La pereza: Pensar cuesta; pensar por nosotros mismos duele mucho más

8/9 serie: los siete pecados capitales de la inteligencia artificial. En la era de los algoritmos pueden pensar por nosotros, la comodidad es una trampa letal que atrofia nuestra mayor fortaleza: la soberanía del pensamiento propio.

La pereza: Pensar cuesta; pensar por nosotros mismos duele mucho más

Por Federico Lix Klett - Fundador de FALK Academy, FALK AI, FALK Impellers y FALK Advertising Matters, Socio de Pieper AI y Selected Power User por Google DeepMind. Es pensador, comunicador, formador e impulsor de innovación y transformación.

Sábado temprano, frío tremendo, el cielo sin color y vengo fusilado. Querido lector: hoy tenía pereza fuerte de sentarme a escribir esta columna. Amo escribir, pero no quita que se active nuestro sindicalista mental que nos dice: “Fede, ayer quemamos mucha angustia sufriendo con la selección, hoy me tomo la mañana”.

La tentación de tirarle un par de conceptos a un modelo y pedirle "redactame la nota dominical con mi estilo" estaba ahí, flotando en la pantalla como un canto de sirena digital. Pero a la pereza se la combate con esfuerzo y sacrificio. Mi humilde sacrificio de hoy es obligar a mi cerebro en el gélido estado Walt a encender motores y transpirar un rato el bocho para vos.

La pereza: Pensar cuesta; pensar por nosotros mismos duele mucho más

Etimológicamente, pereza viene del latín pigritia derivada de piger, que significa lento, pesado o reacio (gracias Gemini por la definición, ja). En la tradición clásica, no era el descanso físico del que trabaja duro; era la reticencia o desgana del alma a realizar el esfuerzo necesario para su propio crecimiento y perfección. Es, literalmente, huir de la tensión que nos hace mejores.

Aclaremos los tantos de entrada para no pecar de soberbios: el esfuerzo físico de un obrero cargando bolsas de cemento de cincuenta kilos exige un desgaste corporal absoluto. Pero a nivel biológico, el cerebro es el órgano más glotón de nuestra anatomía: representa apenas el 2% de nuestro peso pero consume más del 20% de nuestra energía diaria. Por eso, por puro instinto de supervivencia evolutiva, nuestra mente busca siempre el atajo y evita gastar calorías de más.

El economizador de la cabeza

Para ahorrar combustible, nuestro cerebro es un especialista en automatizar procesos y crear "prejuicios" —en el sentido más técnico de la palabra: juicios previos—. Hagamos un experimento rápido. Te digo una frase, deducí la palabra que sigue: “Hoy es...”.

Si estás leyendo esto con el diario del domingo en la mano, tu cerebro habrá predicho de inmediato la palabra “domingo”.

Ese es el mecanismo exacto de la inteligencia artificial (IA) generativa, que en el fondo es un sofisticado predictor matemático de texto. Tu cerebro clasificó al instante entre las más de noventa mil palabras de la lengua castellana que registra la Real Academia Española (RAE), seleccionó las únicas siete candidatas posibles por pre-juicio contextual (los días de la semana) y ponderó con un sesgo mayor a “domingo”. El cerebro es un optimizador nato que corre en piloto automático para no cansarse. No pensaste 90.000 palabras… sólo 7 y elegiste 1. ¿Se entiende?

La pereza: Pensar cuesta; pensar por nosotros mismos duele mucho más

El problema no es que la tecnología busque facilitarnos la vida. Silicon Valley no vende pereza por maldad; vende conveniencia. El conflicto surge cuando, al remover sistemáticamente toda fricción del entorno digital para lograr una frictionless UX (experiencia de usuario sin fricciones o dicho en criollo que las IAs sean fáciles de usar), activamos nuestro sesgo de ahorrar energía al extremo. Es ahí cuando caemos en la descarga cognitiva (cognitive offloading): la acción física de subcontratar nuestras capacidades mentales en dispositivos externos.

El síndrome del GPS mental

El caso del GPS, el sistema de geolocalización por satélites, es el mapa perfecto para entender qué le pasa físicamente a la cabeza cuando delegamos sin pensar. En el año 2000, la neurocientífica Eleanor Maguire demostró en un estudio célebre en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS) que los taxistas de Londres, obligados a memorizar veinticinco mil calles para aprobar su licencia, tenían el hipocampo posterior —el área responsable de la orientación espacial y la memoria— físicamente más grande que el resto de los ciudadanos. El cerebro creció ante la demanda del esfuerzo.

Veinte años después, investigaciones publicadas en la revista científica Scientific Reports revelaron el reverso de la moneda: el uso habitual de aplicaciones de navegación satelital como Google Maps suprime la actividad en el hipocampo. Al seguir de forma pasiva las indicaciones giro a paso de una voz artificial, el cerebro entra en piloto automático y no procesa el territorio. El resultado es la atrofia navegacional: los usuarios habituales de GPS (yo soy el primero) muestran un deterioro medible de su memoria espacial. Dejamos de orientarnos y el músculo se encogió.

La pereza: Pensar cuesta; pensar por nosotros mismos duele mucho más

La gran pregunta es qué pasa en nuestra cabeza cuando el objeto de la descarga ya no es la ruta para llegar al laburo, sino la capacidad de razonar, escribir y decidir. Si delegamos de forma ciega la redacción de un mail difícil, el resumen de un informe complejo o la toma de decisiones en un software, el cerebro no hace la fuerza de dudar. Y lo que no se usa, se pierde. Vaya si lo aprendí eso con los músculos de mi hombro ahora que estoy haciendo la fisioterapia. El "vago digital" que copia y pega sin escrutinio no está ganando tiempo; está atrofiando su propio criterio.

De la pereza al pensamiento crítico

Frente a este dilema, el propio Demis Hassabis, director ejecutivo de Google DeepMind, lanzó una advertencia fundamental: el impacto de estas tecnologías de frontera no es automático. Depende exclusivamente de nosotros decidir si la tecnología potenciará nuestro intelecto o si adormecerá lentamente nuestra capacidad de análisis por pura pereza.

No se trata de rechazar el progreso. El camino inteligente no es el aislamiento analógico, sino pasar de la descarga cognitiva perezosa al aprendizaje enriquecido. De hecho, Google tiene una herramienta espectacular llamada NotebookLM diseñada precisamente para actuar como un socio de estudio que organiza tus propios documentos y te ayuda a crear nuevos contenidos en múltiples formatos. Esto hace que la experiencia de aprender sea más divertida, atractiva y, por consecuencia, que estudiemos mejor.

La pereza de pensar nos vuelve dóciles ante las alucinaciones de la máquina, ante la desinformación de las redes o ante la opinión de cualquier opinólogo. En esta Era de la Humanidad Aumentada (EHA), el pensamiento crítico no es un pasatiempo académico; es nuestra única garantía de identidad. La Fricción Cognitiva Necesaria, el detenernos a calentar el cerebro, es clave para evolucionar en vez de involucionar.

Este 9 de Julio, mientras nos preparamos para recordar el grito de libertad, no nos olvidemos de defender nuestra propia independencia de mental. Para que un músculo crezca, tiene que doler. Con la cabeza pasa lo mismo. Transpirar la capocha ante un problema difícil es el único dolor que nos mantiene verdaderamente libres.

Te leo en el foro, no seas vago.

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