Especialistas advierten sobre el riesgo de caer en conductas de juego problemático o recaídas derivadas de dinámicas relacionadas al Mundial de Fútbol 2026. “En estos días recibí la consulta de un paciente que llevaba tiempo en recuperación y volvió a apostar a partir de un prode organizado entre sus compañeros de trabajo”, cuenta Martín Lus, psicólogo especialista en adicciones. “Lo que para el resto era un entretenimiento, volvió a activar en él una compulsión que creía controlada”.
Lus también señala el episodio de un paciente adolescente que comenzó a apostar desde el celular durante cada partido. Sus padres descubrieron lo que ocurría cuando encontraron los consumos en el resumen de la tarjeta.
Para el psicólogo, ambas historias muestran cómo el clima mundialista en algunos casos, favoreció el inicio de un vínculo problemático con el juego o una recaída. “El problema no es el Mundial en sí, sino lo que disparó alrededor. El evento deportivo amplificó la situación”, explica.
La advertencia coincide con una presencia inédita de las apuestas en las pantallas. Un relevamiento de los investigadores Santiago Marino y Santiago del Carril, publicado por el sitio Chequeado, determinó que las casas de apuestas online fueron el rubro con mayor presencia publicitaria en las transmisiones del Mundial 2026: concentraron más del 17% de los anuncios, por encima del alcohol y la comida rápida. Durante las pausas de hidratación, tres de cada 10 publicidades correspondieron a plataformas de juego.
En Tucumán, el Cepla de Villa Luján, donde se concentran los dispositivos para atención de adicciones sin sustancias, registró un aumento del 15% de consultas durante la primera etapa del torneo y, apenas un par de días de finalizado, los profesionales comienzan a ver un nuevo incremento de consultas que, prevén, irá en crecimiento en los siguientes días.
Los porcentajes no alcanzan por sí solos para establecer una relación causal, pero los especialistas consultados por LA GACETA sostienen que la exposición constante, las promociones y la accesibilidad digital intensifican los riesgos, sobre todo entre quienes ya tienen una relación conflictiva con el juego.
El juego en el teléfono
“Hoy una persona puede apostar en cualquier momento. Antes debía trasladarse; ahora puede hacerlo mientras estudia o trabaja”, advierte Lucas Haurigot Posse, secretario de Políticas Integrales sobre Adicciones de la provincia.
Según el funcionario, el Mundial no creó el problema: lo encontró en medio de una transformación que los equipos especializados observan desde hace tres o cuatro años, cuando las apuestas dejaron de depender de un espacio físico e ingresaron en los celulares.
Florencia Lazarte, psicóloga y coordinadora del área de prevención del Programa Universitario para el Estudio de las Adicciones (PUNA), señala que el acceso permanente se potencia con las billeteras virtuales.
“Uno puede ingresar desde la cama, desde el colegio o desde una sala de espera. A esto se agrega el acceso inmediato a las cuentas bancarias, las 24 horas”, explica. Sin embargo, la especialista también señala que la tecnología no es negativa por sí misma y que no toda persona que apuesta desarrolla una adicción.
El riesgo, según plantea, aumenta cuando alguien que ya mantiene una relación problemática con el juego puede ingresar, transferir dinero y volver a apostar sin pausas ni barreras. “Un Mundial genera muchas pasiones y está vinculado al deporte, pero puede convertirse en una situación de riesgo para quienes tienen un problema de juego compulsivo”, diferencia.
Distintas edades
“Estamos trabajando con chicos desde los 13 años y también con adultos de 55 o 60 que ingresan al mundo de las apuestas y no están pudiendo cortar”, afirma Haurigot Posse. Aunque los recorridos son distintos, los especialistas observan una disponibilidad de estímulos que alcanza a varias generaciones.
Martín Lus añade que muchos adolescentes se familiarizan desde temprano con mecanismos de recompensa en videojuegos: fichas, monedas o pagos para avanzar. “Esas dinámicas no son necesariamente apuestas -aclara-, pero pueden naturalizar la idea de entregar dinero para seguir jugando o recibir una gratificación inmediata. Más adelante, la publicidad, las plataformas y las billeteras virtuales aparecen en el mismo dispositivo”.
Distintos informes, entre ellos los elaborados por el Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina y Unicef, advierten que los adolescentes comienzan a realizar apuestas online a edades cada vez más tempranas, en algunos casos desde los 13 años.
Entre los adultos, en cambio, el psicólogo identifica como disparadores frecuentes las dificultades económicas, las crisis vitales y determinadas experiencias personales ante las cuales el juego funciona como una vía de escape.
Por otra parte, Lazarte diferencia el juego recreativo, el juego problemático y la ludopatía. El recorrido puede comenzar con una fase de ganancia, cuando la actividad todavía parece controlada. Después aparece la pérdida y la persona aumenta la frecuencia o el dinero apostado para intentar recuperar lo perdido. En las etapas más graves pueden crecer las deudas, el aislamiento, los conflictos familiares, la angustia y el riesgo de conductas suicidas.
“No toda persona que juega, apuesta o empieza a tener problemas relacionados con el juego tiene una ludopatía. La ludopatía sería la etapa final”, explica Lazarte. “La distinción es necesaria para reconocer las primeras señales y pedir ayuda antes de que la compulsión afecte todas las áreas de la vida”, sostiene.
Los especialistas proponen observar el aumento de las apuestas y del tiempo destinado al juego, además de la imposibilidad de detenerse: estar atentos a los faltantes de dinero, las transacciones desconocidas y los conflictos con la pareja, la familia, los compañeros de trabajo o los amigos como elementos a tener en cuenta para encender alarmas. Para los profesionales, hablar de juego problemático permite intervenir antes de llegar a la instancia más severa.
Pedir ayuda
“Una persona no se enferma por el juego en sí. Hay un sufrimiento, algo que no puede poner en palabras, y hace un síntoma para aliviarlo”, explica Lazarte. Según la coordinadora del PUNA, detrás del juego compulsivo no existe solamente una búsqueda de dinero: la apuesta puede funcionar como una respuesta frente a un malestar que la persona no logra tramitar de otro modo.
Por eso, sostiene, el tratamiento no puede limitarse a bloquear una aplicación o prohibir el juego. Requiere atención profesional, acompañamiento familiar, espacios grupales y políticas preventivas en escuelas y clubes, detallan los profesionales.








