Bonnie Tyler, voz rasgada que marcó al pop y al rock de los años 70 y 80, murió a los 75 años en Portugal. Dejó éxitos que desafiaron el paso del tiempo.
Dueña de un registro vocal convertido en marca, la cantante galesa dejó clásicos que suenan en radios, plataformas, películas, karaokes y estadios de fútbol.
Nacida como Gaynor Hopkins en Skewen, Gales, empezó a cantar desde chica en la iglesia. Dejó la escuela a los 16 años y trabajó en una tienda mientras intentaba abrirse camino en la música. En sus primeros pasos usó el nombre artístico Sherene Davis, para evitar confusiones con la también galesa Mary Hopkin.
El cambio decisivo llegó en 1975, cuando el cazatalentos Roger Bell la descubrió en un club nocturno. Poco después firmó contrato con RCA Records y volvió a cambiar de identidad artística. Así nació Bonnie Tyler, el nombre con el que alcanzaría proyección internacional.
Su ascenso comenzó con “Lost in France”, lanzada en 1976. Pero casi de inmediato atravesó un episodio que cambiaría su carrera. Debió someterse a una operación para extirpar nódulos de las cuerdas vocales. Los médicos le indicaron reposo, pero retomó antes de tiempo. Esa decisión dejó su voz rasgada.
Lejos de ser un obstáculo, aquel accidente se transformó en su sello. Mientras otras cantantes buscaban una interpretación cristalina, Tyler transmitía intensidad, vulnerabilidad y fuerza con un timbre áspero e inconfundible.
El primer gran fenómeno llegó en 1977 con “It’s a Heartache”, una balada rock escrita por Ronnie Scott y Steve Wolfe que vendió millones de copias. El tema mostró esa mezcla de potencia y emoción que la definiría.
De qué murió
De acuerdo con la información difundida por su familia y su entorno, Bonnie murió como consecuencia de las complicaciones derivadas de una perforación intestinal, una afección que había requerido una cirugía de urgencia en mayo pasado.
Tras la intervención, la cantante permaneció internada en el Hospital de Faro, en la región portuguesa del Algarve. Según informó su portavoz, durante ese período estuvo en coma inducido y, aunque logró salir de ese estado semanas después, continuó en terapia intensiva con pronóstico reservado hasta su fallecimiento.
La canción de cancha
Décadas después, “It’s a Heartache” tuvo una segunda vida al otro lado del Atlántico. Como ocurrió con muchas melodías del pop de los años 70 y 80, las hinchadas argentinas apropiaron su estribillo y lo transformaron en una canción de cancha famosa.
Sobre esa melodía nació el clásico cántico: “Jugadores, la c… de su madre, a ver si ponen huevo, que no juegan con nadie”. Es difícil establecer con precisión cuándo empezó a escucharse en las tribunas, pero desde fines de los años 80 y principios de los 90 se volvió una referencia del fútbol argentino.
Ningún futbolista quiere oírlo dirigido a su equipo. Suele aparecer cuando el rendimiento es pobre y la paciencia de la hinchada se agota. Paradójicamente, una balada sobre el desamor terminó como himno de protesta deportiva.
La balada definitiva
Pero si una canción inmortalizó la artista fue “Total Eclipse of the Heart”. Lanzada en 1983, se convirtió en uno de los mayores éxitos de la música popular y en una gran balada romántica. A comienzos de 2026 había superado los mil millones de reproducciones en Spotify.
La cantante nunca ocultó que aquel éxito no le dio grandes beneficios económicos. “No gané casi nada”, confesó en 2025 al diario The Daily Telegraph, al recordar que ella no era la autora.
El creador fue Jim Steinman, compositor teatral y desmesurado del rock estadounidense. Antes de trabajar con ella había desarrollado una carrera exitosa junto a Meat Loaf, Air Supply, Barbra Streisand y Céline Dion.
La historia de “Total Eclipse of the Heart” empezó en la década de 1960, Steinman escribió el musical The Dream Engine. Allí apareció la frase “Turn around, bright eyes”, que años más tarde sería parte del estribillo.
A comienzos de los 80, la artista buscaba reinventarse y quiso trabajar con Steinman. El compositor primero rechazó la propuesta, pero aceptó en 1982.
Aunque imaginó la canción como un dúo con Rory Dodd, entendió que el verdadero potencial estaba en la voz de Tyler. “No es pura ni suave. Suena desgarrada, como si hubiera pasado por mucho. De eso se trata el rock and roll”, explicó en 1983.
La interpretación dramática de Tyler, la producción grandilocuente de Steinman y un videoclip inolvidable hicieron de la canción un fenómeno global.









