En plena pandemia, cuando el mundo se detuvo, Romina Soria tuvo una idea que no podía esperar. Mientras las calles permanecían vacías y los encuentros se volvían virtuales, ella imaginó un espacio físico donde el vino pudiera disfrutarse de otra manera. Así nació, en 2021, La Casa Soria, un proyecto que recuperaba una casona centenaria para convertirla en un punto de encuentro de los vinos del Valle Calchaquí.
La casa, ubicada en San Miguel de Tucumán, fue el hogar de Julio Soria, el primer representante de Chandon en la provincia. Su hijo continuó con esa tradición, y hoy esa historia familiar se respira en cada rincón. Las copas de cristal labrado, el tocadiscos, la cartelería de bebidas de aquellos años, la máquina de escribir Continental y el emblemático teléfono negro de disco parecen contar historias de otras épocas. "Quienes llegan suelen coincidir en algo: sienten que vuelven a la casa de sus abuelos", dice Romina Soria, tercera generación de una familia profundamente vinculada al mundo del vino.
Un maridaje entre tradición y naturaleza
Desde los primeros encuentros, los vinos Stutz fueron los protagonistas de esta historia. La familia Stutz comenzó como productora de uvas alrededor del año 2002, pero fue en 2014 cuando iniciaron el camino hacia la certificación orgánica. En 2017 lograron ese objetivo y comenzaron a trabajar junto a Bodega El Esteco, del Grupo Peñaflor, en la elaboración de la línea orgánica Cuma, destinada a la exportación. Al mismo tiempo, desarrollaban sus propias etiquetas.
Su producción anual oscila entre los 20.000 y 30.000 litros, cultivados en la finca La Chimpeña, ubicada a unos 7 kilómetros de Cafayate. Allí se encuentra uno de sus grandes diferenciales: los viñedos están plantados sobre antiguos sedimentos lacustres, en un terreno que hace miles de años fue un lago. "La finca recibe aproximadamente tres horas más de sol que la zona urbana y buena parte de los viñedos cercanos", explica Romina. Esa condición favorece una maduración óptima de la uva.
El viento, los paneles solares y las ovejas
Todo el manejo del viñedo está pensado en armonía con la naturaleza. La finca utiliza paneles solares y convive con ovejas, corderos y chanchos que ayudan a fertilizar el suelo y controlar naturalmente las malezas, reduciendo la intervención humana. Pero hay otro gran aliado: el viento característico de la zona. Su circulación constante mantiene los racimos y el follaje secos, disminuyendo la humedad y dificultando el desarrollo de hongos. Gracias a estas condiciones, es posible reducir al mínimo los tratamientos sanitarios, una ventaja fundamental para la viticultura orgánica.
El clima de altura también da lugar a uvas de menor tamaño, pero con una mayor concentración de aromas, color y taninos. El resultado son vinos intensos, expresivos y con una identidad muy marcada, fiel reflejo de su terroir.
Un proyecto que no para de crecer
Desde este año, Stutz elabora sus vinos en su propia bodega, consolidando un proyecto que crece cosecha tras cosecha. Entre sus varietales están el Tannat, Malbec, Cabernet Sauvignon, Torrontés Seco, Torrontés Tardío, Blend de Tintas y Garnacha, una variedad que ha despertado un gran interés y se ha convertido en una de las favoritas de quienes visitan La Casa Soria.
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