Resumen para apurados
- El Museo Folklórico de Tucumán exhibe un valioso patrimonio musical de arpas e instrumentos del NOA para preservar la identidad sonora de la provincia ante el olvido.
- Hasta mediados del siglo XX, el arpa era común en los hogares tucumanos. El museo, ubicado en una histórica casona del siglo XVIII, rescata y mantiene viva esa costumbre.
- La preservación de este patrimonio musical y las actividades invernales proyectadas buscan afianzar la identidad cultural norteña y atraer a nuevas generaciones de turistas.
Hubo un tiempo en que el sonido de un arpa era parte de la vida cotidiana en Tucumán. No hacía falta asistir a un teatro ni a un concierto para escucharla sino que bastaba con entrar a una casa durante una reunión familiar. Hasta mediados del siglo pasado, el instrumento ocupaba un lugar habitual en muchos hogares de la provincia, una tradición que hoy sobrevive en la sala de música del museo folklórico provincial General Manuel Belgrano.
Quien recorra ese espacio probablemente se sorprenda al encontrar varias arpas exhibidas junto a cajas copleras, erkes, quenas y otros instrumentos característicos del noroeste argentino. No obstante, lejos de tratarse de una rareza, esos instrumentos reflejan una costumbre profundamente arraigada en la historia musical tucumana.
“Hoy puede parecer un instrumento poco frecuente, pero en Tucumán estuvo muy presente hasta mediados del siglo pasado. En muchas reuniones familiares o sociales solía haber un arpa y alguien la tocaba”, cuenta Lucía Galíndez, quien recientemente asumió la dirección del museo.
La institución conserva varias de ellas, incluso más de las que actualmente se exhiben al público. De hecho, con frecuencia recibe la visita del arpista y luthier Roberto Sir, quien ofrece conciertos en ese mismo salón y mantiene viva una tradición que parecía destinada al olvido.
La importancia del instrumento en la provincia también está respaldada por investigadores. El propio Sir sostuvo en entrevistas pasadas a LA GACETA que hacia 1900 había alrededor de 70 arpistas en Tucumán, una cifra comparable con la cantidad de guitarristas de la época. Incluso recuerda que cuando el investigador Andrés Chazarreta viajó a Buenos Aires con el Conjunto de Arte Nativo, en 1910, llevó dos arpistas tucumanos, una muestra del protagonismo que tenía el instrumento en la región.
La musicóloga Isabel Aretz también documentó que en Tucumán el arpa no sólo se interpretaba, sino que además se construía, consolidando una tradición artesanal que distinguió a la provincia dentro del noroeste argentino.
Recorrido por la música
La sala dedicada a los instrumentos musicales es una de las más representativas del museo. Allí conviven arpas con cajas copleras, bombos, quenas, sikus, charangos y erkes, todos ellos elaborados con técnicas prehispánicas e hispánicas y representativos de la identidad cultural del norte argentino.
Entre las piezas más valiosas se encuentran las cajas copleras que pertenecieron a Melchora “Kika” Ávalos y a Melchor Ávalos, referentes de Amaicha del Valle cuya tradición musical continúa vigente.
La sala también alberga un erke, instrumento que acompaña muchas celebraciones religiosas populares, y una pintura del Misachico en Villa Nougués, obra del artista Juan Carlos Iramain, que recuerda cómo la música siempre estuvo ligada a las expresiones de fe del pueblo.
“Las tradiciones musicales del NOA siguen vivas. El patrimonio del museo está formado por objetos que expresan costumbres que todavía forman parte de nuestra identidad”, explica Galíndez.
El museo folklórico, según contó Galíndez, es en una de las dos únicas casas coloniales que permanecen en pie en San Miguel de Tucumán. Construida en el siglo XVIII, fue habitada por la familia Alurralde y alojó durante un año al obispo José Eusebio Colombres, un hecho que terminó siendo decisivo para su conservación.
“Cuando el Gobierno provincial quiso demolerla para ampliar la Casa de Gobierno, los vecinos se opusieron porque aquí había vivido el obispo Colombres. Gracias a eso hoy podemos seguir disfrutando de este patrimonio”, señala la directora.
Tras una minuciosa restauración concluida en 2013, la casona recuperó su fachada original y volvió a abrir sus puertas como uno de los principales espacios dedicados al patrimonio folklórico de Tucumán.
Entre sus paredes, su amplia colección también incluye platería criolla, una biblioteca temática, objetos pertenecientes a exponentes de la música folklórica, esculturas, cuadros, parafernalia religiosa, objetos del universo gauchesco y una gran variedad de textiles, entre los que se destacan randas delicadamente confeccionadas por las mejores randeras del norte argentino.
Artesanos y teatro
De cara al receso invernal, el museo preparó una programación especial para recibir a vecinos y turistas.
Todos los sábados de julio -si el clima lo permite- se realizará el patio folklórico, una propuesta con música en vivo de artistas tucumanos en el escenario Mercedes Sosa, feria de artesanos de distintos puntos de la provincia y gastronomía regional.
Además, los sábados de 10 a 12 se dictará un curso gratuito de iniciación a la magia, a cargo del Mago Espartaco (Benjamín Godoy), mientras que la obra de teatro independiente Idé, de Sofía Larcom, también formará parte de la agenda cultural del museo, con fecha a confirmar debido a las condiciones climáticas.
“La idea es que quienes vengan vivan una experiencia completa, disfrutando del museo, de la música y de nuestro patio durante las tardes de invierno”, resume Galíndez.










