22 Mayo 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES. Con los datos en la mano de una inflación domada, tras el agitado primer trimestre del año, el presidente Néstor Kirchner prometió a Hugo Moyano la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo con el fin de incrementar las remuneraciones. Acto seguido, el ministro Roberto Lavagna cuestionó las políticas "setentista" en alusión a los ajustes salariales y el exceso de subsidios.
El jefe de Estado blandió de inmediato algunas de sus espadas políticas e informativas para marcarle la cancha de las decisiones a su principal ministro.
El final de esta historia es el conocido: desde ambos lados se baja el tono y aquí no ha pasado nada. Así se repitió en cada cortocircuito generado entre el Presidente y el ministro.Kirchner maneja escenarios alternativos en caso de un alejamiento de Lavagna, pero sabe bien que no será de todo sencillo el tránsito por este camino.
Es que los problemas son por demás complicados como para pensar en ruidosos cimbronazos políticos, en vísperas de una nueva negociación con el Fondo Monetario y con la inflación siempre amenazante.
No son pocos los que consideran que el ministro estaría pensando en su retirada una vez que termine esta nueva ronda de tratativas con el FMI, en meses más.
Además, para ese tiempo, habrán pasado las elecciones legislativas y el jefe de Estado querrá, seguramente, tener las manos libres para comenzar la segunda etapa de su administración.
De ser así, el titular del palacio de Hacienda quedaría, entonces, como el que sacó al país de la crisis y permitió el despegue de la actividad.
Este pensamiento tiene su lógica si se tiene en cuenta que el país difícilmente pueda seguir creciendo a "tasas chinas" en torno al 9%. Además, comenzará la era de mayores pagos de deuda entre los organismos multilarales de crédito y los acreedores privados que entraron al canje.
Como la torta distributiva es aún pequeña, no es difícil de prever que los mayores pagos de deuda llevarán a una intensificación de las protestas sociales y sectoriales.
Por el momento, en las cercanías de Lavagna aseguran que sigue trabajando como siempre y con proyectos, como en la estrategia para negociar con el FMI.
Luego de aceptar postergaciones de vencimientos para este año, el Fondo volverá a la carga, sin dudas, con su histórico reclamo del ajuste tarifario para las privatizadas, algo que es una cuestión innegociable para los directores de países con intereses en la Argentina.
Sobre el pedido de compensaciones a los bancos por la pesificación asimétrica, Economía siempre aclara que este capítulo está definitivamente cerrado.
También se piensa en resistir ante la presión de que se le dé una solución a los bonistas que no entraron al canje, aunque se abrirá la posibilidad de un horizonte futuro. El punto innegociable, según aseguraron fuentes oficiales, será el del aumento al 4,5% del superávit fiscal anual.
El Fondo quiere garantizarse que la Argentina cuente con los fondos suficientes para el pago de sus acreencias.
Sin embargo, se sabe, que una decisión de esa naturaleza retrasará aún más la solución a los graves problemas sociales que tiene la Argentina, reflejados con claridad en los altos índices de pobreza, indigencia y desocupación.(NA)
El jefe de Estado blandió de inmediato algunas de sus espadas políticas e informativas para marcarle la cancha de las decisiones a su principal ministro.
El final de esta historia es el conocido: desde ambos lados se baja el tono y aquí no ha pasado nada. Así se repitió en cada cortocircuito generado entre el Presidente y el ministro.Kirchner maneja escenarios alternativos en caso de un alejamiento de Lavagna, pero sabe bien que no será de todo sencillo el tránsito por este camino.
Es que los problemas son por demás complicados como para pensar en ruidosos cimbronazos políticos, en vísperas de una nueva negociación con el Fondo Monetario y con la inflación siempre amenazante.
No son pocos los que consideran que el ministro estaría pensando en su retirada una vez que termine esta nueva ronda de tratativas con el FMI, en meses más.
Además, para ese tiempo, habrán pasado las elecciones legislativas y el jefe de Estado querrá, seguramente, tener las manos libres para comenzar la segunda etapa de su administración.
De ser así, el titular del palacio de Hacienda quedaría, entonces, como el que sacó al país de la crisis y permitió el despegue de la actividad.
Este pensamiento tiene su lógica si se tiene en cuenta que el país difícilmente pueda seguir creciendo a "tasas chinas" en torno al 9%. Además, comenzará la era de mayores pagos de deuda entre los organismos multilarales de crédito y los acreedores privados que entraron al canje.
Como la torta distributiva es aún pequeña, no es difícil de prever que los mayores pagos de deuda llevarán a una intensificación de las protestas sociales y sectoriales.
Por el momento, en las cercanías de Lavagna aseguran que sigue trabajando como siempre y con proyectos, como en la estrategia para negociar con el FMI.
Luego de aceptar postergaciones de vencimientos para este año, el Fondo volverá a la carga, sin dudas, con su histórico reclamo del ajuste tarifario para las privatizadas, algo que es una cuestión innegociable para los directores de países con intereses en la Argentina.
Sobre el pedido de compensaciones a los bancos por la pesificación asimétrica, Economía siempre aclara que este capítulo está definitivamente cerrado.
También se piensa en resistir ante la presión de que se le dé una solución a los bonistas que no entraron al canje, aunque se abrirá la posibilidad de un horizonte futuro. El punto innegociable, según aseguraron fuentes oficiales, será el del aumento al 4,5% del superávit fiscal anual.
El Fondo quiere garantizarse que la Argentina cuente con los fondos suficientes para el pago de sus acreencias.
Sin embargo, se sabe, que una decisión de esa naturaleza retrasará aún más la solución a los graves problemas sociales que tiene la Argentina, reflejados con claridad en los altos índices de pobreza, indigencia y desocupación.(NA)
Lo más popular
Ranking notas premium







