Motos, caos vial y accidentes

Hace 19 Hs

La tragedia de dos niños de ocho y cuatro años, fallecidos en El Colmenar al caer de la moto que conducía su madre, pone en el tapete la inseguridad que crece junto al cada vez mayor uso de estos vehículos de dos ruedas en el caótico tránsito de nuestra sociedad. Este fenómeno, que abarca el uso de motocicletas en todas las áreas de la circulación vial -de hecho, los motociclistas encabezan una proporción altísima de los accidentes de tránsito- genera una preocupación especial cuando se advierte que es también alta la participación de niños en estos percances. Hace un año, cuando fue el choque de una mujer embarazada que conducía una motocicleta llevando a sus tres hijos pequeños en el vehículo, la sociedad debatió en extenso sobre esta circunstancia. La directora del Hospital de Niños reveló entonces que el 66% de los pacientes accidentados que habían ingresado al nosocomio en 2025 habían viajado en motocicleta en esos percances. Sobre 616 niños lesionados, 411 habían sido pasajeros de motos.

Esto revela una circunstancia especial, que muestra que el uso de la motocicleta se inscribe en una configuración sociocultural que requiere que sea estudiado más allá de lo que establecen las leyes, que notoriamente plantean que los niños pequeños no pueden ser llevados en estos vehículos. En el Foro Tucumán responsable del año pasado, el antropólogo Pablo Wright planteó que se debía “entender cómo alguien que no tenía nada accede a una moto. Es un proceso social”; y añadía: “Antes se podía comprar un auto usado. Hoy la moto es lo más accesible. El problema no es este vehículo en sí, sino cómo se la integra al tránsito y cómo se prepara a la gente para usarla... Una familia entera en una sola moto sin casco es un síntoma de que el sistema falló en muchas dimensiones”.

Comprender ese fenómeno puede llevar a saber por qué pudo haber tantos niños accidentados y, sobre todo, puede indicar que quienes utilizan estos vehículos, llevados por su circunstancia sociocultural, los seguirán empleando, más allá de las prohibiciones y de la hipotética persecución de las autoridades, para las cuales siempre ha resultado más fácil sancionar los casos individuales -con secuestros de vehículos, por ejemplo- que tratar las causas del comportamiento de los actores sociales en el tránsito.

Algo similar se puede concluir con respecto a la anomia que parece imperar en la circulación de motociclistas en general y los de servicios de mensajería en particular, que en alto porcentaje desconocen las normas viales, que son -como ya se ha dicho- protagonistas de una altísima proporción de accidentes y ocupan gran parte de la atención hospitalaria.

En los dos últimos foros sobre el tránsito los especialistas han analizado los diferentes aspectos de esta problemática y han puesto énfasis en la búsqueda de estrategias de prevención, además de las campañas educativas y las sanciones. Correspondería que las autoridades municipales y provinciales se abocaran a estudiar el problema y coordinaran acciones concretas para comenzar a cambiar esta dolorosa epidemia vial.


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