaluación. Y Romero vuelve a estar ahí.
“Lo primero que sentí fue mucha alegría y emoción. Veníamos trabajando y entrenando para este proceso, así que cuando salió la lista fue una mezcla de felicidad, orgullo y también un poco de nervios por todo lo que significa esta oportunidad”, contó.
Curiosamente, en ese primer instante no pensó solamente en ella. “Lo primero que pensé fue en mi familia, en mi club y en todas las personas que me acompañaron y estuvieron presentes en este camino”, agregó.
Un camino que empezó casi de casualidad
Romero no creció imaginándose como jugadora de rugby. Tampoco recuerda una fascinación inmediata con la ovalada. Llegó por curiosidad. “El rugby llegó porque tenía muchas ganas de conocer algo nuevo. Al principio costó adaptarme porque era un deporte totalmente diferente a lo que conocía”, recordó.
Después ocurrió algo mucho más silencioso. Entrenamiento tras entrenamiento, aquello que había comenzado como una experiencia terminó ocupando un lugar cada vez más importante.
“No hubo un momento puntual en el que dije ‘esto es lo mío’. Fue algo que se fue construyendo con el tiempo. A medida que iba aprendiendo, compartiendo con mis compañeras y superando desafíos, empecé a sentir que este deporte era parte de mí y que quería seguir creciendo”, explicó.
Y creció. Cardenales se convirtió en su lugar, las convocatorias nacionales empezaron a aparecer y aquello que alguna vez parecía lejano comenzó a tomar otra dimensión. Entre una cosa y la otra, sin embargo, hubo una parte que difícilmente aparezca escrita cuando se publica una lista.
“Hay muchos sacrificios que quizás desde afuera no se ven. Levantarse temprano para entrenar, el cansancio acumulado, organizar la vida alrededor del rugby, los viajes y también esos momentos en los que una duda de sí misma”, enumeró.
Romero aprendió a convivir con esa cara del alto rendimiento: entrenar sin saber cuándo llegará la próxima oportunidad, quedar cerca y volver a empezar. “Al final entendés que todo ese esfuerzo vale la pena cuando llegan oportunidades como esta. Nada de esto es casualidad, es el resultado de mucho trabajo y constancia”, afirmó.
Aprender a esperar
Su recorrido dentro de Las Yaguaretés tampoco fue lineal. Desde aquella primera convocatoria hasta esta nueva oportunidad hubo concentraciones, derrotas y momentos en los que aparecieron las dudas.
“Hubo momentos difíciles, como le pasa a cualquier deportista. Todos atravesamos altibajos, pero en esos momentos recordé todo el esfuerzo y el sacrificio que vengo haciendo para llegar hasta acá. Eso me ayudó a seguir adelante, seguir entrenando, confiar en mí y no dejar de buscar nuevas oportunidades”, señaló.
Quizás allí esté una de las principales diferencias entre aquella Abril que recibió su primera citación y la que ahora vuelve a ingresar en una convocatoria nacional. La ilusión continúa siendo la misma; cambió, en todo caso, la manera de atravesar el camino.
“Desde la primera citación hasta hoy aprendí muchísimo. Cada concentración y cada experiencia me dejaron algo. Hoy trato de aprovechar cada oportunidad, seguir aprendiendo y disfrutar mucho más el proceso”, explicó.
Las derrotas también adquirieron otro significado. “Aprendí que no todo sale siempre como uno espera y que las derrotas también enseñan mucho. Me ayudaron a tener más paciencia, a seguir trabajando incluso cuando las cosas no se daban y a valorar mucho cada convocatoria”, aseguró.
Cardenales, su segunda casa
En medio de tantas idas y vueltas existe una constante. Romero puede marcharse para entrenarse dentro de una estructura nacional de alto rendimiento, pero siempre regresa al mismo lugar.
“Cardenales es mi segunda casa. Ahí crecí como jugadora y también como persona. Tenemos un grupo muy unido, siempre estamos para apoyarnos entre todas, y los entrenadores también forman una parte muy importante de ese camino”, destacó.
Allí construyó buena parte de la jugadora que hoy intenta abrirse definitivamente un espacio entre Las Yaguaretés. Por eso, cada regreso conserva algo especial. “Siempre es lindo volver al club, reencontrarnos, compartir un entrenamiento, reírnos y seguir creciendo juntas”, agregó.
El sueño que todavía falta
Romero ya consiguió algo que aquella chica que llegó al rugby por curiosidad difícilmente hubiera imaginado: ingresar al radar de un seleccionado argentino y compartir entrenamientos con jugadoras que antes observaba desde afuera.
Pero todavía no llegó hasta donde quiere. “Mi mayor sueño es poder vestir la camiseta de mi país. Representar esos colores es algo único y muy especial para cualquier deportista”, reconoció.
Abril ya conoce Las Yaguaretés. Sabe cómo es una concentración y qué significa entrenarse dentro de una estructura nacional. Ahora busca transformar todas esas aproximaciones en algo definitivo.
“Pensar que hoy puedo estar tan cerca de vivir ese sueño me motiva a seguir preparándome, trabajando y dando lo mejor de mí para que, cuando llegue ese momento, esté lista para aprovecharlo”, sostuvo.
Y cuando piensa en una chica que recién empieza y considera imposible llegar hasta allí, su propia historia sirve como respuesta. “Les diría que nunca piensen que es imposible. Todas empezamos desde algún lugar, aprendiendo y equivocándonos. Lo importante es seguir adelante, tener paciencia y aprovechar cada oportunidad que aparezca”, concluyó.
Abril Romero todavía no llegó al final de ese camino. Pero aquella jugadora que conoció el rugby casi de casualidad está, otra vez, un poco más cerca.







