Los 10 Mandamientos del Homo Augmentus: Vida y Muerte de la humanidad
Fundador de FALK Academy, FALK AI, FALK Impellers y FALK Advertising Matters, Socio de Pieper AI y Selected Power User por Google DeepMind. Es pensador, comunicador, formador e impulsor de innovación y transformación.
Querido lector, hoy cerramos una bitácora de un viaje cuasi religioso de nueve entregas dominicales. Nos sentamos en el confesionario de la tecnología para mirarnos de frente.
Pasamos por la Gula de tragarnos datos inútiles sin digerir un gramo de sabiduría; por la Soberbia del porrazo en la bicicleta que me recordó lo frágiles que somos; por la Ira de gritarle a un asistente de voz; por la Envidia de espiar vidas de mentira en un Aleph de bolsillo; por la Lujuria de buscar empatía sin riesgo que nos condena a la soledad; por la Avaricia de correr como Pajóm juntando tareas para perder la vida; y por la Pereza de dejar que la máquina nos adormezca por no querer esforzarnos en dudar.
Hoy, te propongo escalar el monte Sinaí. O mejor dicho subir a San Javier a ver si me ilumino y redactamos juntos nuestros mandamientos. Así, irresponsable y optimista, como soy te comparto los 10 Mandamientos del Homo Augmentus para defender la vida de nuestra humanidad antes de que se muera en la idiotez. Y no escribí la palabra que empieza con “b” y termina con “udez” porque me reta el editor, ja.
I. Amarás a tu Humanidad sobre todas las máquinas
No te equivoques de bando. Tu valor no está en competir contra la velocidad de cálculo del procesador, sino en habitar lo que te hace único: tu capacidad de sentir, de decidir con valores y de contemplar. El ser precede siempre al parecer y al Tener. Lo natural tiene un misterio sagrado; lo artificial es solo una secuencia de transistores bien ordenados.
II. No llamarás “Inteligencia” al cálculo probabilístico en vano
Dejemos el hype de Silicon Valley para los folletos de venta. El Razonamiento Computacional (RC) no es consciente, no siente y no entiende lo que hace. Es matemática probabilística de altísima velocidad. Un predictor de tokens. O, mejor dicho de, textos convertidos en vectores devenidos en números matriciales. Tratarlo como un dios místico o un oráculo es el primer paso para convertirte en su siervo.
III. Santificarás las siestas
En el reino de la eficiencia artificial de veinticuatro horas los siete días de la semana, el ocio es un acto de legítima defensa. Santificá el aburrimiento, la contemplación y el silencio de la montaña tucumana. Si le huís a la tensión de aburrirte consumiendo contenido ultra-rápido de cinco segundos, estás matando la Fricción Cognitiva Necesaria (FCN) que enciende tus propias neuronas.
IV. Honrarás a tu Curiosidad y a tu Creatividad
Ellas son el padre y la madre de tu propia identidad. Son las virtudes que te darán tu verdadero branding, tu apellido en este mundo aumentado. Sin curiosidad para buscar la verdad y sin creatividad para romper el molde, no somos más que un dócil engranaje de repetición. No las entregues por comodidad.
V. No matarás tu propia voz
Acceder a información de altísimo valor hoy está al alcance de cualquiera con conexión a internet; el conocimiento experto se transformó en un commodity. Pero un cerebro lleno de datos no tiene kilómetros de calle recorridos. No dejes que la máquina redacte tus correos, tus disculpas o tus ideas sin tu intención y revisión. Si dejas que el software hable por vos, tu sabiduría individual se muere en la media estadística.
VI. No cometerás actos impuros
La tentación de cambiar la fricción de un vínculo real, el sexo, por la comodidad sumisa de un asistente virtual o un robot es la muerte de la alteridad. El amor y la pasión exigen el riesgo hermoso de que el otro se te resista y te pueda doler. Esa ceremonia es la que permite traer vida al mundo y la perpetuación de nuestra especie. La suma de los egoísmos individuales y la falta de sexo, con amor e intención de fecundidad, nos va a extinguir mucho antes que Terminator, los meteoritos o los aliens.
VII. No robarás los datos de tu IA
No dejes de tener tus propias oraciones, tus propios párrafos, tus propias historias. Que la IA te ayude a escribir es excelente. Otra cosa muy distinta es robarle sus datos, copiar sus respuestas y presentarlas como si fueran pensamiento propio.
El peligro no es solo usar la máquina. Es permitir que domestique todo tu pensamiento hasta convertirte en su mascota. Que te asista. Que no te sustituya.
VIII. No dirás falso testimonio ni mentirás "sin querer queriendo"
Como decía el Chavo del 8, copiar y pegar lo que te devuelve el chat de turno sin verificar es un pecado de irresponsabilidad y vagancia. Las herramientas alucinan —menos mal que se equivocan—, y es nuestro deber absoluto contrastar, chequear y editar. La tecnología sólo te aporta valor cuando mejora de verdad el resultado al que vos podés llegar con tu propio esfuerzo.
IX. No usarás el poder del segundo fuego para el mal
La Inteligencia Artificial es el "Segundo Fuego", un poder gigante al servicio de la especie. Todo poder es una tentación inmensa que corroe y corrompe al que no conserva un corazón de niño, puro e inocente. El mayor temor de esta era no es que las máquinas tomen conciencia y voluntad; es que un hombre o una mujer común y corriente utilicen herramientas de escala planetaria para dañar al prójimo.
X. No codiciarás los modelos de lenguaje ajenos
No te cases con un único modelo. Proponé la poligamia de modelos de lenguaje de gran escala (LLM). Los occidentales como ChatGPT, Gemini o Claude y los orientales como Qwen o DeepSeek tienen sus propios sesgos según su arquitectura y su entrenamiento. Contrastar respuestas entre ellos es una excelente práctica para buscar la verdad.
Y acá viene el verdadero salto de la resistencia: el Open Source (o código abierto). Un modelo o una IA Open Source es como una receta de cocina que el chef comparte con todo el mundo para que cualquiera pueda prepararla, cambiarle los condimentos o mejorarla en su propia casa. Ese es el futuro de tus datos aumentados: anotalo.
El retorno al primer fuego
Las tablas de la ley no se escribieron para dejarnos quietos, sino para ponernos en movimiento. La tecnología es una herramienta espectacular, pero carece de propósito. El propósito lo ponés vos.
Usar el Razonamiento Computacional sólo tiene sentido si nos regala tiempo para volver lo esencial. Al asado sufriendo a la selección, al abrazo con tus hijos, a la siesta sin notificaciones. No seas mascota de la máquina. Sé el dueño de tu propio fuego.
Te leo en el foro. Fin de la serie.














