Decime qué se siente

Decime qué se siente

La frase que las hinchadas argentinas coreaban en el Mundial de Brasil podría volver hoy, dirigida otra vez a los brasileños. ¿Qué sienten cuando un presidente argentino insulta al suyo en su propio territorio? La pregunta, sin embargo, trasciende ese episodio y remite a un tiempo en el que las emociones parecen gobernar la política y las redes.

Daniel Dessein
Por Daniel Dessein 02 Agosto 2026

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Las imágenes de los migrantes marroquíes saliendo del mar para entrar a territorio español inundaron las pantallas de nuestros celulares, fueron protagonistas de los noticieros y dominaron las tapas de los diarios en estos días. Una noticia falsa impulsó a más de 50.000 personas a arrojarse al agua para salir de su país. Una sentencia del Tribunal supremo español, que establecía la deportación de quienes traspasaran vallas o elementos de contención en las fronteras, fue leída como una ventana de oportunidad para ingresar por el mar. 56 marroquíes murieron en el intento.

La cuestión migratoria es el eje principal de la política europea. El temor que genera la inmigración ilegal es explotado por los partidos conservadores, y de manera más abierta por la extrema derecha, incrementando sus perspectivas electorales.

Los argentinos nos enorgullecemos de los resultados de un experimento de integración migratoria que se transformó en uno de los mayores casos de éxito a nivel global, y también de nuestra capacidad de adaptación a los más diversos países brindando valiosos aportes en distintos campos. Por eso sonaron tan injustas algunas de las descalificaciones que se multiplicaron después de la final del Mundial. La Argentina no está inmunizada contra el racismo, como no lo está ningún otro país, pero no tiene rasgos que justifiquen postularla como líder de un supuesto ranking mundial, como hizo el actor Samuel Jackson.

Hubo otras figuras públicas que formularon críticas razonables a la actitud de algunos jugadores y que sufrieron una tormenta de hostilidad digital. Es el caso de Arturo Pérez-Reverte. En un artículo publicado ayer en el diario La Nación, el escritor español plantea que hay una superstición más estúpida que creer en la filantropía de los políticos o en las dietas milagro, y es pensar que Internet tiene memoria. “Y no la tiene. Lo que tiene es rencor”, plantea. Pérez-Reverte tiene una relación de casi medio siglo con nuestro país en la que, a través de infinidad de artículos, entrevistas y pasajes de sus libros, ha expresado de mil modos su estima por muchos de nuestros rasgos culturales e identitarios reflejados en argentinos que admira o con los que construyó relaciones fraternas. En la ola de ira digital dirigida contra el escritor no hubo matices. Puro presente, creció a una velocidad supersónica sobre una frase descontextualizada.

Banderas

¿Qué pasó en el vestuario argentino después de que algunos jugadores desplegaran la bandera que ratificaba nuestra soberanía sobre las islas Malvinas? Es posible que se hayan generado lógicas discusiones sobre las consecuencias de esa acción. Pero a partir de especulaciones sobre lo que quedó resguardado en la intimidad del plantel se tejieron infinidad de teorías conspirativas que pretendieron explicar la derrota ante España. Amenazas de sanciones que habrían persuadido al equipo a entregar el partido, peleas feroces que habrían quebrado su unidad, ofertas económicas astronómicas. Las redes amplificaron todas estas especulaciones que se viralizaron entre millones de argentinos que sufrían el vacío y la decepción que acompañaron el final del campeonato.

“Es un actuar imprudente” dijo Javier Milei, este viernes, en el programa de Georgina Barbarossa, a propósito de la exhibición de la bandera. “Eso no lo puede hacer un político… La política debe guardar la compostura”, agregó.

Lo curioso fue que el sábado anterior, Milei estuvo en un acto de campaña de Flavio Bolsonaro en el que insultó a Lula da Silva, llamándolo “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”. En este caso la compostura olvidada tenía relación con el presidente del principal socio comercial de nuestro país.

Una especie extraña

Milei es una especie extraña dentro de la familia de la nueva derecha que integra. Hay un componente nativista que tiene como correlato fronteras rígidas y políticas arancelarias agresivas en el ideario de sus primos políticos. Milei es un universalista y un aperturista. El nacionalismo encontró en Victoria Villarruel una expresión relevante dentro del mileísmo pero todo estaba quebrado ya en la luna de miel de 2023 y en estos días ya se le pide directamente la renuncia a la vicepresidencia. Hay expresiones xenófobas -como la de Santiago Caputo al manifestar la inconveniencia de la negritud durante el Mundial- o proyectos con retórica chauvinista en relación al trato a ciudadanos extranjeros pero no forman parte del corazón narrativo del Presidente.

Algunos analistas leen los exabruptos en el acto bolsonarista más como un gesto a Donald Trump que un acto de empatía ideológica con Bolsonaro o de irritación espontánea. El presidente norteamericano impulsa su “doctrina Donroe” -América para los norteamericanos- y mira con atención la elección del próximo 4 de octubre en la que Lula, el principal rival de Trump en el continente, buscará la reelección.

La tesis es razonable. Milei le debe su supervivencia a la asistencia in extremis del Tesoro norteamericano durante la turbulencia posterior a la elección de la provincia de Buenos Aires en 2025. Esta semana, Milei le bajó el precio a esa intervención. “Fueron 2.500 millones dentro de una corrida de 70.000; menos del 5 %”, describió. Esa mirada elude el efecto en las expectativas del sonido de las cornetas del Séptimo de Caballería, para usar una figura de Ricardo Arriazu. Es más fácil ganarle una pulseada a los inversores si el dueño de la fábrica de dólares dice que hará “todo lo que sea necesario”.

La duda, con la vista puesta en 2027, es si esa fase se repetirá. La directora del FMI Kristalina Georgieva, en su visita a la Argentina, dejó felicitaciones con un mensaje amargo sobre la ausencia de ayudas futuras. La principal incógnita pasa ahora por Trump y sus perspectivas políticas a partir de las elecciones intermedias del 3 de noviembre.

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