Recuerdos fotográficos: 1935. El fútbol en las calles tucumanas
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Nos ubicamos en 1935. Hacía menos de 40 años que se había iniciado y conocido la práctica del fútbol en Tucumán, gracias a los ingleses que habían llegado por el ferrocarril y por José Fierro, su gran difusor. En esta instantánea de César Martínez Lanio se aprecia cómo rápidamente este deporte se convirtió en una práctica popular, sin importar que el calzado sea el adecuado, o que la improvisada canchita sea de adoquines. Se jugaba en las calles y veredas de la ciudad, lo que generaba quejas y molestias de los vecinos, a quienes, con frecuencia, la pelota les destruía los vidrios de las ventanas. También en el interior, sobre todo en las localidades con ingenio azucarero y estación de tren, la pelota ya rodaba en calles de tierra y potreros. Eso sí, lo del balón era todo un tema. Al principio eran rudimentarios elementos de goma, cuero, vejigas de animales o telas.
En las canchas, las primeras pelotas que se usaban para jugar eran pesadas esferas de cuero oscuro, unidas mediante gruesos cordones que sobresalían de la superficie. Cuando se mojaban, absorbían agua y aumentaban considerablemente su peso, lo que dificultaba el juego y convertía cada cabezazo en una experiencia incómoda.
Con la expansión del deporte comenzó a difundirse la tradicional pelota de cuero con tiento. Este modelo se caracterizaba por una costura visible y por un sistema de inflado que incluía una boquilla metálica. Debido a esas particularidades, los futbolistas debían extremar los cuidados al cabecear para evitar golpes y heridas.
El gran salto tecnológico llegó en la década de 1930 con la aparición de la pelota Superball, desarrollada en Bell Ville por Luis Polo, Antonio Tosolini y Juan Valbonesi. El novedoso diseño eliminó los cordones externos, ocultó las costuras en el interior e incorporó una válvula interna para el inflado.





